viernes, 29 de marzo de 2019



COLUMNAS

Ah qué delicaditos los españolitos…

vie 29 mar 2019 11:55
¿Por qué tan resentidos ante un acontecimiento sin repercusiones ni económicas ni sociales? ¿
¿Por qué tan resentidos ante un acontecimiento sin repercusiones ni económicas ni sociales? ¿
Foto propiedad de: Internet

La mayoría de los españoles están hartos de sus gobiernos y de sus políticos sin distingo de partido ya que por una razón u otra se han desprestigiado ante la sociedad. Su nación se encuentra dividida y en pugna constante exigiendo a las autoridades porque no cumplen con sus expectativas, porque no sacan adelante el progreso de España. Por lo que la eventualidad  de la petición de nuestro presidente AMLO al rey de España-- en caso de haber existido la voluntad-- de pedir perdón por los abusos perpetrados durante la conquista, prende de súbito la mecha al orgullo patriota español que considera un desaire o desacierto la sugerencia del dignatario mexicano, regocijándose la prensa, los medios y la sociedad al unísono, unidos finalmente en efímero instante, en la emoción plena de adrenalina que desemboca en enojo psicótico, en desbordada e irrespetuosa descalificación a un mandatario de una nación hermana.
El presidente de México posee plena autoridad moral y de ningún modo faltó el respeto a ciudadano español alguno ¿por qué tan resentidos ante un acontecimiento sin repercusiones ni económicas ni sociales? ¿Por qué tanta alharaca por un deseo loable y sencillo de concretar, expresado en una carta de carácter privado entre dignatarios amigos? Pareciera cargan con un trauma psicológico en el que habría que profundizar y AMLO cooperó sin saberlo para la detonación de una polémica que por fin unió al pueblo español en la misma moción defensiva y de ataque contra la decretada inaceptable premisa de pedir a los pueblos de “indios mexicanos” conquistados hace quinientos años, una disculpa. Se plasmaron.  
Se volvieron locos los escritores, se llenó la boca la comentocracia y claro se aprovecha la situación para vender. Se regocijaron con la burla, con la ironía, pero muestran el soberbio rechazo a rebajarse ante “los incultos e insignificantes indios” para pedirles perdón después de cinco siglos. Se exceden en exageración dando pena ajena dada la descomunal emoción y sentimiento que los embargó. Se nota, reitero, que continúan atorados en comportamientos patológicos. Como el aire de supremacía cultural ante los conquistados, el halo de superioridad que disimuladamente han mostrado ante el mestizo hispanoparlante durante nuestra mutua existencia, a pesar de haber sido el admirado gran pueblo que hubieron de vencer y someter, porque en efecto nuestra cultura, la que intentaron destruir, es y ha sido admirada a través del planeta.
La verdad sea dicha. Aquí también dejaron tremendo trauma los conquistadores, porque el mexicano de clase media prefiere ser español que indígena. Se jacta orondo ante propios y extraños de su origen español, callando o rechazando con vergüenza entendida su obvia genética indígena que piensa lo denigra. Y cruzando el charco hasta la tierra que fue nuestra exitosa conquistadora, la mentalidad es correspondiente: mientras más sangre española—o Europea-- tenga el habitante de Mesoamérica, más aceptado será. Por decirlo de otro modo, mientras más “indio” se sea, más despreciado. Les comparto que desde luego no se les puede ni comentar a los españolitos nada de lo aquí dicho y menos asegurar que son portadores de este particular racismo velado pero latente, porque ah qué delicaditos son cuando alguien se atreve a revelar lo evidente pero oculto, cuando el extranjero se inmiscuye en asuntos sociales o gubernamentales que les atañen para ayudar a que se vean hacia adentro. No les gusta para nada, pero ni modo las cosas como son: su parafernalia sólo sirvió para evidenciar el falso orgullo nacional del pueblo español—con sus honrosas excepciones-- que se permite ocultar la discriminación que alberga en su corazón.  

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