He leído innumerables críticas de que López Obrador no sabe planear, que improvisa. Nada más alejado de la verdad. ¿Que no sabe planear? Claro que sabe. ¿Que improvisa? Claro que no. Planeó y ejecutó cuidadosamente 12 años de campaña hasta que logró la presidencia. No está improvisando en lo suyo: su proyecto de poder, no de gobierno. Se alista desde ahora para 2021 y para 2024 mientras sus adversarios andan francamente papando moscas.
Sabe lo que hace falta y se prepara en distintos terrenos. El más importante es el electoral. Ya probó lo que es tener mayoría en el Congreso y no está dispuesto a perderla. Ya probó lo que es tener 19 Congresos locales bajo su control, le faltan 13. Ya probó la importancia de tener cinco gubernaturas y va por las 15 que se jugarán entre 2019 y 2021.
Ilustración: Víctor Solís
Y ¿cómo? Con muchos más instrumentos que con los que consiguió arrasar en las elecciones de 2018 por el simple hecho de que hoy es gobierno.
Si cualquiera puede hacer las cuentas, él con más razón.
En 2018 el padrón electoral era de 86.6 millones de electores. La tasa de participación fue de 63.4%, o sea, se emitieron 56.6 millones de votos. Él ganó con 30.1 millones o el 53% de la votación. Su coalición en el Congreso alcanzó 42% (23.5 millones de votos). Hoy tiene una mayoría de 62.8% de asientos en la Cámara de Diputados y de 54.7% en la de Senadores.
¿Cuántos de éstos se pueden considerar voto duro? Es difícil decirlo con certeza pero puede asumirse que la preferencia electoral con la que contaba AMLO en enero de 2018 es un buen proxy. El promedio de encuestas para ese mes marcaba una preferencia de 36.7%, o sea 20.7 millones de votos de los 30.1 millones con los que ganó.
¿Cómo retenerlos o, incluso, aumentarlos? De la manera más socorrida: dando dinero. ¿Cómo se da dinero? A través del presupuesto. ¿A quiénes? A los más necesitados. La pobreza es donde abreva el clientelismo. Esto lo tiene bien claro López Obrador y de ahí su política social.
Desde el 16 de septiembre de 2018 López Obrador anuncio que realizaría un Censo del Bienestar en todo el país para seleccionar a los beneficiarios de los programas sociales. Ya era presidente electo y lo que se hubiese esperado es que dicho “censo” fuese encargado eventualmente a algún órgano del Estado como el INEGI. No optó por esa vía institucional sino por la vía partidaria o de su movimiento. La decisión fue utilizar a lo que desde entonces llamó Servidores de la Nación para el levantamiento.
A falta de información oficial ofrezco un testimonio de primera mano:
A las 13:52 del día 23 de enero en un domicilio de la colonia Moctezuma, alcaldía Venustiano Carranza, se presentó una mujer vistiendo un chaleco en cuya parte posterior estaba impresa la leyenda Servidor de la Nación y las imágenes de Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas. Por delante, un gafete con el nombre y fotografía de la mujer, un número de identificación, Equipo de Transición y, de nuevo, Servidor de la Nación, Andrés Manuel López Obrador, Presidente Electo de los Estados Unidos Mexicanos.
Al identificarse usó las siguientes palabras: soy Servidora de la Nación. Estamos levantando un censo para los Programas de Bienestar, ¿vive en esta casa algún joven estudiante, desempleado, mayor de 68 años o con alguna discapacidad o necesidad?
Quien le había abierto la puerta dijo que sí: “soy estudiante de educación superior de la UNAM”.
La Servidora de la Nación pidió una identificación al joven, él mostró su credencial del INE y ella capturó sus datos en un celular. Le hizo algunas preguntas más, le solicitó firmar digitalmente una aplicación y capturó una fotografía del estudiante portando su identificación. Para terminar, le pidió su medio preferente de comunicación y le informó que se contactarían con él en unas semanas para decirle a dónde acudir a entregar sus papeles y recibir el beneficio.
Lo mismo ocurrió con otro integrante de la familia —su padre— que había cumplido los 68 años. Les dejó un folleto y se retiró.
Así es como se está levantando el supuesto padrón de beneficiarios de los programas que López Obrador sometió a consulta popular los días 24 y 25 de noviembre de 2018 y que recibieron el “Sí, estoy de acuerdo” por mayorías abrumadores que rondaron el 92%. Lo que se está recabando es un padrón y no un censo pues este último tiene una serie de requisitos técnicos y operativos además de la obligatoria confidencialidad de los respondentes. Estos requisitos no se cumplen.
Quiénes son los Servidores de la Nación, cuántos son (oficialmente se habla de 20 mil), cómo fueron reclutados y capacitados, cuánto se les paga por este trabajo, de dónde salió el dinero para los celulares, aplicaciones y material impreso necesarios para la operación, a qué estados, municipios, colonias y casas acuden, en dónde concentran la base de datos recabada: no se sabe. No hay página oficial que dé cuenta de este “censo”. Como bien señala Salvador Camarena (El Financiero, 02/10/2018), “Morena está en la calle de nuevo, movilizando por miles, en ejercicio de acopio de información que podría estar violentando desde normas sobre uso de datos personales hasta de la administración pública”. El encargado de esta operación es el coordinador de los llamados “superdelegados” que despacha desde la presidencia: Gabriel García Hernández.
Lo que sí se sabe es que este padrón comenzó a levantarse antes de asumir la presidencia y antes de la aprobación de recursos en el Presupuesto 2019 para los programas sociales sometidos a consulta. En octubre de 2018 quien sería la futura secretaria de Gobernación declaró que el llamado Censo del Bienestar “arrancó en el país con más de 20 mil voluntarios para las brigadas de encuestadores”. También se sabe que en distintos actos públicos el propio López Obrador comenzó ya a repartir los beneficios: lo hizo en Guerrero, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Edomex y Tabasco. Lo hizo en persona.

Tomando sólo los principales programas anunciados —algunos ya operando— puede decirse que los recursos dedicados a ellos son cuantiosos, que la población objetivo se cuenta por millones y que constituirán una porción importante del padrón electoral estimado para 2021.
El Presupuesto de Egresos de la Federación (2019) ha asignado la cantidad de 191 mil millones de pesos para siete de los programas anunciados por López Obrador. La suma del número de beneficiarios de los programas sociales para los que ya hay estimaciones indica que, en total, habría poco más de 23 millones de personas que recibirían recursos de manera directa. La gran mayoría de éstos —hay que restar a los niños con discapacidad, aunque no a sus padres— votarán en las elecciones intermedias de 2021. En ese año, de acuerdo con las estimaciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), habrá 89.4 millones de mexicanos mayores de edad, o sea en edad de votar.
Comencemos por el programa Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores. El presupuesto asignado es de 100 mil millones de pesos, el número de beneficiarios alcanzaría los 9.78 millones de personas y cada adulto mayor de 68 años —en el caso de los indígenas la edad es a partir de los 65— recibirá dos mil 550 pesos (antes mil 160) bimestrales. A diferencia de años anteriores ahora se incorpora a los jubilados y pensionados del IMSS e ISSSTE que previamente estaban excluidos del programa. Los adultos mayores constituirán en 2021 el 10.9% del padrón electoral estimado.
Sigamos con los beneficiarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro que se divide en dos y cuenta con un presupuesto de 44 mil 300 millones de pesos. La mayor parte (40 mil millones) irá a los jóvenes que ni estudian ni trabajan. Suman 2.3 millones de personas y a cada uno les darán tres mil 600 pesos mensuales. El resto se entregará a 300 mil estudiantes de nivel superior de escasos recursos, que recibirán dos mil 400 mensuales. El porcentaje de votantes entre 18 y 29 años del padrón electoral 2021 alcanzará 29% y los beneficiarios de estos dos programas (2.6 millones) constituirán 2.9% del mismo.
Los jóvenes que ya se encuentran estudiando podrán formar parte del programa Beca Universal para Estudiantes de Educación Media Superior Benito Juárez. El presupuesto asignado es de 17 mil 280 millones de pesos para 5.24 millones de estudiantes que recogerán 800 pesos mensuales. En 2021 ellos serán 5.9% del padrón.
El programa Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad Permanente costará ocho mil 500 millones de pesos y en él estarían inscritas —según el propio AMLO— siete millones de personas. Para efectos de lo que esta población representará en el padrón, a los siete millones de discapacitados habría que restarle tres millones de personas que ya están contabilizadas en el programa de Adultos Mayores. Los cuatro millones restantes alcanzan 4.5% del padrón electoral.
Existen datos para dos programas más: Sembrando Vida y Tandas del Bienestar. El primero costará 15 mil millones de pesos y el número de beneficiarios será de 400 mil personas. El segundo costará seis mil millones y favorecerá a un millón de pequeños negocios. En conjunto los 1.4 millones de beneficiarios de estos dos programas equivalen a 1.6% del padrón.
Estos son los siete principales programas para los que se pudieron recabar datos. El presupuesto total asignado es de 191 mil millones de pesos, los favorecidos son 23 millones personas y su peso en el padrón electoral estimado para 2021 será de 25.7% (ver gráfica 1).