miércoles, 7 de febrero de 2018

Jesús Silva Herzog Márquez (@jshm00) en dos tiempos y el candidato sin oponentes y oportunista

@NietzscheAristomié 07 feb 2018 08:15
 
  
 
En vez de entrar en polémica con periodistas o intelectuales, que se dedique a lo suyo, a la política, que va bastante bien.
En vez de entrar en polémica con periodistas o intelectuales, que se dedique a lo suyo, a la política, que va bastante bien.
Foto propiedad de: Internet
Originalmente pretendía referirme al texto de Jesús Silva Herzog Márquez, “Una campaña sin oponentes” (Reforma; 29-01-18); ahora que se ha suscitado un intercambio en twitter entre Silva Herzog Márquez y algunos otros miembros de la “intelligentsia periodística” mexicana como Enrique Krauze y Leo Zuckermann con López Obrador, incorporo en la perspectiva “AMLO 3.0” (Reforma; 05-02-18), texto detonante de dicho intercambio.
En el primero de ellos y a pesar del título, Silva Herzog Márquez (SHM) acentúa la crítica en dos acontecimientos recientes y uno lejano en relación a López Obrador y Morena. 1. Plantea como un acto de imposición del “caudillo” la designación del “pillo” Cuauhtémoc Blanco como candidato al gobierno de Morelos. 2. Señala como acto autoritario la “bienvenida” a la vidente de “una alegrísima luz”, la ex panista Gabriela Cuevas. 3. Acusa de “indigno y vergonzoso” el Proyecto Alternativo de Nación y aun imputa de plagio a Morena sin presentar ninguna prueba.
Y al fin, en el último párrafo, que es el más breve de todos (3 líneas), aborda el tema del título. Sentencia que los adversarios de López Obrador lo promueven con su silencio y pasividad. “Mientras un candidato desfila por el país cantando tonterías y el otro se debate entre llamar a la conciliación o acusar a sus críticos de torturadores, el candidato de Morena, disfruta una campaña sin oponentes.”. Bueno es preguntar aquí: ¿es responsabilidad de López Obrador que sus “oponentes” naveguen entre la mentira, la mediocridad y la corrupción? ¿Es su responsabilidad que representen a un régimen y a un sistema que no dicen nada alentador a los mexicanos, que representan más o peor de lo mismo que ha padecido la nación desde hace más de 30 años y que ha sido un mecanismo expoliador que SHM ha visto y aún ve con simpatía? ¿Es su responsabilidad que Anaya y Meade carezcan de sustancia más allá del poder que encarnan?
Y para concluir con ese primer texto: ¿de verdad cree SHM que López Obrador enfrenta una campaña sin oponentes? ¿Y no tiene ninguna consideración sobre la guerra sucia? ¿No le merece su atención la reiteración del “peligro para México”, “mesianismo”, “populismo”, Venezuela, Rusia, Chávez, pintas en paredes y la participación de mercenarios en esas campañas? ¿No es esta guerra de estiércol el gran “oponente”?
El segundo de los textos es producto de un ser taimado. Oscila aparentemente entre el elogio de un pasado de López Obrador que SHM aborrece y un presente que abomina pero elogia. Acusa que el político ha transitado del sectarismo purista de 2006 al oportunismo pragmático de 2018. De la exclusión a la inclusión. En tanto que en la primera fecha habría querido algo de la política del 2018, en ésta quisiera la de 2006; el punto es que no gane. Ha pasado de un peligro a otro. Del purismo sectario al oportunismo calculador y ambicioso. Queda la impresión, errónea por otro lado, que ahora SHM extrañara al López Obrador que detestaba. Y que detesta al que añoraba. Como dijo Peña Nieto “no hay chile que le…” (ya se saben el resto).
Se trata en realidad de un texto tramposo, elogia primero para tener “legitimidad” de agredir después. Caricia y bofetada. ¿Saben por qué? Porque pese a todo lo que haga el líder de la izquierda electoral, jamás complacerá a sus críticos más persistentes y obstinados. SHM es uno de ellos; y probablemente está en su derecho.
Y ahí es donde se equivoca López Obrador. En vez de entrar en polémica con periodistas o intelectuales, que se dedique a lo suyo, a la política, que va bastante bien. No tiene sentido dar pasto a sus críticos tengan estos o no razón; a menos que sea producto del cálculo y no de la mera pasión o el exabrupto. Yo mismo lo he criticado en el pasado por haber hecho un señalamiento a Julio Hernández López que me pareció injusto.
Entiendo que López Obrador “se caliente”, que se moleste o incomode por la crítica constante, sea justa o injusta. De allí que es mejor serenarse y dejar pasar. Diga lo que diga no logrará cambiar la percepción sobre su persona de gente como Herzog, Zuckermann, Dresser o los Krauze (aunque Krauze hijo ha sido desleal con López; cuando lo entrevistó en vivo no lo encaró, como quizá quería, porque no se atrevió, después ha hablado pestes de él); y ya no se mencione a bellacos como Ricardo Alemán, Pablo Hiriart, Fernández Menéndez y otros de su especie.
Y entiendo también que a pesar de que SHM aseguró no “adentrarse en los laberintos de la psique”, en realidad su terminología lo acredita como miembro de la cofradía psicologista de Enrique Krauze. Zuckermann, integrante asimismo de esa congregación psicologizante (¡y de la peor, freudiana!), mostrando su ignorancia brutal y su atraso al defender a SHM del supuesto ataque de López Obrador en el twitter, dijo no sólo que debieran de encerrarlo, también que el político es “un caso para Freud”; es urgente que se actualicen los señores neoliberales y no atiendan solamente sus guerras de deyección y lean cuando menos al más potente destructor del médico austriaco, Michel Onfray.
Y la terminología utilizada por SHM en sus dos textos los desacredita, exhiben su condicionamiento ideológico; jamás podrá llegar a una conciliación con el personaje. López Obrador pierde su tiempo al encararlo: “Caudillo, paladín, nuevo guía, nuevo padrino, alegrísima luz, prócer, ambicioso pragmático y calculador,…”. Ni duda cabe que Jesús Silva Herzog Márquez (¿por qué no le añade el Flores?, ¿no suena “chic”?) es parte de la secta que he llamado Hijos Putativos de Enrique Krauze; su lenguaje lo denota. En un tuit en su apoyo, el escritor embiste de nuevo y establece su paternidad sobre SHM: “El mesianismo condena. El liberalismo debate”. Lo cual es una muestra más de que Krauze no es un liberal, pues no debate, bloquea a sus críticos.


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