En la entrada anterior, sobre la disculpa a Lydia Cacho presentada en nombre del Estado mexicano por Alejandro Encinas, varios despistados reclamaron que eso no basta, que se debe hacer justicia, que hay que atorar a Mario Marín, etc.
Si se hubieran tomado la molestia de leer la nota correspondiente en las decenas de medios que la cubrieron, se habrían enterado que el subsecretario de Gobernación se comprometió a acatar los resolutivos del Comité de Derechos Humanos de la Organización de la ONU, que piden realizar una investigación “imparcial, pronta y exhaustiva” sobre el caso y a “procesar, juzgar y castigar con penas adecuadas a las personas halladas responsables”.
Una y otra vez constato con preocupación la abulia informativa de muchos. En un momento tan decisivo como el actual, el ejercicio de la ciudadanía demanda información. No basta con hojear los titulares o las entradas de los posts en Facebook ni con seguir el pulso del país y del mundo a través de los memes del Whats. Vamos, compas, sacúdanse la weva, lean periódicos, abran links, googleen, comparen, contrasten y háganse una idea de lo que ocurre más allá de sus narices. De otra manera no van a entender nada, pero lo que se dice nada con ene de nalga de foca.

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