sábado, 31 de diciembre de 2016

La ciudad que queremos
Bernardo Bátiz V.
C
oncluye el año con graves problemas para los habitantes de la Ciudad de México; no se trata sólo del aumento a los precios de las gasolinas, que provocará incrementos en todo, también ocurre que el gobierno de Miguel Ángel Mancera no aceptó otorgar una tregua navideña a los capitalinos, a los que trata como enemigos; las perrunas grúas, con sus insolentes conductores, siguen levantando vehículos de lugares donde a nadie estorban, por ejemplo, frente a las escuelas en época de vacaciones; además, quienes colocan las arañas (inmovilizadores) continúan sin parar su actividad aún en las fiestas decembrinas, las fotomultas por faltas mínimas cumplen sus cuotas y en todos los casos son ayudados y apoyados por policías uniformados; mientras la delincuencia se adueña de la capital.
Policías para perseguir a ciudadanos por pequeñas faltas administrativas y manga ancha para asaltantes y pandilleros.
Mientras tanto, en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México continuamos con nuestra labor; cada grupo parlamentario tiene respecto al documento a nuestro cargo una idea propia y una forma especial de hacer política.
En Los sentimientos de la ciudad, declaración de principios presentada por los 22 constituyentes de Morena ante la ciudadanía, antes de que se iniciaran los trabajos del Congreso, se declara que el objetivo principal de una constitución es la felicidad de la gente.
Dicho de otro modo, lo importante en la constitución debe ser el listado claro y bien definido de los derechos humanos y sociales que se reconocen a los gobernados; no hay que olvidar que las garantías individuales tienen siempre como contraparte obligaciones a cargo del poder público.
Tan importante como el listado de derechos es la descripción precisa de los mecanismos legales eficaces para garantizarlos, no se trata sólo de enumerar en solemnes declaraciones prerrogativas de los ciudadanos, sino de idear y describir recursos jurídicos y diseñar instituciones para que no se queden como una declaración utópica, sino que se implementen en la vida diaria de la colectividad.
Entre los puntos más importantes que sostenemos se encuentra la exigencia de que los programas sociales actualmente vigentes, especialmente la ayuda solidaria a los adultos mayores, queden reconocidos expresamente en la constitución, de esa manera no será fácil darle marcha atrás como en algún momento se ha tenido la tentación de hacer.
Otro tema esencial que no puede quedar fuera del texto de la ley suprema de la ciudad es el de la protección a las minorías, base del principio de no discriminación de ningún tipo ni por ningún motivo.
Frente a esta visión, hay otra contraria que tiene como fin asegurar estructuras de poder y abrir espacios al neoliberalismo en boga, que tan dañino ha sido para las mayorías, en especial para los marginados.
Las metas y objetivos de esta línea política son: crear un poder fuerte, con herramientas represivas, mano dura como sostuvo alguna vez un constituyente del PRI; control y fuerza como instrumento de dominación; esta idea subyace como la aspiración de quienes en la constituyente representan a la derecha y temen a la organización popular y, todavía más, que la paciencia de la gente se termine ante tantos abusos y atropellos.
La aspiración soterrada de la derecha es mantener espacios para los negocios privados, ganar mucho dinero y que el aparato burocrático de la ciudad se mantenga como una maquinaria represora. ¿Quiénes están de un lado y quiénes de otro? El PRI y el PAN, en general el Pacto por México, están de ese lado y arrastran al PRD y a los partidos pequeños.
Del lado de la gente está Morena y las personalidades de pensamiento libre que fueron invitadas y forman parte de todos los grupos, quizá con excepción del PRI, donde la disciplina es rígida y nadie se atreve a actuar por su cuenta. En enero se definirá una constitución para la ciudad que queremos o una para los negocios.

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