miércoles, 3 de octubre de 2018

Un consejo para Andrés Manuel para antes de que entre en acción

@FedericoArreolamié 03 oct 2018 06:29
 
  
 
Dice Mishima: “La acción se realiza con una prontitud que no deja espacio para el pensamiento. La actividad mental es posible sólo antes y después de la acción”
Dice Mishima: “La acción se realiza con una prontitud que no deja espacio para el pensamiento. La actividad mental es posible sólo antes y después de la acción”
Foto propiedad de: Internet

Que se retire al menos unos días a reflexionar. Simplemente eso. Explico por qué es tan importante.

Introducción a la filosofía de la acción

Ese es el nombre de un ensayo de Yukio Mishima, famoso novelista japonés. En tal escrito, que forma parte del libro Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, el autor critica a los hombres de acción de su tiempo, que sigue siendo el nuestro:
“¿Cómo es posible denominar ‘hombre de acción’ a quien por su trabajo de presidente en una empresa hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias para adelantarse a la competencia?”.
Esa es también la acción principal del presidente de un país: llamar por teléfono sentado en su escritorio o recibir, en sillones confortables, a toda clase de personas que no acuden a verlo para retarlo, sino para adularlo. Su mayor cansancio es viajar en aviones enormes dotados hasta de camas matrimoniales para su reposo, rodeado además de asistentes que le cumplen todos los caprichos.
Frustraba al escritor japonés “asistir a la decadencia y muerte del antiguo modelo de héroe”. Sí, el que espada en mano entregaba su vida en el campo de batalla.
El líder actual, empresarial o político, es oficinista —o de plano un godínez venido muy a más— y así se siente a gusto. Piensa que cumple con su deber pasando horas en su despacho o volando en aviones propios de reyes.
Lo grave es que la falta de acción daña la capacidad de pensar. Las comodidades atontan. Y si van acompañadas por el exceso de poder, de plano enceguecen.

AMLO será un presidente distinto, ya no hay duda

Andrés Manuel pasará poco tiempo en la oficina, esto es, usará el despacho presidencial muchísimo menos que sus antecesores. Y fuera del mismo desechará la parafernalia del poder —digamos, el avión enorme solo para él; el ejército de ayudantes dedicados únicamente a atender al gobernante—, todo eso que vuelve perezoso al hombre que llega a las grandes alturas del sistema. López Obrador seguirá en la acción política que lo llevó a donde ha llegado: los recorridos por todos los pueblos de país en los desagradables aviones comerciales y a ras de tierra en las comunidades más pobres a las que no viajará en helicópteros excepto en situaciones de emergencia o crisis de enorme magnitud.

Pero cuidado con la acción

Dice Mishima: “La acción se realiza con una prontitud que no deja espacio para el pensamiento. La actividad mental es posible sólo antes y después de la acción”.
Es cierto. Antes de haber entrado en acción para emprender sus campañas electorales, sobre todo la más reciente, Andrés Manuel debe haberse dado tiempo para estar en completa tranquilidad simplemente pensando.
Desde que ganó las elecciones, excepto durante unos pocos días de descanso —algo siempre necesario después de la batalla—, Andrés ha estado en permanente acción.
Pronto, a partir del primero de diciembre, la acción presidencial, en los términos de la personalidad de López Obrador, será mucho más intensa.
Andrés Manuel debe, antes de que tome protesta como presidente, darse unos días o inclusive unas semanas para pensar lo que va a hacer.
Se ha comprometido a realizar numerosas obras públicas y a encabezar proyectos de todo tipo. Hay que expresarlo con claridad: antes de empezar a gobernar él está ante la última oportunidad de pensar si todos sus planteamientos tienen lógica en función de su plan general de gobierno o si, de plano, debe cambiar algunas cosas o tal vez a algunas de las personas que le rodean.

Aprender a defenderse… sobre todo de Judas

En sus campañas Andrés Manuel ha estado permanentemente al ataque, es lo que ha hecho incluso cuando ha tenido que defenderse. A partir del primero de diciembre su estrategia necesariamente deberá ser la contraria, esto es, defensiva, inclusive si se ve obligado a atacar.
Dice Mishima que en la antigua estrategia existían “el asalto a la posición enemiga y la defensa de la propia”.
Andrés Manuel atacó durante años para tomar la Presidencia que estaba en manos de enemigos priistas y panistas. No le resultó sencillo, pero lo hizo bien y tuvo éxito. Ahora deberá defender su propia Presidencia, no solo de sus enemigos naturales, los políticos de otras ideologías o de otros partidos, sino de sus hoy aliados.
Mishima recuerda que “de los doce discípulos de Cristo uno, Judas, era un traidor. Esta es la ley inexorable de los grupos”.
Si en la defensa alguien falla, todo se hunde. ¿Ya pensó suficientemente Andrés Manuel en si todas las personas que lo van a acompañar son las mejores para la responsabilidad que les ha asignado? Sería sabio de su parte pensarlo otra vez antes de empezar el gobierno, ya que si Judas aparece y no lo controla estará en problemas la cuarta transformación de México.
Andrés no es ingenuo y sabe que Judas nunca deja de hacerse presente entre los seguidores. El reto no es impedir que llegue, sino ponerlo en orden. Y para ello necesita del mayor conocimiento posible acerca de la esencia personal y aun espiritual de sus colaboradores.
Lo cierto, vuelvo a Yukio Mishima, es que sin duda resulta “mucho más fácil atacar que defenderse”. Por esa razón, ojalá Andrés Manuel se retire unos días a reflexionar, a diseñar un plan B defensivo. Cuando entre en acción ya no tendrá tiempo para la meditación.

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