Las imágenes de la masacre en Apatzingán |
El muchacho, de 18 años, llegó al hospital Ponce con la pelvis, la vejiga y el recto destrozados. Sus heridas eran boquetes. Por uno de ellos, el equipo médico palpó su columna hecha añicos.
Esta camioneta blanca quedó al frente de la caravana de civiles. Ahí viajaban 7 jóvenes jornaleros, menores de 20 años, entre ellos una adolescente.
Esta es la camioneta negra de la familia Madrigal.
Muchachos piscadores de limón dejaron de ir a su faena para sumarse a la caravana de civiles que fue en rescate de heridos y detenidos por la policía federal. Aquí yace uno de ellos, calzando huaraches.
La familia Madrigal clamó no ser ejecutada durante unos 20 minutos. Guillermo Madrigal, de 20 años, murió abrazado por su madre. Sus cuerpos quedaron sobre palos y restos de carne desgarrada.
Miguel Madrigal se alzó la playera para mostrar que estaba desarmado. Su acta de defunción dice que murió por homicidio, a causa de "la penetración de un proyectil de arma de fuego a cráneo". Su masa encefálica quedó derramada.
Tres muchachos sobrevivieron al resguardarse debajo de la camioneta blanca. Aseguran que en su escondite fueron rafagueados por los federales. En la caja del vehículo se aprecian los palos y ramas de limonero, que usaron como defensa.
Este joven viajó en la camioneta blanca que quedó al frente de la caravana de civiles, atacada por los federales en la avenida Constitución.
A las 8 horas del 6 de enero el personal del Hospital General Ramón Ponce recibió el cuerpo de un muchacho, con un balazo en el pecho. Quedó en calidad de desconocido.
Tres balazos penetraron el cuerpo de este piscador. Uno de ellos en el hombro, otro en la cadera y uno más en la pierna derecha.
Este muchacho era el conductor de la camioneta blanca. Se refugió debajo de su vehículo y sobrevivió. Ahí recibió una ráfaga de arma larga en su hombro. Una esquirla de bala se le clavó en el ojo. No ha sido operado por falta de dinero.
Un tiro de gracia fallido afectó el cerebro de este adolescente. Una bala expansiva le destrozó el bazo, el hígado y los intestinos. El personal del hospital observó que sus heridas presentaban “tatuajes”, la quemadura de pólvora que queda en la piel cuando el proyectil se dispara a menos de 20 centímetros.
La Policía Federal impidió el traslado de este muchacho de 18 años, a pesar de su gravedad. Siete horas después, lo autorizaron. Murió en el camino.
El muchacho, de 18 años, llegó al hospital Ponce con la pelvis, la vejiga y el recto destrozados. Sus heridas eran boquetes. Por uno de ellos, el equipo médico palpó su columna hecha añicos.
Esta camioneta blanca quedó al frente de la caravana de civiles. Ahí viajaban 7 jóvenes jornaleros, menores de 20 años, entre ellos una adolescente.
Redacción AN hace 2 horas
Estas fotografías, algunas inéditas, se obtuvieron como parte de la investigación de la periodista Laura Castellanos. Se advierte a los usuarios que se trata de imágenes de alto impacto, no recomendables para menores.
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