sábado, 6 de junio de 2015


La triste historia de Denise Dresser.
Denise era una niña como cualquier otra niña de clase media alta. Fue a colegios privados, y siempre se destacó por ser brillante. Una niña que preguntaba a la menor provocación sobre cómo funcionaba el mundo. En la escuela era un poco retraída, pero deslumbraba con su capacidad de análisis en todos los temas. Conforme fue creciendo, se dio cuenta que su camino seguiría apuntando hacia la vida política de México. Era un mal menor natural y su destino.
Los primeros años de su vida como ciudadana ejemplar, iba a votar a su casilla como su deber. En ese entonces, el PRI era quien controlaba la situación electoral, así que la posibilidad de incidir en elecciones era bastante pobre.
Se fue al extranjero, conoció el mundo. Se estabilizó y de pronto México abrió sus puertas a la ilusión de la democracia. Este es un momento perfecto para analizar, se dijo a sí misma Denise. El 2000 era el año en que por fin el PRI tenía manera de salir de la casa presidencial: Los Pinos. Y todo gracias a Vicente Fox, un empresario con grandes atributos humorísticos, grandes manos, voz grave, se decía que tenía mucha popularidad entre las mujeres y le daba mucha confianza a los hombres. Un candidato inmejorable. En ese entonces, una avanzada de la izquierda intelectual, los hombres y las mujeres más capaces de este país se unieron en el voto útil. Poco sabían que la misma gata pero revolcada entraría en escena, y los intelectuales escondieron su cabeza bajo la tierra. Denise tuvo que acudir a terapia después de ese duro golpe a su diagnóstico y descartó el voto útil.
Pasaron algunos años, Denise cada vez se volvía más indispensable dentro del debate a pesar de sus citas al psicoanalista. Todo parece indicar que el 2006 traería un mejor futuro. - Esta es mi oportunidad para decirle a México qué es lo que tiene que hacer. - La contienda era aún más difícil que en el 2000, cuál sería la propuesta más certera, trataba de decidir Denise. El 27 de junio de dicho año publicó sus 42 puntos sobre por qué ir a votar. Llamó al voto efectivo para Andrés Manuel López Obrador. Un tabasqueño con la moral inflada, con el desafuero a su favor y un discurso seductor. Pero Denise no contaba con lo que pasaría. "Es un peligro para México" se escuchaba por la calle, los anuncios y la televisión. El miedo fue el factor decisivo. Días después de la elección, con Calderón como candidato ganador; un hombre de conciencia técnica y de manos limpias, Denise pensó que la decisión del pueblo no había sido tan mala, después de todo AMLO tomó Paseo de la Reforma y le hizo recordar que ella estaba en una posición privilegiada de clase media alta, y que cambiar de opinión es de sabios.
Los años pasaron, la sangre se derramó por todos lados, los monopolios crecían, Denise se enfrentó a Slim en el Castillo de Chapultepec, y salió victoriosa. Y cabe mencionar que la sangre era un rumor para ella, desde la torre de su castillo se dedicó a observar lo que pasaba y grandes letras escurrían de su pluma. Reflexiones sobre el gran mexicano, sobre el orgullo, sobre la decepción de la clase política. Millones de letras escurrieron de sus observaciones. Pertenecía sin duda al grupo de mujeres y hombres más admirados de este país.
El 2009 llegó, Denise se paraba en un ladrillo para saber qué es lo que pasaba afuera y advirtió que las elecciones estaban en puerta. Esta jornada no es importante - dijo Denise - es de sabios cambiar de opinión. Entonces agarró el micrófono y a todo México le gritó: demuéstrale tu descontento al mundo, votando nulo. Para la sorpresa de Denise, sus fieles no eran suficientes para que tuviera efecto, sólo obtuvieron el 5 por ciento. Un par de años pasaron, estaba por salir Calderón y una reforma electoral discutían los legisladores. Denise pensó que era finalmente su triunfo, el voto nulo sería finalmente una herramienta para el futuro. Le jugaron el dedo en la boca y le hicieron pensar que así sería. Pobre Denise. En 2011 las alianzas PAN-PRD la sedujeron y llamó a votar citando ocho puntos importantísimos para los estados en donde habían elecciones ese año. Es de sabios cambiar de opinión.
En el 2012 advirtió, todos los candidatos son iguales, ni ir a votar es necesario. El abstencionismo fue su bandera. Su postura era tan radical esta vez, que nadie le dijo a ella que estaría echándolo todo a perder. Peña Nieto llegó al poder: un hombre sin escrúpulos, con manos de muñeco guiñol, un cerebro de cacahuate y un gran gusto por la mansiones. Enrique, bombón, te quiero en mi colchón, gritaban. Denise no hacía otra cosa que sentir asco. - ¿habré sido yo culpable de que este señor haya llegado? - se preguntó, y de inmediato se respondió que no, después de todo su análisis, ella seguiría siendo una mujer de clase media alta, con sus hijos en escuelas privadas y una nana.
Nunca antes Denise había marchado tanto como los siguientes dos años: el tema de la neutralidad de la red, la reforma educativa, los estudiantes de Ayotzinapa, la censura a Carmen Aristegui. - ¿todo eso habrá pasado porque invité a que la gente no fuera a votar? - se volvió a preguntar. No supo qué contestar.
En 2015 recapacitó - no ir a votar no es la solución, vamos a invitar a que la gente anule. Es de sabios cambiar de opinión. Mi análisis está bien sustentado - dijo Denise.
Nadie sabrá qué pasará, lo que sí es cierto, es que Denise es una de las mujeres y hombres más importantes de este país. Es la sabia más sabia de México, pero en ningún momento ha demostrado que cambiar de opinión funcione y mucho menos que hacerle caso vaya a cambiar el país.
Piensa tu voto, no todos pertenecemos a una clase privilegiada, no todos observamos desde nuestro castillo.

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