miércoles, 24 de marzo de 2010

El capricho de Nati y Enrique


La tragicomedia de errores
• Lo caro de… caras nuevas

El primer deber de un gobernante, mi estimado, es vencer el miedo. Delicado el torbellino que azota al desgobierno del joven Rodrigo Medina de la Cruz, que en los últimos días demuestra una descomunal incapacidad, pasmo, confusión y torpeza para hacerle frente a una volátil crisis, la cual ha sido pésimamente manejada por la runfla de disfuncionales esféricos que lo rodean. El epicentro del organizado crimen incrustado en la burbuja de autoridades municipales y estatales ha desencadenado un peligroso coctelito que se gesta en la cuna regiomontana, otrora orgullo de la clase empresarial, y que dista de estar bajo control y con una clara estrategia en el control de daños que golpean irremediablemente la imagen de este imberbe gobernador.

El mismo que se vendió hace escasos seis meses (que para la ciudadanía en Nuevo León parecen como seis minutos… pero bajo el agua) como una de las joyas y caras nuevas tricolores que hoy revela la imperiosa necesidad de contar con algunos añitos y una dosis de experiencia, si no para el arte de gobernar, my friend, por lo menos con talento para seleccionar a sus colaboradores.

Medina de la Cruz es el capricho de Natividad González Parás y de Enrique Peña Nieto, quienes asumieron (although assumption is the mother of all fuckups) que entronizándolo en la silla de gobierno para transitar en la ruta de los planes al 2012 sería un paseo por el Cerro de la Silla. Nada más alejado de la realidad que alcanzó en tiempo récord la inexperiencia, la frivolidad y la ineptitud de Rodrigo y su inner circle que ha servido para dar penas ajenas.

El botón del caos alcanzó su clímax con los imperdonables, (in)explicables y ni tan enigmáticos bloqueos en las calles de Monterrey por la organizada delincuencia, que amedrentó a la ciudadanía y paró en seco al desgobierno de Medina de la Cruz, que horas después se veía coronado con el inédito asesinato de dos estudiantes del prestigiado Tec, quienes murieron en el fuego cruzado, no, no… perdón, del lado de los soldados, desenvolviendo una tragicomedia de errores, desaseo, confusión, impericia y desorden encabezado por el mismísimo mandatario estatal.

Luego entonces, su miserable procurador Garza y Garza escupía al cielo, el rector sucumbía ante la confusión, los familiares enloquecían buscando a sus hijos desaparecidos y el Ejército con ese lucido (que no lúcido) tino etiquetaba a los alumnos como “sicarios”, abriendo un capítulo de grotescas declaraciones que, of course, golpearon una vez más la sonrisa, sin dientes, del joven Rodrigo, reafirmándole al mordaz respetable su acreditada incapacidad para poner orden en el evidente desorden.

Veamos.

El joven gobernador señaló que la PGR fue la que informó que los estudiantes eran “sicarios” y minutos después, documentando la casa de la risa loca regiomontana, su miserable procurador le enmendaba la plana aclarando que fue el Ejército.

¡Chingoooón!

Si esta caterva de disfuncionales, amable lector, no logra ponerse de acuerdo en la estrategia mediática (in case there is one) detrás de la gravísima crisis, saliendo como chivos en cristalería a contradecirse en un caso que ha enlutado, agraviado y consternado a México… qué futuro le depara a Nuevo León. No sólo por la absoluta falta de respeto al dolor de las familias que atestiguan el ridículo circo de dimes y diretes estatales y federales, sino porque se devela la otra cara de la personalidad y del carácter del joven gobernador…

Que salió con la atinada estupidez de andar convocando marchas ciudadanas contra la inseguridad que, por cierto, es su responsabilidad. Lo demás es lo de menos, aunque a estas alturas del estrenado partido quizá lo de menos es que Medina de la Cruz renuncie porque Monterrey según la nueva radiografía criminal apenas calienta narcomotores…

Y lo sabe Natividad González Parás y su banda (de intereses) incrustada en el desgobierno de su capricho, además del otro cabrito en cristalería, Mauricio Fernández. Y Monterrey, no es Ciudad Juárez. Monterrey no es Reynosa. Monterrey no es Cuernavaca.

Y Rodrigo Medina de la Cruz y su ilustre equipo de inútiles que lo rodea no terminan de entender, my friend, lo que necesita el monstruo que están enfrentando:

Estrategia, inteligencia y… huevos. Muchos huevos.

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