COLUMNAS
Gracias a Peña y Mancera la Ciudad de México se quedará sin aeropuerto
Dfícilmente una ciudad de gran dimensión se queda sin aeropuerto.
Más equivocado y absurdo no puede ser: dejar sin aeropuerto a una ciudad grande como la de México. Esto es lo que habrá sucedido cuando se derruya el Aeropuerto Internacional Benito Juárez una vez construido el de Texcoco.
Como si Nueva York operara solamente con el aeropuerto de Newark en Nueva Jersey por haber cerrado el Kennedy. O si eliminara éste para construir uno en Connecticut. En cambio, opera al menos con tres, dos en la propia ciudad; La Guardia es el tercero, que es básicamente para vuelos nacionales. Así, distribuyen el tráfico aéreo. Berlín tiene dos aeropuertos de mediana dimensión, Tegel y el Schönefeld, y con ello alcanza a cubrir sus necesidades y no tiene que manejar otro en alguna ciudad vecina. Además del Charles de Gaulle y el de Orly, París cuenta con un tercero, el de Beauvais-Tillé. Ante la saturación del Haneda, en Tokio, para la capital se construyó el de Narita, en la prefectura de Chiba. Y así podrían acumularse ejemplos mayores y menores.
Lo cierto es que difícilmente una ciudad de gran dimensión se queda sin aeropuerto. Peña Nieto y Miguel Mancera están a punto de lograrlo con la de México. Parte del problema tal vez sea su condición de Distrito Federal y no de estado autónomo. La otra parte viene de la pasividad ciudadana que no levanta la voz al respecto; anestesiada, no cuestiona. Aun así, dejar sin aeropuerto la capital del país resulta absurdo, no tiene sentido.
Y el problema mayor es que la ambición en torno al nuevo aeropuerto se contextualiza en la inmensidad de ineptitud y corrupción que marca a la actual administración. Así, al cerrar el aeropuerto Benito Juárez se estaría tirando a la basura la inversión ejecutada para construir la terminal dos durante la administración de Vicente Fox (quien reculara al propósito de ir a Texcoco ante la protesta social) y la que se emprende en el actual aeropuerto para dar cabida al gravoso avión negociado por Calderón, comprado por Peña y pagado por los mexicanos en 8 mil mdp.
Y el negocio será redondo para los beneficiarios de semejante proyecto que comprenderá por lo menos 169 mil mdp (Forbes-México; 01-01-2015). Esto es, para quienes amplían los hangares actuales (el querido de Peña grupo Higa); los que entrarán en el paquete para construir el nuevo; y ahora mismo, los que especulan ya con los terrenos disponibles al cerrar el Benito Juárez, que ha sido nota en los diarios durante los últimos días. Tema que se estará intensificando en vez de impulsar y privilegiar el debate sobre si sería conveniente que la ciudad se quede sin el control de un aeropuerto propio y sobre los grupos de poder que serán beneficiarios con el gran negocio de la nueva construcción (o siendo más serios, sobre la trunca refinería de Tula, deliberadamente fallida gracias a Calderón y Peña y que debió anteceder a cualquier otro proyecto de inversión de gran dimensión). Para añadir a la especulación, El Universal, en su sección “El Caballito” (18-08-15), sugiere que el encargado de la secretaría de desarrollo de Mancera, Salomón Chertorivski, es cabeza de uno de los tres grupos que estarán peleando por suceder al jefe de gobierno en el cargo y quien “en los próximos días tendrá los reflectores sobre el tema de qué hacer con el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México”, es decir, con sus terrenos una vez vaciados.
Una propuesta sensata que se ha planteado es la de activar para uso comercial el aeropuerto militar de Santa Lucía (ubicado también, ¿dónde?, en Edomex). Así se cumpliría con dos necesidades: la de atender la demanda y el tráfico de vuelos y el no dejar sin aeropuerto a la “gran” ciudad de México, que sin su propia terminal aérea ya no sería tan “grande”, dependiendo aeroportuariamente, en cierta medida, de Toluca; que por si fuera poco, tiene su propio “aterrizadero” internacional. Por otra parte, se podría impedir lo que, en un video de su cuenta de Facebook, López Obrador considera será un negocio de un 50 % de ganancia para los involucrados (“robo”, le llama, de 80 mil mdp sobre los 160; aunque la nota deForbes citada señala 169): “Evitemos que sigan robando con el pretexto de la modernidad y el progreso” (16-08-15). Si se sorteara la imposición de Peña y el aval de Mancera, la actual locación pudiera albergar los vuelos internacionales y el de Santa Lucía o el que se pudiera construir en Hidalgo, los nacionales; o al revés. O hacer una distribución inteligente entre ellos.
¿Por qué le resulta tan difícil al gobierno tomar decisiones que no perjudiquen a la sociedad, en este caso, de la capital del país y que, al contrario, la beneficien? El “conflicto de interés” pareciera ser la tónica que priva en vez del interés social. Frente a la sospechosa creación de un nuevo aeropuerto que despojaría a la ciudad de México del suyo (por supuestos problemas técnicos de navegación aérea dada la cercanía de ambos), hay dos propuestas mejores, 1. Operar comercialmente el aeropuerto de Santa Lucía como segunda pista en conjunción con la actual. 2. Aceptar al fin la posibilidad de Tizayuca sin cancelar y destruir el de la ciudad.
El punto consiste en no dilapidar recursos, por el contrario, con tanta crisis, en ahorrar e invertir en obras socialmente prioritarias, en no centralizar todo el tráfico aéreo y a la vez preservar para la ciudad de México el Aeropuerto Internacional Benito Juárez (pero claro, México no es Alemania o un país escandinavo para tomar en cuenta estas consideraciones). Algunos lo han de ver como un asunto nimio, mas no hay que olvidar que la ciudad es aún la capital del país y que eventualmente adquirirá sus derechos de autonomía. ¿Y los ciudadanos tienen algo que decir al respecto?...
Aparte de los elementos del “conflicto de interés” y de la ciudad sin aeropuerto, el cuestionamiento debiera de orientarse en el sentido propuesto por el Observatorio Regional Ciudadano para el Desarrollo Sustentable, que ha criticado y se opone a “la decisión del gobierno federal de continuar con el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional para la Ciudad de México (NAICM) pese a los problemas económicos y de credibilidad que enfrenta, y a pesar, también, de los señalamientos que especialistas han hecho sobre lo inadecuado del terreno donde se pretende construir el aeródromo” (sinembargo.mx; 26-07-15). El Observatorio está por lanzar una campaña en contra del inadecuado proyecto de construcción en Change.org.


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