martes, 29 de noviembre de 2016

Astillero
Videgaray, representante de Trump
Diplomacia sin esencia nacional
SRE: bipolaridad peñista
Margarita:ir como si nada
Julio Hernández López
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RAÚL CASTRO RINDE HOMENAJE A SU HERMANO FIDEL. La urna con las cenizas de Fidel Castro fue mostrada por primera vez ayer, en la sala del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, donde le rindió homenaje su hermano, el presidente Raúl Castro, junto con altos cargos del gobierno y del Partido Comunista de la isla, informó la televisión cubana. En el lugar había una corona de flores rosas y una imagen del comandante en los tiempos de la lucha en Sierra MaestraFoto Granma
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ucho se habla en el ámbito de los correveidiles palaciegos respecto de la posible remoción de la titular de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu Salinas de Gortari, para dar paso al retorno triunfal de Luis Videgaray Caso en esa posición o, en otro acomodo de rompecabezas, a una plenipotenciaria embajada de México en Estados Unidos. En abono de esa especie se asegura que el ex secretario de Hacienda sería, a estas alturas, la única carta de comunicación fluida de Los Pinos con el amenazante Donald Trump.
Apostar el futuro del país a las habilidades de un personaje como Videgaray podría resultar altamente exitoso para la élite a cuyos intereses sirve, pero no para el interés nacional. Es falsa la premisa que pretende convertir al cerebro detrás de Peña Nieto en un visionario y un ganador por haber empujado al ocupante principal de Los Pinos a recibir con visos grotescos al multimillonario estadunidense, en una grave pifia política que multiplicó la aversión social al priísta del copete políticamente en caída. A estas alturas, resultaría más natural que Trump nombre representante en México a Videgaray, a menos que Peña Nieto quiera disfrazar ese servicio dándole al ex secretario cartas diplomáticas mexicanas.
La pretensión de habilitar a Videgaray como relevista del último tercio peñista forma parte de la cadena de errores que el orgullo de Atlacomulco ha ido acumulando en cuanto a política exterior. Con una bipolaridad evidente, Peña Nieto comenzó desdeñando el avance de Trump y permitiendo, sin mayor revire ni estrategia de defensa, la instalación del discurso antimexicano en Estados Unidos.
Muchas voces exigieron en ese lapso desvaído que Los Pinos respondiera en legítima defensa, pero los oídos políticamente tapiados del mexiquense simplemente dejaron que el guión del rubio neoyorquino avanzara sin contratiempos. La mayor preocupación de Peña Nieto, en ese primer lapso, fue la de llevar a Eduardo Medina Mora, el primer embajador de este sexenio en Washington, a una silla de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (EMM estuvo en la capital estadunidense de enero de 2013 a marzo de 2015), en un episodio más de la política de cuates y compadres que ha ido devaluando las instituciones mexicanas.
El otro polo de la conducta enriquista fue igualmente desproporcionado. De pronto, todo comenzó a moverse desordenadamente. Luego del interinato de Alejandro Estivill (quien estuvo al frente de la embajada mexicana de marzo a septiembre de 2015) llegó otro amigo personal de Peña Nieto, el académico Miguel Basáñez Ebergenyi, quien había hecho trabajo político con Alfredo del Mazo González en el gobierno del estado de México y en la Secretaría de Energía. Merecedor de mejor trato, y no sólo por ser recomendado del tío Del Mazo, Basáñez fue despedido de mala manera, en una estancia sietemesina (de septiembre de 2015 a abril de 2016) a cuyo final la secretaria Ruiz Massieu Salinas de Gortari (que había relevado a José Antonio Meade Kuribreña, el multiusos pluripartidista que había estado en la SRE de diciembre de 2012 a agosto de 2015) dio a entender que Basáñez no había logrado transmitir en Washington la postura enérgica de México respecto a Trump y sus primeros desvaríos. En su lugar entró el oaxaqueño Carlos Manuel Sada Solana, acompañado de buenas estimaciones por sus anteriores encargos diplomáticos, pero el cambio tampoco produjo ninguna innovación notable, sino un cumplimiento burocrático impropio de los momentos de riesgo que vive México en el ámbito de las relaciones binacionales.
No estriba, pues, la expectativa de una mejor defensa de los intereses mexicanos en el simple cambio de funcionarios o en el barajar nombres y apellidos, por más que el aspirante en turno sea Videgaray, el manipulador en jefe de la silla presidencial. El punto de quiebre radica en que el grupo en el poder carece de vocación nacional y rebosa de disposición para el entreguismo, sobre todo al factor estadunidense. Los Pinos, Peña Nieto y Relaciones Exteriores carecen de sustancia y de apoyo nacionales, y su comportamiento está regido por las ambiciones grupales y el proyecto de conservación del poder a cualquier costo, negociando entramados oscuros con fuerzas nacionales y extranjeras que desean que el sistema político y económico actual continúe virtualmente inmodificado. En ese esquema, hacer canciller a Videgaray o enviarlo a la potenciada embajada mexicana en Estados Unidos, sería confirmar la política de claudicación ante Trump, privilegiar el pragmatismo cedente y enterrar lo que quedara de esa política internacional mexicana que en circunstancias políticas y económicas difíciles pudo defender el interés nacional con dignidad y éxito.
Creo que es importante que la esposa del mayor asesino en este país sepa que no se puede pasear libremente; no puede, eso no puede pasar. Y si los ya hoy 350 mil familiares de los fallecidos, que como el caso de mi padre son inocentes, si de verdad nos manifestáramos, ella ni siquiera tendría oportunidad de ser candidata, declaró el joven Francisco Rubén Rodríguez Velasco, de Ameca, Jalisco, quien llegó hasta la mesa de la Feria Internacional del Libro, en Guadalajara, donde Margarita Zavala estampaba autógrafos en su libro de anécdotas, denominado Mi historia, para colocar frente a cámaras una cartulina con reclamos por la política funeraria de Felipe Calderón y la eventualidad de que su esposa pretenda darle continuidad.
Rodríguez Velasco explicó al reportero Juan Carlos García Partida: “A mi padre lo asesinaron en julio de 2007, lo confundieron presuntamente con alguien relacionado con el narcotráfico en la ciudad de Culiacán y esa versión me la dio El Debate, periódico de Sinaloa. Pero hasta ahora nadie me ha dado la cara, nadie del gobierno ni de la PGR. Llevo 10 años en búsqueda de la verdad y mi única intención es que Margarita Zavala sepa que no puede ir por todo el país pretendiendo que no pasó nada” (https://goo.gl/svIvT7). ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero

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