Fernando del Paso: No sólo de letras vive el escritor
El escritor, el hombre es, en este caso, el ganador del Premio Cervantes 2016 –en su edición número 40, coincidente con el 400 aniversario de la muerte del “Manco de Lepanto” y el Día del Libro-, Fernando del Paso, a quien no le han bastado las buenas y bellas letras para vivir (ni la pintura), ha necesitado de la expresión política, de la responsabilidad de humanidad compartida con otros. Bien pudiera tener, como innumerables escritores e intelectuales, una vida de mimado del poder, mas prefiere hacer la crítica vital que su ser interior demanda ante la injusticia y el atropello social.
Y así, al ofrecer el discurso de aceptación del mayor premio de las letras castellanas, el escritor y el hombre denuncia, ante la degradada “realeza” española y de cara a los representantes del gobierno mexicano en el poder –ramillete del salinismo vigente-, el nuevo secretario de cultura, Rafael Tovar y de Teresa, la embajadora en España, Roberta Lajous, y el director del Fondo de Cultura Económica, Carreño Carlón, entre otros, la innegable miserable condición del lugar y ámbito de su nacencia:
“Las cosas no han cambiado en México sino para empeorar, continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, los abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo. Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza.
“Pues bien, me trago esa vergüenza y aprovecho este foro internacional para denunciar a los cuatro vientos la aprobación en el Estado de México de la bautizada como Ley Atenco, una ley opresora que habilita a la policía a apresar e incluso a disparar en manifestaciones y reuniones públicas a quienes atenten, según su criterio, contra la seguridad, el orden público, la integridad, la vida y los bienes, tanto públicos como de las personas. Subrayo: es a criterio de la autoridad, no necesariamente presente, que se permite tal medida extrema.
“Esto pareciera tan solo el principio de un estado totalitario que no podemos permitir. No denunciarlo, eso sí que me daría aún más vergüenza”; La Jornada, 23-04-16.
Y dice la verdad el escritor cuando advierte sobre la amenaza del estado totalitario que pretende imponerse en México. Por ello, el de Fernando del Paso se trata de un discurso valiente que agrega cualidad humana a su mérito y valor como escritor.
Valentía y valor que, en el discurso de recepción, preceden a la belleza del lenguaje y a la memoria que da cuenta del origen del hombre de letras que hoy es premiado. Con ellas, belleza de lenguaje y memoria, la sentida humanidad de un recuerdo, de una historia no conocida: la presencia trágica del poeta José Carlos Becerra en la forja del escritor galardonado a través de una camisa heredada como símbolo del deseo y el compromiso de escribir que a otros, frente a la muerte joven, les ha sido vedado. Bella historia que une al poeta de El otoño recorre las islas -elogiado y criticado de manera rigurosa por Octavio Paz en su momento; otro premio Cervantes mexicano junto con Fuentes, Pitol, Pacheco, Poniatowska- con el Premio Cervantes 2016. Quizá algo de ese premio le corresponda al poeta trágico muerto en accidente automovilístico en una carretera rumbo a Brindisi, Italia, cuando disfrutaba de la beca Guggenheim. Meses después de la tragedia, Del Paso llegó a Inglaterra como merecedor de la misma beca y a la misma casa que había habitado Becerra. Y entonces sucedió que una camisa olvidada por el poeta antes de emprender el último viaje, fue hereda por el entonces joven escritor.
Fernando del Paso ha dicho en su disertación que ante la duda y la pereza del autor esa camisa ha tenido mucha importancia para él: “Desde entonces, cada vez que yo sentía pereza de escribir, desánimo o escepticismo, me ponía la camisa y comenzaba a trabajar. Consideré que yo tenía un deber hacia aquellos artistas, hombres y mujeres, cuya muerte prematura les impidió decir lo que tenían que decir.”. Y no obstante recibir el premio que lo consagra en cierta manera, la volverá a usar, “así sea metafóricamente, una y otra vez, hasta que se acabe (no la camisa sino mi vida)”.
Y qué mejor homenaje podría haber hecho el homenajeado al mayor personaje de Cervantes durante el discurso de premiación sino denunciar los entuertos de que su patria es objeto por parte del poder que pretende el control casi absoluto sobre ella. En su idealismo y/o en su locura, Don Quijote combatió la injusticia y habló una y otra vez sobre la ejemplaridad de la conducta humana; como filósofo errante procuró una ética de vida con justicia. Si a causa de la ambición y el egoísmo, después de siglos de supuesta modernidad, aún persisten sociedades atrasadas y oprimidas cuando la razón debiera de haber llevado a la civilización a estados mínimos de democracia y bienestar, es alentador cuando alguien como Fernando del Paso denuncia y se manifiesta en contra de la sinrazón del totalitarismo enmascarado.
En vez de utilizar el momento culminante de su carrera como escritor para adornarse (el “adorno” está en la obra premiada), para el autoelogio o la apología del poder que lo premia, lo hace para contribuir a desfazer entuertos en su dolida nación. Y hacerlo ante la “realeza”, las autoridades españolas y mexicanas, la prensa internacional, en la escena de un momento privilegiado, cobra aún mayor significado y expresa el ingenio y el coraje del escritor de aprovechar una ocasión tan ilustre –en vez de adarga y lanza, la pluma- para combatir la injusticia; porque para él no basta la letra, es necesaria también la política comprometida con el bien social. En todos los sentidos, México necesita más Quijotes y más Fernandos del Paso.



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