Aurelio Nuño y las foto-multas
Hoy por la mañana caminaba por la calle de Belisario Domínguez. El arroyo vehicular de la citada calle desde la plaza de Santo Domingo hasta el eje Lázaro Cárdenas es de uso exclusivo para el metrobús. A pesar de ello, al llegar a la esquina de Belisario Domínguez y Chile pude observar que dos camionetas negras circulaban sobre el carril exclusivo del metrobús.
En la primer camioneta, negra como si de un vehículo de una funeraria se tratara, camioneta último modelo, blindada y con vidrios altamente polarizados, viajaba Aurelio Nuño. Detrás, una Suburban negra menos nueva y con vidrios también polarizados, viajaban sus escoltas. Ambos vehículos circulaban a una velocidad excesiva por una calle en que los vehículos particulares tienen prohibido transitar.
Claro que si vas a ingresar a alguno de los estacionamientos que hay sobre la calle de Belisario Domínguez puedes tomar algún tramo de la calle citada. Pero Aurelio Nuño se desplaza todos los días para acceder a su oficina de la Secretaría Educación Pública ubicada en la plaza de Santo Domingo por el carril exclusivo del metrobús.
Nos hemos acostumbrado a que políticos con cargos públicos hagan y deshagan. Cuando esos funcionarios son los primeros obligados en respetar el marco legal. ¿Cuántas normas del reglamento de tránsito violenta Aurelio Nuño en su diario desplazamiento? Seguramente muchas, como la de desplazarse diariamente por los carriles exclusivos del metrobús.
Todo funcionario debe respetar el marco legal y más lo debería hacer quien está al frente de la educación pública del país, pues con su ejemplo enseña.
Pero Nuño sólo sabe reprimir al magisterio y actúa cotidianamente con prepotencia, como el resto de los integrantes del desgobierno de Enrique Peña Nieto.
Para él no existe el reglamento de tránsito, las señales, el respeto a la vialidad ni las foto-multas. Él puede hacer lo que le dé la gana, mientras un ciudadano de a pie es agobiado por esas multas ilegales, arbitrarias y exorbitantes.
Un ejemplo peor al de Nuño es el del Cardenal Norberto Rivera. Diariamente es escoltado por tres motociclistas de la policía de tránsito de la Ciudad de México como si de un jefe de Estado se tratara. Tres motociclistas pagados con dinero del pueblo acompañan los 365 días del año en sus desplazamientos por la ciudad al citado prelado.
El protector de curas pederastas tiene todos los días el privilegio de que corten la circulación a su paso los agentes de tránsito. Él tampoco debe preocuparse por las foto-multas ni por cualquier otro problema terrenal. Para él, la ley y el reglamento no existen.
Tenemos que acabar con ese doble rasero, la ley debe ser aplicada por igual y mientras más grande sea la responsabilidad del ciudadano más obligado está a acatar el marco legal vigente. Eso no sucederá mientras permitamos que el actual régimen político y económico, caduco y corrupto, que ahoga al país siga en pie.
"El pueblo tiene derecho a vivir y a ser feliz"
Gerardo Fernández Noroña.



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