#VibraMéxico: La simulación política y la ingenuidad fracasan frente a la realidad

No es suficiente expresarse contra Donald Trump; la sociedad exige y ha llevado a cabo de manera constante una manifestación contra Enrique Peña Nieto.
Foto propiedad de: Internet
Justin Trudeau logró posicionarse de manera sólida frente al fascista Donald Trump en el encuentro que tuvieron ayer en Washington (13-02-17). Tiene el respaldo de los canadienses, me dice una amiga de Vancouver que visita la ciudad y que ha visto un poco las fallidas marchas del domingo pasado. Me explica que, frente a Trump, incluso la derecha apoya al primer ministro de Canadá. La razón es simple, Trudeau tiene legitimidad al interior, no está rodeado de escándalos de corrupción o ineficiencia política y económica, representa al pueblo canadiense, sabe establecer con firmeza sus diferencias políticas con Estados Unidos; tal como se percibió en el encuentro frente a Trump (inmigración, medio ambiente, presupuesto). Lo contrario sucede en México, le explico a la amiga que no comprende por qué la división, pues considera que frente a la amenaza gringa, los mexicanos debieran de estar unidos. Así tendría que ser, respondo, pero contrario a Trudeau y Canadá, en México tenemos como presidente a Peña, con todo el perfil invertido. La mayoría de la sociedad, de cualquier tendencia ideológica, está ahíta de su desgobierno. Una muestra radical es el 90% de reprobación que carga tras la espalda. Otra, el fracaso de la convocatoria del domingo. Fracaso en función de los convocantes a vibrar por México que la sociedad desnudó y logró exhibir como un intento de vibrar por Peña.
De allí que concluya a mi amiga la causa de la desunión y el fracaso: “Last Sunday, political simulation and naivety were defeated by reality”. ¿En qué consistieron la simulación, la ingenuidad y la realidad?
Simulación: Disfrazar de patriótica unidad nacional a un llamado acrítico a vibrar únicamente hacia el exterior, contra Trump, que en realidad buscaba vibrar hacia el interior en beneficio de Peña y su gobierno fallido, sobre todo, en el horizonte de los próximos procesos electorales. Llamado en favor de una política económica y social, de un sistema victimario de los mexicanos y que ve en la amenaza de Trump (en el caso del TLC) un riesgo para los intereses que los han encumbrado al poder y control de México. Un llamado, el de Miranda de Wallace, abiertamente progobiernista. El otro, el de intelectuales y empresarios pro-neoliberales, con ligeros llamados de atención al gobierno; nada de exigir renuncias de Peña o Videgaray, que todo sea “neutral”, declaró María Amparo Casar, una manifestación, blanca, pura…
Ingenuidad: Ingenuos han sido los que se creyeron y aún creen el retrato anterior, el perfil de la simulación y los simuladores; los embaucados, los vibrados.
Realidad: Se impuso la condición crítica de México al intento patriotero utilitarista de parte de los convocantes a la unidad nacional blanca y pura. Demasiado ha padecido la sociedad mexicana como para extender créditos políticos a quien no los merece ni haría buen uso de ellos en caso de serle otorgados. De allí que con la negación a ese llamado, con la crítica al mismo, se desnudó la simulación. Asimismo hicieron quienes decidieron asistir a manifestarse abierta y lúcidamente contra Trump y el gobierno. Si en ocasión anterior, en 2004, se logró cierta cohesión en apariencia apartidista en contra de la inseguridad y la violencia, en 2017 no es suficiente expresarse contra Donald Trump; la sociedad exige y ha llevado a cabo de manera constante una manifestación contra Enrique Peña Nieto.
Como se ha dicho ya, se puede y se debe hacer ambas cosas en simultáneo, la crítica, la exigencia, la manifestación hacia el exterior y el interior: contra Trump, sí. Sobre todo, contra Peña y lo que representa. No por animadversión personal, mezquindad política o utilitarismo: por amor a la nación.

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