Noticia, el vuelo de un político; la foto de AMLO que no existe
Para Ciro Gómez Leyva es noticia, y además importante, que un funcionario de primer nivel, como Aurelio Nuño, viaje en avión comercial.
Tiene razón Ciro, eso es noticia. Porque los políticos encumbrados no se bajan de los aviones privados, los del gobierno, los que rentan con recursos públicos o inclusive los que les prestan sus amigos contratistas.
Lo que hizo el jefe la Oficina de la Presidencia de la República, viajar a Cancún en aerolínea comercial, llama la atención por raro.
Ahora bien, más raro resulta que los políticos no hayan aprendido la lección que les ha dado Andrés Manuel López Obrador: es electoralmente rentable vivir como la gente normal, es decir, rechazar la ostentación de imitar a los magnates.
Andrés Manuel ganó una elección presidencial, la de 2006 que le robaron, y estuvo muy cerca de vencer en la de 2012, simple y sencillamente porque ha sido, en muchos sexenios, el único candidato al más relevante cargo público que jamás se ha subido a un avión privado.
Cuando era jefe de gobierno, en una sesión de Conago, en San Luis Potosí, tuvo que salir antes que los otros gobernadores para no perder el avión comercial que lo trasladaría al DF.
En la reunión estaba Luis Ernesto Derbez, entonces integrante del gabinete del presidente Vicente Fox.
Derbez le dijo a AMLO: “Te llevo yo, vine en un avión del gobierno. Andrés Manuel, mi viaje es oficial, como el tuyo, se justifica la aeronave privada, acepta mi invitación”.
Andrés agradeció el ofrecimiento, pero lo rechazó. En el tema de los vicios, y el derroche de los políticos sin duda lo es, todo es cosa de empezar, y AMLO no quiere dar el primer paso.
En otra ocasión, en campaña, Andrés Manuel llegó a un aeropuerto a tomar el último vuelo con destino a la Ciudad de México.
Le urgía llegar a la capital porque iba a desayunar con obispos o gente de alguna iglesia.
En aquel aeropuerto, a las diez de la noche se informó a los pasajeros que el vuelo se cancelaba. A todos se les pidió volver al día siguiente para ver qué opciones podía ofrecer la aerolínea, creo que Aeroméxico.
Amigos de Andrés Manuel, empresarios de los confiables para el político tabasqueño –empresarios honestos, con cero tratos con el gobierno, lo que impedía el conflicto de interés– le ofrecieron al dirigente de izquierda un avión privado, cómodo y seguro, para superar la emergencia.
Andrés Manuel les dijo: “En ustedes confío, son honestos, no son contratistas del gobierno ni lo van a ser nunca, no lo necesitan. Pero me voy a ir por carretera. Soy político y me debo a la gente. Tengo que hacer lo que hace la gente, que en este caso es esperarme para tomar un vuelo mañana o irme por carretera. A mis enemigos no les voy a dar el gusto de que me tomen una foto subiendo o bajando de un avión privado”.
Se fue por carretera, viajó toda la noche, llegó a tiempo para bañarse y cambiarse y atender su desayuno con religiosos.
Le conté a un importante político del PRI esa anécdota. Su único comentario fue: “Qué mala suerte para nosotros que Andrés Manuel no nos haya regalado esa foto”.
La próxima crisis del presidente Enrique Peña Nieto será la del nuevo avión presidencial, que fue comprado en el anterior sexenio.
De que se necesita un nuevo avión presidencial, se necesita. Los actuales se descomponen a cada rato y ya ponen en riesgo la seguridad del gobernante de México.
Como todo se le critica a Peña Nieto, se le va a complicar resistir los cuestionamientos de la oposición en los medios y de mucha gente en las redes sociales.
Encuentro solo una manera de enfrentar la crisis del avión: usarlo solo en viajes muy largos o a ciudades a las que haya pocos vuelos comerciales desde el Distrito Federal.
Es decir, creo que Peña Nieto cada vez que vaya a Monterrey y Guadalajara, las ciudades mejor conectadas por vía aérea con el DF, lo debe hacer por Aeroméxico, Interjet, Volaris.
En España los nuevos reyes han viajado en trenes como la gente común y corriente. Y no les ha pasado nada.
En las salas de espera o dentro de los propios aviones alguien le gritará cualquier majadería a Peña Nieto –exaltados deseos de ganar fama con un video de internet sobran en nuestro país–, pero otros aplaudirán al presidente. La mayoría le pedirá una foto, la selfie.
¿Que el riesgo es que le griten mucho al presidente de México? Pues que lo hagan. Dejemos que los locos griten todo lo que quieran. Ya lo hacen, en las redes sociales. La libertad de gritar es sagrada.


No hay comentarios:
Publicar un comentario