martes, 23 de marzo de 2010

Una visita forzada Serpientes y Escaleras


Más que una “reunión binacional”, como eufemísticamente la llama el embajador mexicano José Sarukhán, la de hoy en Los Pinos es una visita unilateral y obligada para informarle al Presidente de México cuáles son las “opciones” y las “vías” que ve la Casa Blanca para enfrentar el problema de la violencia desbordada del narcotráfico en territorio mexicano, especialmente en la frontera norte.
Ni siquiera los funcionarios de la administración Obama, encabezados por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, vienen en plan de escuchar, sino más bien a informar al gobierno mexicano de sus propuestas de solución para saber en qué cuentan con nosotros y hasta dónde México está dispuesto a ceder para que las fuerzas estadounidenses de seguridad entren más activa y físicamente al combate al crimen en el lado nacional de la frontera común.

En ningún sentido se trata de una visita diplomática o de “amigos”, mucho menos de socios comerciales. Desde Washington, donde decidieron y anunciaron esta visita intempestiva, mandan a su gabinete de seguridad en pleno y lo hacen por una razón y con una misión específicas: enfrentar el riesgo de seguridad en que para ellos se ha convertido la frontera con México y hacerlo con sus propios recursos, sus presupuestos y a su manera, pero actuando en territorio mexicano.

El grupo de “halcones” que encabeza Hillary Clinton solamente son enviados por Washington a naciones en problemas y con crisis graves de seguridad. Ese es el trato que le están dando a México. Por eso viene a Los Pinos Janet Napolitano, la secretaria que dijo que no había Estado de Derecho en Juárez, y que el Ejército mexicano no había servido en nada; por eso viene también Robert Gates, el único funcionario de la administración Bush que sigue en funciones en el gobierno de Obama; y el máximo jefe militar estadounidense, el almirante Mike Mc Mullen, que fue el primer funcionario de alto nivel en visitar México al comienzo de la administración Obama, además del director de Inteligencia Nacional, Dennis Blair.

La visita forzada y obligada de los funcionarios de la Casa Blanca plantea pues varias interrogantes: ¿qué vienen a proponer desde Washington, un “plan Colombia” para México, una fuerza binacional para combatir al narco, un “Comando México”?¿Qué se va a hacer con la Constitución y la soberanía, si México acepta un esquema de mayor cooperación directa de agencias militares y de seguridad de EU? Y por último, para Obama y su gobierno ¿cuánto vale la vida de 17 mil mexicanos asesinados en la guerra contra el narco?

Las primeras preguntas tendrán respuesta hoy o conforme se conozca lo que se trató en privado en Los Pinos. La última pregunta ya tiene respuesta: la vida de 17 mil mexicanos vale lo mismo, para la Casa Blanca, que la de dos funcionarios y ciudadanos estadounidenses, con cuya muerte apenas reaccionaron a la violencia desbordada que lleva ya tres años convulsionando a México.

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