La marcha contra Peña sacó a la clase media a las calles

Policías responden cuando joven intenta cruzar la valla instalada en Bellas Artes, en marcha Fuera EPN. Foto: Ernesto Alvarez
Muchos que nunca se habían manifestado expresaron su hartazgo
La manifestación que se convocó por las redes sociales conquistó otro público: la clase media y media alta, que uno tras otro, dijeron estar hartos de la situación en que vive el país, y de la que culpan a la clase política por entero, encarnada en la figura del presidente. Por eso le piden la renuncia a Enrique Peña Nieto.
Están de acuerdo en que los motivos sobran, que los desaparecidos y los asesinados se cuentan por miles, que las Reformas Educativa y Energética son la muestra de la voluntad privatizadora del Ejecutivo actual. Y también, que la invitación a Donald Trump fue la gota que para ellos, rebasó el vaso de una paciencia que ya traían al filo.
También hablaron de la solidaridad de base que implica esta salida a la calle, sobre todo en torno al pedido de justicia para los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos hace casi dos años. En el Antimonumento de Reforma y Juárez, los padres de los normalistas exigieron que Tomás Zerón, ex director de la Agencia de Investigación Criminal sea investigado por la justicia penal por la acusación que pesa sobre él de haber adulterado las pruebas que sustentaron la verdad histórica del caso. El día antes, Zerón fue separado de la investigación del caso en un intento de la PGR por recomponer el diálogo con las familias de las víctimas, pero no fue consignado sino trasladado a ocupar un cargo en la Comisión Nacional de Seguridad.
Las centenas de personas que se manifestaron exigiendo la renuncia del presidente se toparon con una valla de uniformados al llegar al palacio de Bellas Artes, que les impidió el paso hacia el Zócalo de la capital a donde tenían pensado culminar la movida. Durante más de una hora se mantuvo la tensión frente a la barrera policial. Los manifestantes pedían “sin violencia” mientras algunos de los que estaban al frente, entre la maroma de fotógrafos y policías, entendieron que la violencia provenía de un grupo de jóvenes que arrojó bengalas hacia los uniformados. Intentaron sacarlos a la fuerza de la manifestación, sin éxito. Tampoco pudieron avanzar ante la valla policial, que en todo momento guardó la calma, como cuando la orden para reprimir no está dada desde arriba.
Mucha de la gente que se volcó a las calles en este día de festejo patrio nunca había participado antes en una movilización política. Cómo y cuánto avanza y crece este movimiento, que se reivindica ciudadano y apartidario, dependerá de la firmeza con la que el hartazgo mute en acción colectiva.
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