¡Arriba Ricardo Anaya!, #LordAnaya; otra vez Cosío Villegas
No me importa quién quede de candidato presidencial por parte del Partido Acción Nacional; con cualquiera de los tres, Anaya, Zavala o Moreno, nada cambiará en su conformación mental, en su ambición y en su fracaso como opción política de bien para el país (que se avienten todo el estiércol que gusten entre sí, que es su materia). Y me da gusto poder confirmar el diagnóstico de Cosío Villegas sobre ellos y por ello el título animado. Quiere decir que el papel de un historiador puede ser el de un científico.
Y tan es cierto que da igual, que, ahora, el que se las daba de santurrón, de ser honrado “a carta cabal”, que acusaba a otros de corruptos, acaba confirmando ser uno del clan que conjunta la hipocresía con la doble o triple moral.
No sólo se trata del hecho que, de acuerdo a las cuentas, con lo que gana Anaya y su esposa no sería suficiente como para darse la vida que se da y la que procura para su esposa e hijos, sino que su opción de vida exhibe un desprecio por la sociedad que los mantiene como parásitos. Y no se trata solamente de elegir una educación básica en el extranjero (desprecio por la educación nacional en la cual no cree y de la cual su propio partido ha sido responsable), también de la ostentación de un modelo de lujos que contrasta con la empobrecida y miserable sociedad que los mantiene.
Viaje en “primera clase” o como turistas, las cuentas no salen, subraya El Universal. Simplemente, sin contar el precio de los vuelos, tiene que gastar 4.5 millones al año, casi 400mil pesos mensuales en su estilo elegido de vida. ¿De dónde sale lo que falta si los sueldos son insuficientes?
El otrora supuesto impoluto se ha igualado a sus adversarios internos y a muchos políticos del país de su partido y de otros. Pero en lo que concierne al PAN, lo he dicho una y otra vez, ya los había diagnosticado y retratado Daniel Cosío Villegas desde 1947 en “La crisis en México”. Cito al historiador en la cita hecha en un texto que publiqué el 01-05-12 en SDP (y que servirá siempre para la reflexión de lo que ha hecho, hace y hará daño al país), “Lo dicho por Cosío Villegas sobre el PAN, vigente”:
“En primer lugar, me parece claro que Acción Nacional cuenta con tres fuentes únicas, aunque poderosísimas, de sustentación: la iglesia católica, la nueva plutocracia y el desprestigio de los regímenes revolucionarios; pero la medida de la escasa fuerza final que tendría, la da el hecho de que se alimenta mucho más de la tercera fuente que de las otras, a pesar de la tradicional generosidad nutricia de la iglesia católica para amamantar a todo partido retrógrado. Esto quiere decir que Acción Nacional se desplomaría al hacerse gobierno. ¿Tendría, llegado ese momento, algo más para vivir por sí mismo y guiar al país? No cuenta ahora ni con principios ni con hombres y, en consecuencia, no podría improvisar ni los unos ni los otros. En sus años de vida, su escasa e intermitente actividad se ha desgastado en una labor de denuncia; pero poco o nada ha dicho sobre cómo organizaría las instituciones del país. Creo recordar que alguna vez sostuvo que la ‘base’ de la educación era la familia, lo cual quiere decir muy poco o demasiado, más bien lo primero que lo segundo.
“Y ¿quiénes son los hombres de Acción Nacional? No tienen sex-appeal para el pueblo mexicano: ninguno de sus dirigentes procede de él, ni siquiera del campo o de la aldea; son de la clase media alta, y sus intereses y experiencias están confinados dentro de las paredes de la oficina o la penumbra de la iglesia; no conocen más aire libre que el vaho que despiden las calles asfaltadas de las grandes ciudades. Son los que el porfirismo llamaba personas decentes, lo cual quería decir,…, en el fondo, una mentalidad señoritinga. Y de nuevo, mucho del valor que hoy parecen tener esos hombres de Acción Nacional se deriva del desprestigio de los hombres de la Revolución.
“La prensa y la iglesia han hecho de Manuel Gómez Morín, el jefe de Acción Nacional, casi un santo, y de Vicente Lombardo Toledano, la figura mayor del movimiento obrero, casi un villano; pero Manuel Gómez Morín sabe, como nadie en este mundo, que él no es superior… Un mérito indudable tienen los hombres de Acción Nacional, y Manuel Gómez Morín, desde luego, antes que ninguno de ellos: fueron los primeros en sacudir la apatía política tan característica del mexicano; fueron los primeros en preocuparse como grupo de algunos problemas del país y en proponer a éstos soluciones distintas de las fórmulas oficiales; en fin, han sacrificado una parte de su bienestar (…) en la oposición al gobierno. Pero sus taras son mucho mayores que sus méritos: representan y son el instrumento no del catolicismo, sino de una jerarquía eclesiástica que no tiene superioridad moral alguna; representan, o les hacen el juego a los intereses plutocráticos bien deleznables.
“México puede y debe tener, en suma, una fundada desconfianza hacia un partido, hacia todo partido que no haya sabido forjar en el ayuno de la oposición un programa claro, ahora sí que de acción nacional, y que no dé la sensación reconfortante de que marcha hacia un nuevo día, y no hacia la noche, ya muerta y callada.”. (El subrayado es mío).”.


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