lunes, 10 de febrero de 2020

Rubén Álvarez Mendiola, coordinador de Comunicación Social del INE, me hizo llegar amablemente una síntesis de los aleqatos pronunciados por varios de los consejeros electorales de ese organismo a favor de la reelección de su secretario general, San Eduardo Jacobo Molina, un prócer de la probidad, pilar de la eficiencia e intachable figura pública.
Contrasté esas palabras (en la columna de la izquierda) con uno de los antecedentes que se le conocen al sujeto (artículo de Ernesto Villanueva en revista de Jurídicas de la UNAM, texto de la derecha) para aquilatar la profundidad y sinceridad de los funcionarios electorales.
Por añadidura, Rubén me señaló que ocho de los once consejeros votaron a favor de reelegir a Jacobo Molina, contraviniendo groseramente el artículo 50 de la Ley General de Instituciones y Procedimentos Electorales ("El secretario ejecutivo del Instituto durará en el cargo seis años y podrá ser reelecto una sola vez"), lo que me llevó a la siguiente reflexión: si ocho de once consejeros son capaces de mentir con total descaro sobre la trayectoria de un funcionario y de pasarse la legalidad por el arco del triunfo, ello es justificación suficiente para una urgente renovación general de la institución y una sólida prueba de que es fundada y lícita la exigencia social de llevarla a cabo.
Texto completo del artículo de Ernesto Villanueva:
https://is.gd/npfi3F

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