En Reforma un columnista dice que AMLO es soberbio; otro, que es humilde

Simplemente actúa como cualquier persona competitiva ante los retos demasiado complicados
Foto propiedad de: internetEl soberbio
Jesús Silva Herzog-Márquez ha publicado este lunes un escrito en Reforma —“El soberbio”— basado en San Agustín y en Fernando Savater para afirmar que:
√ “Es soberbia y no otra cosa lo que despliega el Presidente (López Obrador) al desconocer cualquier límite a sus pulsiones”.
√ “Es soberbia su menosprecio de aquello que merece atención. El soberbio está convencido de su superioridad”.
El gesto humilde
Este mismo día, Roberto Zamarripa, también en Reforma, ha visto en AMLO aparecer la humildad:
√ “La mañana del 10 de mayo, el presidente Andrés Manuel López Obrador deslizó en su conferencia una petición: dennos una oportunidad”.
√ “Difícil que esa pizca de humildad asomara en medio del asedio y del envalentonamiento. Y asomó. Hay un sutil cambio de lenguaje y una discreta manera de decir que los temas deben dirimirse de otra forma”.
¿Andrés Manuel es soberbio o humilde?
Creo que, simplemente, es un buen ser humano consciente de que tiene una responsabilidad enorme y enfrenta retos muy complejos porque sobran los grupos de poder dispuestos a combatirlo si sus proyectos de gobierno les llevan a perder privilegios.
Puede llegar a parecer soberbia lo que es simple legítima defensa del presidente de México ante tantas presiones —políticas, empresariales, mediáticas— que buscan doblarlo.
Si Andrés Manuel no se pone bravo y hasta desafiante frente a quienes pretenden obligarlo a gobernar para ellos, no podrá alcanzar ninguno sus objetivos.
En las situaciones competitivas, tanto políticas como empresariales o deportivas, para ganar, además de prepararse y trabajar intensamente, hay que mirar para abajo a los rivales, sin subestimarlos desde luego, pero sin dejarse intimidar por las palabras, los gestos y las expresiones arrogantes de tales competidores.
No hay ciclista profesional realmente competitivo, empresario innovador y exitoso o líder político verdadero que, en las treguas, en las pausas o después de las competencias, no reconozca abiertamente que hay dificultades a veces insuperables.
Todos ellos, si los resultados tardan en presentarse o si han tenido una mala tarde, piden tiempo o “una oportunidad” de hacerlo mejor en el futuro.
Eso es todo.

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