sábado, 22 de marzo de 2014

La mamá de @lopezobrador_ y #Colosio. Ccp. @FedericoArreola y @JulioAstillero

@NietzscheAristosáb 22 mar 2014 12:22
  
 
  Trataré de responder a cada uno de los puntos que argumenta Arreola en favor de Colosio sin que ello signifique que para mí su figura haya sido irrelevante como sugiere el periodista.
Existe en video una entrevista en la cual Manuela Obrador, madre de AMLO, cuenta que su hijo solía decirle que los estatutos del PRI eran muy bonitos, pero que no se cumplían. La conjunción de factores históricos y la realidad política dentro de ese partido llevarían al hijo de esta señora a renunciar al mismo, después de intentar democratizarlo en su estado natal (como trató Carlos Madrazo en su tiempo a nivel nacional), para unirse a esa corriente que confluiría, después del fraude de 1988, en la fundación del PRD, combinación de ex priistas nacionalistas, luchadores de izquierda de antaño divididos y jóvenes críticos.
Movido por el 20 aniversario de la muerte de Colosio y por el hecho de que en SDPNoticias.com se está publicando una serie de testimonios al respecto, decidí escribir mi versión sobre su figura, lo cual me ha planteado la necesidad de ser “políticamente incorrecto”, como dicen los gringos,  pues en“Sin especulaciones, a Luis Donaldo Colosio le sentó bien la muerte” (SDPNoticias.com, 15-03-14),he expresado lo que he pensado y reflexionado durante 20 años sobre el político asesinado.
En mi texto establezco que el PRI y Salinas de Gortari construyeron una carrera increíblemente vertiginosa para Colosio y que, electo candidato por “dedazo”, sería el presidente de México. Y sugiero que considerando su trayectoria burocrática-política y su perfil público, no el humano, más habría ganado en términos absolutos con la muerte que si, como se especula, hubiera llegado al poder ejecutivo.
Federico Arreola publicó una réplica diciendo que no podía estar de acuerdo con mis opiniones, las cuales rebatiría con las del periodista Julio Hernández (quien, en versión de Arreola, conoció a Colosio durante el sexenio de Miguel de la Madrid como alguien deseoso de democratizar al PRI desde dentro y que ha escrito un ensayo que aparecerá en un libro editado por Proceso), pues mi texto le parece “una síntesis de todos los lugares comunes con los que la izquierda mexicana ha querido desprestigiar, sin éxito afortunadamente, a Luis Donaldo: que no hizo nada, que su único mérito fue morir, que no era un demócrata, que no iba a ser capaz de revertir las reformas salinistas, etcétera”. (“Del PRI de Colosio, AMLO, Camacho y Cárdenas al de EPN y @julioastillero y @NietzcheAristo”; SDPNoticias.com, 16-0314).
Trataré de responder a cada uno de los puntos que argumenta Arreola en favor de Colosio sin que ello signifique que para mí su figura haya sido irrelevante como sugiere el periodista, pues en realidad  no he querido desprestigiar a nadie sino ubicar al personaje desde mi perspectiva. Que si ésta refleja un lugar común dentro desde la izquierda tiene que ver con que el personaje nunca estuvo cerca de ésta, la cual fue bastante maltratada durante el sexenio de Salinas de Gortari que fue el mismo del éxito vertiginoso de Colosio, y con el hecho de que éste no estuvo siquiera cerca de la sociedad en general.
Y si es una síntesis de lugares comunes significa que posee al menos ese mérito, pues el lugar común indica una tendencia dentro de la sociedad o una parte de ella. Si es común es por lo que, perogrullada, refleja de común; lo comúnmente aceptado, filtrado. Sin embargo, no es correcto afirmar que me haya quedado en ese plano. Argumenté en mi texto anterior y lo hago puntualmente ahora.
1. Un comentario al pie de la réplica de Arreola y la misma lógica de éste afirma que la izquierda mexicana nació del PRI. Naturalmente, se refieren a la electoral, a la que funda el PRD. Pero la realidad es al revés, históricamente el PRI nace como un subproducto de la izquierda de la Revolución Mexicana, uno de cuyos planteamientos básicos es el nacionalismo (con las recientes reformas, el PRI que hoy se asume “colosista”, ha accedido a la privatización de los energéticos).
2. Dice Arreola que los mejores hombres de la izquierda de hoy han salido del PRI, Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador, entre ellos. En algo acierta el periodista, esta izquierda es mejor que la que regentea al PRD presente, los Chuchos. Sin embargo, el mérito no es del PRI sino de esos hombres que rompieron con un partido antidemocrático al cual nunca renunció Colosio; estos hombres rupturistas abrevan del PRI viejo con estatutos nacionalistas.
3. Y Colosio no renunció al PRI porque murió hace 20 años, dice Arreola. Bueno, la ruptura fue en 1986, a Colosio lo mataron en 1994. Esos son los años precisos de su subida y caída… dentro del PRI. Y al lado y cobijado por uno de los priistas más desprestigiados de la historia.
4. Cita Arreola una conversación con Julio Hernández para señalar “la gran tarea de Colosio, la de buscar la democratización del PRI y del gobierno”. Considerando que así sea, se trató de una tarea parcial. En un escritor admirado por Arreola, Enrique Krauze, se lee que a Colosio le pareció bien que el PAN ganara Baja California, también el movimiento del doctor Nava en San Luis Potosí y la renuncia del candidato priista en Guanajuato, y sin embargo… Sin embargo, un hecho contundente:  “En julio de 1992, cuando fue el PRD quien impugnó las elecciones de Michoacán, Colosio… no transigió”.  (“Losidus de marzo”; Letras Libres, 03-1999). Exacta réplica de la política de Salinas: con la izquierda, nada más que cerrazón, palo y bala (la política que arrojó a cientos de opositores de izquierda a la muerte). Por otra parte, estas fueron decisiones electorales de Salinas y Colosio como subordinado sólo las secundó. Y hay que recordar que al caso Baja California se le conoce como el inicio de las nada democráticas “concertacesiones” del gobierno con el PAN.
5. Pasando por alto lo anterior, Arreola argumenta el asunto Chiapas. Que Colosio “no vaciló” en firmar el Acuerdo por la Paz, la Justicia y la Democracia signado por los candidatos presidenciales en 1994. Otra cosa dice Krauze, quien lo pinta en un mar de dudas, como al célebre personaje de Shakespeare: “Era Hamlet en cada frase: ¿Convocar o no convocar a los partidos? ¿Acercarse o no a Cárdenas? ¿Hacer un pronunciamiento claro u omitir a Chiapas en la campaña? Al parecer, el propio presidente le impidió concentrar su campaña en Chiapas.” (Ídem). Y así lo percibió el lugar común en 1994, que Colosio estaba sometido a Salinas al cien por ciento, ¡y cómo no, siempre lo estuvo! Como señala Krauze (intelectual nada izquierdoso), si Camacho  fue el hermano político, Colosio fue el hijo, la hechura política de Salinas (por si hiciera falta, testimonios como el de Dante Delgado lo confirman). Lo de Chiapas, por tanto, no fue una decisión autónoma sino, por un lado, un acto mínimo obligado dada la magnitud del problema, por otro, un acto desesperado por “levantar” una campaña, más allá de los ámbitos de control del PRI, alejada de la sociedad; y como dicen los columnistas, para “quitar los reflectores a Camacho”.
6. Arreola hace un registro innecesario: que no conocí a Colosio. ¿Es indispensable conocer a los personajes de la historia para establecer un criterio en torno a ellos? No me interesa su vida personal, que por lo demás, según los testimonios, fue notable (lo cual he mencionado en mi texto anterior), me interesa su obra, poca o mucha, sus acciones (a sus cargos y al discurso del 6 de marzo parece reducirse todo; discurso al cual le metieron mano muchos, entre otros, Krauze). Pero informo que en cierta manera sí reconocí el pensamiento político cotidiano de Colosio. Siendo universitario, traté y conocí bastante bien a uno de sus subordinados, a quien se manejaba entonces como muy cercano a él, Adrián Gallardo Landeros, actual presidente de la Fundación Colosio. Es de suponerse que al ocupar esta importante posición política hoy, no mentía. Siempre argumenté a Gallardo que su visión de país a partir de una supuesta lucha democrática desde el interior del PRI (anti-izquierdista siempre), de hacer valer los estatutos del PRI (tan “bonitos”, como refiere la madre de López Obrador), era una ingenuidad o simple demagogia. La visión de aquel joven (presidente de la juventud priista, campeón de oratoria priista) era la del propio Colosio (“Adrián Gallardo, presidente de Fundación Colosio, un buen chico”; SDPNoticias.com, 03-06-13).
7. En un siguiente texto Arreola presume el legado colosista: Ernesto Zedillo, Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, Murillo Karam (y al propio Peña Nieto lo incorpora como colosista en otro texto). Independientemente de lo que diga Arreola como amigo o cercano a ellos, ¿debo citar lo que el lugar común dice de estos personajes y lo que ya ha registrado la historia?
8. No comprendo el planteamiento de Arreola sobre un supuesto aserto de la izquierda del lugar común: “no iba a ser capaz de revertir las reformas salinistas”. Si los colosistas de hoy en el gobierno siguieran esa supuesta intención colosista de revertir a Salinas (raro, porque Colosio y su consejero Krauze siempre hablaron bien de ellas), ya habrían mostrado algún interés en ello. Pero no, muy por el contrario, es hoy cuando las mismas alcanzan, con la privatización de los recursos energéticos del país, su cenit. Pero por otro lado, un asumido colosista como Arreola cree y apoya esas reformas neoliberales profundizadas casi a su máximo por el supuesto colosista, Peña Nieto.Por fin, ¿se querían o no cambiar, y si sí, por qué no aprovechar la ocasión y se va por el camino contrario? Enredo. Definitivamente, antes y después de Colosio ha habido un plan económico que se sigue cumpliendo implacablemente. Neoliberalismo le llaman.
Hoy, sin excepción, todos los priistas son colosistas, empezando por Peña (cuyo texto publicado enSDPNoticias.com, por cierto, como diría Cosío Villegas, es de tal pobreza -en todos los sentidos, con excepción quizá de la posición y la capacidad de Arreola para conseguirlo- que da lo mismo si se escribe o no). Pero si el legado de Colosio seguido por los fervientes colosistas es la desnaturalización e incumplimiento de los “bonitos” estatutos del PRI, la desnacionalización del país, la falta de consideración a una sociedad que no se consulta para decisiones trascendentes, sociedad que no está en el centro de las preocupaciones del gobierno, difícilmente puede estarse de acuerdo con él.
Y al asumirse todos los priistas como colosistas, ratifican lo que he dicho en mi texto anterior: A Colosio le sentó bien la muerte. Porque sus seguidores lo convirtieron en una estatua para venerar y en un héroe más del cual medrar. En fin, Luis Donaldo Colosio encarna en el presente el mito de la infundada y utilitaria esperanza que nunca se cumple.

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