Esa tarde en la plaza te volaron el cráneo de un balazo y ya no supiste más. Aventaron tu cuerpo en la morgue y no fue sino días más tarde que tus familiares pudieron recuperarlo, o no apareció nunca, o no te buscamos porque estábamos aterrados o presos o desaparecidos. Pero sobrevivimos y seguimos caminando en medio del dolor y el espanto. Estamos por fin en posición de demoler el régimen que te mató, que mató a tantos y ese nosotros difuso toma conciencia de lo fructíferos que han sido tu muerte, tu dolor y tu ausencia y concluimos que nunca estuviste tan vivo, tan viva, mi dulce compañía, como ahora, cuando al cabo de tanto confirmamos que la historia tiene sentido.


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