sábado, 5 de marzo de 2016

COLUMNAS

México y Latinoamérica: Entre Sanders y Trump; Hillary

@NietzscheAristovie 04 mar 2016 19:02
 
 
Sanders y Trump
Sanders y Trump
Foto propiedad de: Internet
Entre los extremos Bernard Sanders y Donald Trump como posibles presidentes de Estados Unidos, el precandidato demócrata sería el ideal, tal como propuse en texto pasado (“Ideas progresistas de Bernie Sanders, ‘un peligro para usa’”;SDPNoticias.com, 20-02-16), considerando que su línea ideológica, su discurso y sus propuestas potencializan de  verdad un cambio positivo en la política que se hace hoy desde Estados Unidos hacia el mundo. Podría incluso propiciar una condición semejante a la que Theodore Delano Roosevelt impulsara y desarrollara por más de una década, la célebre política de buena vecindad que detuvo las intervenciones armadas estadounidenses en Latinoamérica y permitió el estado para el desarrollo de México; en particular, no se opuso a la expropiación petrolera que tantos beneficios proporcionaría al país.
Sin embargo, de acuerdo al avance de las elecciones primarias, si bien alcanzar el ideal no se ve imposible del todo sí será muy difícil, pues Hillary Clinton aventaja a Sanders 522 a 405 delegados del partido demócrata. Aunque aún hay margen para realizar la hazaña si Sanders lograra apuntalar la contienda, lo que ha dicho hará pues llegará hasta el final ya que tiene los recursos para competir.
Una declaración del instruido presidente de Ecuador, Rafael Correa, establece que para Latinoamérica sería mejor que ganara Donald Trump, por muy despreciable e indeseable que nos parezca (un ingenioso cartón de Helguera registra el avance del reaccionario: “Un supermartes de miércoles”) pues “es tan torpe su discurso, tan básico, que despertaría una reacción de América Latina”.
Y aunque Trump ya va de puntero con un total de 319 delegados frente a 226 del segundo lugar, Ted Cruz, y es probable que lo increíble se vuelva realidad, que se convierta en el candidato republicano y en la locura de la sociedad norteamericana de elegirlo como presidente, me parece incierto el planteamiento de Correa por dos razones. 1. Quizá podría unificar la izquierda latinoamericana, pero los gobiernos del continente son heterogéneos y la mayoría están lejos de ser progresistas 2. El discurso de Trump podría cambiar al asumir el poder y comenzar a negociar con sus pares derechistas que abundan en Latinoamérica como para desarmar cualquier sentido opositor (¿alguien cree que el muro se levantaría?). Y debe de considerar Correa que no existe más quien pudo haber alentado esa oposición, Hugo Chávez, que independientemente de que gustara o no, desarrolló un liderazgo latinoamericano entre los gobiernos de cierta izquierda que se ha ido minando y diluyendo. Correa no tendría esa capacidad de convocatoria. Y es probable que Cuba continuara la negociación con el troglodita gringo.
Y si para el ideal no alcanza y los gringos evitan la locura de elegir a Trump (insania explicada por Noam Chomsky en entrevista con Hunffington Post: la población blanca de mediana edad está no sólo muriendo de una suerte de desesperanza, literalmente, la estadística muestra también la muerte más temprana de este sector de la población con educación deficiente que ve en Trump la representación de su coraje, miedo y frustración), quedaría electa Clinton. Es decir, todo permanecería casi como está hoy entre el poder y la sociedad gringa y su relación con México, Latinoamérica y el mundo. Significaría ratificar la condición de poder y sometimiento. Como ejemplo, recuérdese que “información desclasificada” (correos electrónicos publicados en julio de 2015) reveló que Hillary alentó e impulsó, fue coautora y su grupo es beneficiario de la “reforma energética” de Peña Nieto que fuera aprobada “fast track” por los congresistas mexicanos que en nada han honrado su función de “representantes del pueblo”. Clinton significa, pues, más de lo mismo.
Bernie pudiera ser el gobernante ideal para Estados Unidos y la política internacional. La demagogia y el patente neo-nazismo de Trump serían dañinos al fin para ese país, México y el mundo. El conservadurismo y el poder de Clinton mantendrían el terrible estado de cosas hoy: la crisis entre la sociedad gringa, el sometimiento de México y Latinoamérica, la simulación y la hipocresía hacia el resto del mundo.
Excepto la opción aún lejana del primero, el panorama luce poco alentador. Aunque no pocos ven, con el papel desempeñado por Sanders en la elección y las simpatías ganadas entre los jóvenes y la clase trabajadora, una posibilidad para que el sentido progresista (incluso socialista) y aun la simple idea de ello germinen y tengan futuro en una sociedad simuladora, conservadora y macarthista como ha sido la estadounidense.  

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