martes, 28 de junio de 2016

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Ciudad Perdida
La constitución local
Referéndum, despropósito
Ampliar libertades
Miguel Ángel Velázquez
E
n la línea de lo políticamente correcto ha surgido por ahí la idea de que la próxima constitución política de la Ciudad e México, después de que sea aprobada por la Asamblea Constituyente, sea sometida a referéndum.
La propuesta parte, desde luego, de la muy poca confianza que tienen los ciudadanos en el quehacer de los políticos, al parecer de todos los partidos, y también, eso debe quedar claro, de la necesidad que tienen de participar en las tareas de las cosas que no sólo les incumben, sino que también les afectan.
Eso, que es de suma importancia, no debe dejarse de lado, pero ir a un referéndum inmediatamente después de que la constitución sea aprobada y promulgada parecería un despropósito.
Será muy difícil hallar el punto de coincidencia de los intereses de todos los grupos de presión de la capital, como para que las protestas no se dieran, pero si algo hay que remediar, desde las leyes, será la desigualdad cada vez más marcada. Digamos que será la hora de la justicia, en todas las instancias, lo que muy seguramente no será bien visto por sectores a los que se les pudieran restar privilegios y levantarían protestas para defenderse.
Pero eso no debería preocupar a la Asamblea Constituyente si su tarea es la de preservar las libertades que se han ganado en esta ciudad, e incluso ir hasta donde se pueda, observando siempre como techo la Constitución General de la República. No será tarea fácil, pero lo demanda esta metrópoli. Igualdad y justicia serán, seguramente, las guías que sostendrán el trabajo, pese a que existan otros intereses que pretendan llevar la injusticia y la desigualdad a terrenos donde la seguridad y la paz pública peligran.
Pero esta ley de todos los habitantes de la Ciudad de México no será inamovible. Luego del primer texto, las leyes podrán ser modificadas tantas veces como se quiera, y se podrán ladear hacia el lado que mejor convenga a quienes tengan la fuerza para hacerlo. Por eso parecería un tanto desconcertante que la constitución pudiera irse a referéndum. Cada año, desde la Asamblea Legislativa, o el nombre que se le vaya a dar al legislador de la Ciudad de México, se pueden cambiar las leyes, tanto por los partidos políticos actuantes, como por las iniciativas que pudiera levantar la ciudadanía.
Pero, además, es difícil entender el referéndum sin que se tenga idea de lo que vendrá en la constitución. ¿Aprobar qué?, ¿rechazar qué? A finales de julio o en agosto ya se sabrá algo de lo que contenga el texto que por ley debe generar el gobierno de la ciudad, y es muy probable que entonces los ciudadanos puedan empezar a evaluar lo que se pretenda como leyes, pero faltarán los debates públicos y en comisiones, que pudieran reformar lo que desde el gobierno central se exponga.
Total, el referéndum y la revocación de mandato serán figuras que habrán de votarse a favor, y que servirán como columna vertebral de algunas otras que buscarán, como ya explicamos, ampliar libertades y zanjar desigualdades. Las reglas serán claves para que cada uno de los pasos que se den en ese sentido, no sean producto de ocurrencias o de la necesidad de protagonismos falsos. Con un poco de paciencia sabremos muy pronto qué tan correcta será esa constitución.
De pasadita
Hay muchas afrentas contra la sociedad mexicana perpetradas por algunos personajes del Partido de la Revolución Democrática. Graco Ramírez Garrido Abreu, el gobernador de Morelos, es una de ellas.

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