COLUMNAS
#ConLosNiñosNo , sobre el texto de @maloguzmanvero y cómo @BeatrizGMuller exhibe a ese pobre diablo, cobarde y acomplejado
No sé si anoche Sara y Agripina (seudónimo de Verónica Malo Guzmán) veía el futbol. Ni siquiera sé si le interese ese deporte o si tenga un equipo favorito. Yo no estuve demasiado al pendiente del América-Cruz Azul porque, la verdad sea dicha, si el Monterrey no juega el mencionado espectáculo deportivo es como la clásica papa sin catsup: no tiene chiste. Me enteré del resultado del partido más o menos al mismo tiempo que llegó a mi correo una breve columna de la señora Malo Guzmán relacionada con la final futbolera, sí, pero también con la política y la miseria humana.
En su texto, a Sara y Agripina no le interesaba tanto el América-Cruz Azul como denunciar la inmoralidad de un político del PRD que, para pasar alguna factura a Andrés Manuel López Obrador, cuestionó que el hijo menor del presidente de México asistiera a un palco del Azteca. Estamos hablando de un niño, que simple y sencillamente acudió al estadio a apoyar a su equipo preferido, el América. Por cierto, jamás entenderé cómo es que esta escuadra tiene tantos y tan leales seguidores. El hecho es que el pequeño Jesús Ernesto es americanista. No iba a perderse la final.
¿No tiene un niño derecho a disfrutar un juego de futbol? Por lo visto, para Jesús Chucho Zambrano la respuesta es negativa. Fue realmente muy pinche su comentario acerca del hijo de AMLO, un chamaco al que de plano acusó de estar en la mafia del poder. ¿Es una tontería decir eso? Lo es. Así que no me paso si afirmo: qué imbécil el señor Zambrano. Y no fue el único. En el mismo tono se expresó un “periodista”, de los chafas: Ricardo Alemán. Por lo que entiendo —es lo que dice la columna de Sara y Agripina— tanto Zambrano como Alemán se basaron en una mala (pésima, poco ética) información dada a conocer por el periódico Record. ¿Es nota publicar la foto de un niño que ve el juego de la final?
Sara y Agripina se lanzó muy duro desde anoche contra Zambrano, Alemán y el diario Record. Para apoyar sus críticas, la columnista citó algo que desgraciadamente ya demasiadas veces ha tenido que pedir —por lo visto ha predicado en el desierto— la madre del pequeño, Beatriz Gutiérrez Müller: con los niños, no.
Como anoche Beatriz no respondió nada a esos tipos cobardes (incluyo a los editores de Record, no solo al Chucho del PRD y al “periodista” obsesionado con perjudicar a AMLO), pensé que ella se había rendido, es decir, que ante la necedad de tanta gente que agrede a su hijo menor de edad, había decidido mejor ignorar tanta maldad. Por fortuna, me equivoqué: esta mañana la esposa de López Obrador hizo lo único decente en estos casos: exhibir en Twitter a uno de los agresores de su niño, al que presentó como es: un pobre diablo, cobarde y acomplejado. Con elegancia, Beatriz le ha pedido a Chucho Zambrano que si es tan valiente se meta con el papá, no con el niño. No lo hará, sabe lo que le conviene.
Hace años llegué a pensar que Jesús Zambrano era un honesto militante de la izquierda mexicana. Hoy veo que su corrupción ética ha llegado a tanto que es capaz de atacar a menores de edad. Se ha convertido en un ser más que despreciable, decepcionante hasta para sí mismo.


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