Díganle a un neoliberal que todo ser humano merece una cuna, un pupitre, una cama, una mesa, un techo y un ataúd, y que el Estado –cualquier Estado– tiene suficiente dinero para pagarle esas cosas a todo mundo a condición, claro, de que nadie meta las uñas en el presupuesto, y a continuación véanlo retorcerse como una almeja viva cuando le echan limón.
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