La bella señora Fía, Pisístrato y Heródoto; elogio de Peña sobre la desconfianza
La desconfianza nace del mucho fiar y descubrir al fin el engaño
En México, difícilmente existe quien crea en alguien o algo que no sea una entidad religiosa (y ya es mucho decir). Los valores de la patria, minados por los políticos, prácticamente han desaparecido. Los valores humanos de la solidaridad y la cultura son escasos. Si el país alcanzó durante un tiempo del siglo XX cierta identidad, alguna certeza en las instituciones, un grado de confianza en sus gobiernos, hoy eso no existe más.
La desconfianza nace del mucho fiar y descubrir al fin el engaño. La lectura de Heródoto (Los nueve libros de la historia) me pone nuevamente ante un pequeño hallazgo: Fiar-Desconfiar; Confianza-Desconfianza (como en inglés, Confidence-Diffidence; italiano, Fiducia-Sfiducia; latín, Fiduciam-Diffidentiae;…).
Con detalle, el historiador jonio, humorístico “padre de la historia”, cuenta sobre cómo el renegado del rey Hipócrates, Pisístrato, se hizo del poder por segunda ocasión de un total de tres veces que gobernó Atenas. La primera, traicionando al padre, por un año. La tercera, haciendo alianza con sus hijos, durante 18 años y al parecer, aprendiendo del pasado, ejerciendo una tiranía moderada y haciendo bien a Grecia.
El segundo arribo al poder duró tres años. Megacles, anterior enemigo aliado de Licurgo, le ofreció en matrimonio a su hija y la tiranía de Atenas como dote. Aceptado el trato, Pisístrato y Megacles fraguaron un artificio que engañara a los atenienses y así aceptaran su segunda vuelta al poder:
En el demo de Peania encontraron una bella “…mujer llamada Fía, de cuatro codos menos tres dedos de estatura, y hermosa además.”. Despacharon “…heraldos que al llegar a la ciudad pregonaban lo que se les había encargado, y decían: ‘¡Oh atenienses!, recibid de buena voluntad a Pisístrato, a quien la misma Atenea restituye a su propia Acrópolis, honrándole más que a ningún hombre’. Esto iban gritando por todas partes; muy en breve se extendió por los demos la fama de que Atenea restituía a Pisístrato.”. Y entonces, “Revistieron a esta mujer de una armadura completa, la hicieron subir en una carroza, le enseñaron qué actitud debía guardar para aparecer más majestuosa, y la llevaron a la ciudad.”. Y los atenienses cayeron en la trampa: “…los de la ciudad, convencidos de que aquella mujer era la diosa misma, le dirigían sus votos y recibieron a Pisístrato” como rey, engañados por segunda vez. En la primera ocasión, cuando la traición al padre, se había auto infligido heridas y asimismo se las hizo a sus mulos, simulando un ataque del enemigo para pedir una guardia de protección que en realidad usaría para asaltar el poder.
Me parece encontrar en este relato histórico y en estos personajes el bagaje del concepto confianza-desconfianza. En Fía, el nombre y el concepto. Al descubrirse con el tiempo que la bella Fía no es en verdad la cruel pero querida por los griegos Atenea, se desconFía. Y el pueblo se vuelve receloso de las mentiras y el engaño del poder. Constante que se repite en el tiempo y el concepto se generaliza.
No hace mucho, Peña Nieto ha reconocido en el extranjero la crisis de desconfianza que padece su gobierno. La acendrada falta de confianza de la sociedad mexicana en general es un tema vigente y permanente. Es bueno que, presionado por la realidad, lo admita, aunque haya hecho muy poco por encontrar la ruta hacia un estado de credibilidad. Incluso algunos de los periodistas más progobiernistas han dado por terminado el sexenio, dudan que Peña recupere cierta confianza y la credibilidad de esa pequeña porción de la sociedad que se la otorgó o incluso de la generada por la voluble prensa internacional (ya he observado en otra colaboración que en verdad nunca fue aprobado ni popular entre los mexicanos). Porque si Peña nombra a Virgilio Andrade para que lo investigue sobre el “conflicto de interés”, todos se ríen. Nombra a Alfredo Castillo lo mismo en un puesto de seguridad que en uno del deporte, y se carcajean. A Murillo, de la procuraduría de justicia a la agricultura,… Impone a Medina Mora y Arely Gómez, y la gente cree cada vez menos. Actos evidentes de corrupción del tipo Korenfeld-Federman son la peste nacional cotidiana. Y así, aunque parezca reiteración (es la “verdad histórica” que se va decantando), de la privatización del petróleo a los crímenes de Tlatlaya, Iguala, Apatzingán, etcétera, la población desconfía, descree de las versiones “históricas” del gobierno.
Y pese a la prensa que actúa en papel de heraldo de las supuestas grandezas del gobierno y ensalza reformas como si fueran “Ateneas” que anunciaran un horizonte prometedor, simplemente, el sentido común y las estadísticas revelan la desconfianza y el rechazo generalizado (sin dejar de reconocer que existe la negligencia, la parálisis, la volubilidad, la desidia, el desdén, etc., social que han permitido que las cosas sucedan como son).
La sociedad puede ser engañada una y otra vez, sin embargo, todo tiene un límite y medida.
El traidor y farsante Pisístrato volvió a perder el poder cuando recibió el reclamo de Megacles, extrañado por no tener noticias sobre descendencia; nietos. Al fin, la hija confiesa la verdad que puntualmente registra Heródoto: teniendo el rey hijos crecidos y sabiendo que los alcmeónidas “eran considerados como malditos, no queriendo que naciesen hijos de su nueva esposa, se unía con ella en forma no debida” (Sic erat scriptum).
P.d. En las próximas elecciones habría que votar por aquellos que generen confianza auténtica; confiando en que no traicionarán. Y si lo hacen…


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