COLUMNAS
La sensata propuesta de Krauze que llevó al poder a AMLO… y el feo papel de alguien como Liébano
“Para muchos críticos llegó el momento de ensayar la vocación política”. Así sintetizan los editores de Reforma el artículo de Enrique Krauze de este domingo, “Saltar al Ruedo”.
Es interesante lo que plantea el historiador que, a mi juicio, es el intelectual más destacado de México.
Que se retrasó el reloj político más de 40 años
Dice Krauze:
“El reloj político mexicano se ha retrasado más de cuatro décadas… Cuarenta y dos años más tarde, López Obrador y Morena imperan sobre el país con un poder similar, y quizá superior, al que en 1976 detentaban Echeverría y el PRI”.
“Un poder sin contrapesos. Por aquel tiempo, en sus estudios sobre el sistema político mexicano, Daniel Cosío Villegas diagnosticó las cuatro grandes lacras que pesaban sobre la vida política nacional: (i) El excesivo poder del presidente. (ii) El predominio aplastante del partido oficial. (iii) El peso asfixiante de la federación sobre la vida regional y local. (iv) Las costumbres políticas mexicanas”.
Mi comentario:
La diferencia fundamental entre 1976 y 2018 es que a la actual situación política se llegó después de unas elecciones libres, impensables hace más de cuarenta años.
En la revista de Enrique Krauze, Letras Libres, he encontrado un artículo de 2014 (“Churchill tenía razón”), publicado originalmente en Reforma, en el que Isabel Turrent argumenta que la desilusión ciudadana respecto de sus líderes políticos “ha erosionado la democracia”.
Una de las razones del descontento, dice Turrent, es que en las democracias modernas se “ha convertido a tecnócratas que nadie eligió en gobernantes de hecho”. Otra razón del enojo: los políticos se convirtieron en rehenes de los ricos. Una más, el pobre crecimiento económico de los últimos años.
A pesar de ello, concluye la señora Turrent, “Winston Churchill tenía razón: la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”.
Creo que, simplemente porque Churchill tenía razón, hoy estamos en una situación politica infinitamente mejor que la de 1976.
Tenemos democracia, tendremos en poco más de dos semanas un nuevo gobierno democráticamente elegido que todo lo cambiará, que todo ya lo ha cambiado, y eso no puede ser negativo.
¿O acaso piensas que se equivocó el pueblo, querido Enrique? Yo no lo creo. Por supuesto, lo que sigue es controlar al nuevo partido gobernante, cosa que no van a hacer los tradicionales partidos políticos, hoy en ruinas, sino nuevos actores.
La propuesta de Krauze es interesante y me parece que funciona: es la que llevó al poder al presidente Andrés Manuel López Obrador.
Veamos lo que propone Enrique Krauze.
Daniel Cosío Villegas al activismo político
Dice Krauze:
“Don Daniel dedicó decenas de artículos, además de ensayos y libros” a analizar las lacras de la política mexicana de hace más de cuarenta años. “Pero, al ver que sus escritos no lograban (a pesar de su inmenso éxito) cambiar la situación, había tratado de convencer a Jesús Reyes Heroles (presidente del PRI) de abrir paso a su candidatura como senador en las elecciones que estaban en puerta. No pensaba, como en su juventud, en el poder ejecutivo sino en el legislativo, que se avenía más con su espíritu crítico, deliberativo e independiente. Finalmente desistió, pero iba en serio. Ya no quería ver los toros de la política desde la barrera. Quería saltar al ruedo”.
Mi comentario:
A veces el intelectual tiene que hacerlo. Saltar al ruedo, desesperados porque sus críticas no cambiaban nada, fue lo que hicieron importantes analistas mexicanos de izquierda que han participado en Morena haciendo lo que dominan: difundir sus ideas casa por casa, en las calles, en asambleas, en comités de capacitación de militantes.
Ha sido admirable el trabajo de años de, por ejemplo, Rafael El Fisgón Barajas, ideólogo de La Jornada que se expresa con caricaturas; Paco Taibo II, muy buen escritor; Elena Poniatowska, premiada escritora que ha estado en decenas de mitines de AMLO pronunciando discursos; Luis Mandoki, cineasta internacional comprometido con la izquierda; Pedro Miguel, periodista de primera; Javier Quijano Baz, extraordinario abogado, etcétera.
Seguramente Andrés Manuel a algunos de ellos les ha ofrecido cargos en el ejecutivo y probablemente todos ha sido invitados al legislativo por las estructuras de liderazgo de Morena. Algunos habrán aceptado estar en el gobierno federal o en las cámaras y otros no, pero todos hace años decidieron que su trabajo no solo iba a ser intelectual, sino político. Les fue bien: ganaron la elección presidencial de 2018 con más de 30 millones de votos.
¿Quién se anima a pasar ahora de la comentocracia a la política?
Dice Krauze:
“Sospecho que algo así —como lo que pensaba Cosío Villegas— deben hacer muchos críticos que, aun sin haberlo conocido y quizá ni siquiera leído, sienten como él la angustia de una regresión política.
“¿Quiénes son ellas y ellos? Se ha puesto de moda llamarlos ‘comentócratas’. No sé quién inventó el término. No me gusta porque es despectivo, equívoco y finalmente lesivo a la libertad de expresión”.
“Las columnas de opinión o las páginas editoriales no son meros ‘comentarios’ ni sus autores tienen propiamente poder. Son reflexiones públicas de personas con crédito público”.
“No se trata de renunciar a la vocación de dar clases, investigar o escribir, ni demeritar su importancia; pero en el momento actual de México, dada la inverosímil vuelta a la situación que describió don Daniel, algunos deben preguntarse si no es el momento de hacer política…. es evidente que en las filas generacionales a las que me refiero (personas entre los treinta y sesenta años) hay vocaciones políticas no asumidas, frustradas, latentes. Gente de acción. Aficionados dispuestos a saltar al ruedo”.
“¿Dónde estaban Podemos y Ciudadanos antes de convertirse en los nuevos partidos políticos que disputan al PSOE y el PP el poder en España? Los primeros, en la academia y en la televisión. Los otros, en círculos organizados para discutir la vida pública e influir en ella”.
“Me vienen muchos nombres a la mente. Basta revisar las cuentas de Twitter. Mi generación ya no está para esas faenas. Las que siguen sí”.
Mi comentario:
Hay personas valiosas, con la edad adecuada, por lo mismo con energía de sobra como para pasar a la acción entre los analistas políticos que no están de acuerdo con López Obrador.
Para empezar, León Krauze, hijo de Enrique, uno de los periodistas más inteligentes de México. Ahí está también Juan Pardinas, que no escribe mal pero que nunca lo ha hecho con objetividad: él ha tomado partido desde hace años, contra Andrés Manuel.
Otro que podría saltar al ruedo es Leo Zuckermann. Llegó la hora de que Carlos Mota, especializado en finanzas, deje de defender a los mercados con columnas en El Heraldo de México: que salga a la calle a convencer ciudadanos, que deje la comunidad fifí del que escribe para que lo lean los ricos.
La fórmula del intelectual transformado en activista funciona. En efecto, así surgieron Podemos y Ciudadanos, un partido de izquierda y otro de derecha que, como dice Krauze, “gestaron un relevo generacional que ha consolidado, con todos sus problemas, a la democracia en España”.
Así surgió Morena, gracias en gran medida al activismo de numerosos intelectuales, muchos de ellos premiados fuera de México, que tomaron partido.
Hasta el novelista Fernando del Paso, recientemente fallecido, cuando Andrés Manuel y su proyecto político más apoyo necesitaban porque estaban amenazados de muerte con el desafuero de antes de 2006, dejó la literatura y apoyó abiertamente al hoy presidente electo.
El feo, triste papel de Liébano
Lo que ya no debe ocurrir es el paso al revés: no de la comentocracia a la política, sino de la política a la comentocracia.
Los derrotados perredistas de la Ciudad de México, los del grupo de Miguel Ángel Mancera, lo están intentando con su propio diario de ultra derecha, dirigido por Rubén Cortés.
Cada fin de sexenio conocemos esas historias. La más destacada, por perversa, es la de Liébano Sáenz. Fue secretario particular, con bastante poder, del presidente Ernesto Zedillo, intentó seguir en la política y lo frenaron Roberto Madrazo y Manlio Fabio Beltrones, así que por esa razón dio el paso de la muerte: de la intriga burocrática al mundo intelectual. Para tener éxito financió su propia empresa encuestadora y de diseño de estrategias políticas.
Liébano, de la mano de Alejandro Quintero, trabajó con otros el proyecto para llevar a Enrique Peña Nieto al poder. Después, participaron en elecciones estatales como estrategas. Liébano fue más allá y se convirtió en analista en los medios. No lo hace mal; su problema es que lo hace siempre con la intención de lograr algún beneficio.
Excluido hace un año del equipo que preparaba la campaña presidencial de José Antonio Meade, Liébano tuvo que acomodarse como el principal de los estrategas anti AMLO financiados por grupos empresariales y aun con recursos del PRI y del PAN.
Desde el triunfo de AMLO ha alentado la idea de que López Obrador va a fracasar. Pero, recientemente, por lo visto, ha buscado cambiar el rumbo: difundió una encuesta para agradar a Morena relacionada con un incremento en la popularidad de Andrés Manuel.
Liébano finalmente ha entendido que no puede vivir sin las “asesorías estratégicas” que vende al sector público. No le basta con vender encuestas, que no son malas las de su empresa, pero no dan para mayores ingresos.
El problema es que si prospera una iniciativa de cambio legal del senador Ricardo Monreal —prohibir al gobierno la contratación de asesores—, se acabó esa fuente de recursos, lo que será un problema no solo para Liébano, sino también para tantos ex funcionarios que tienen sus despachos de asesorías y para tantos otros que ya, en la antesala del despido, planean incursionar en esa industria.
El hecho es que funciona y transforma al sistema el intelectual que salta al ruedo de la política. Lo que es un vicio que ojalá se pueda evitar es el paso del político al análisis, ya que jamás hay en sus opiniones y estrategias nada de buena fe. Los liébanos son una lacra, de plano.
Posdata: Castañeda y Fox
Hubo otro político que pudo ganar las elecciones presidenciales, en el primer proceso comicial realmente democrático, el del año 2000, gracias al trabajo de intelectuales de primer orden. Sin el activismo de Jorge Castañeda el esposo de Marta Sahagún no habría llegado al poder. No es algo para agradecerle a Jorge, pero Vicente Fox sacó al PRI de Los Pinos gracias en buena medida al activismo del Güero Castañeda que pasó de la comentocracia a la política. Por fortuna, en 2018 él no tuvo éxito en su loca aventura al lado de Ricardo Anaya.
Por lo demás, creo que fue Castañeda el que inventó eso de la “comentocracia”, término que, coincido con Krauze, puede ser ofensivo.


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