CSG, ¿El Chupacabras?, está de vuelta; ¿otra vez?
Salinas es un buen actor de esos descritos como “mecánicos”.
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Los medios siempre reiteran: Salinas de Gortari aparece de nuevo, cuando en realidad -excepto quizá durante el sexenio de Zedillo Ponce- ha estado presente de manera permanente como una figura pri-panista detrás del poder. Se ha dicho que Salinas y sus aliados nacionales y trasnacionales están sobre todo detrás de Peña Nieto y “sus reformas”. Él lo acaba de admitir.
En reciente entrevista con la aguda entrevistadora dominicana Nuria Piera, ha aceptado de manera grandilocuente y con arrogancia intelectualoide que participa, sí, “en la batalla, el debate de las ideas”. Ha asumido el padrinazgo y se empeña en la defensa del desacreditado encargado formal de la presidencia de la república mexicana. Un carente de legitimidad defendiendo y buscándola para otro con semejante o peor carencia: “reformador, “modernizador”, le llama, “comprometido con la transformación del país a favor de los mexicanos”. E igual que la filó-sofá La Micha, lo defiende: no se requiere preparación especial para ser presidente (se ve que en México no); y justifica, más que su bajísima popularidad, su impopularidad en tiempos llenos de “ansiedad”: “¿quién no la tiene en el mundo de hoy tan complicado?”. Claro, Peña está circundado de ex colaboradores, amigos y aun familiares de Salinas. Sobre todo, continúa impasible y aun autoritariamente el modelo gestado e impulsado desde los tiempos de Salinas como encargado de programación y presupuesto de Miguel de la Madrid.
Se excluye de la dicotomía supuestamente contradictoria, neoliberal –populista, y define su posición como la de un “liberalismo social”, cuando todos registran que ha sido el rey de ambos: el populismo y el neoliberalismo. Es decir, el rey del populismo de derecha empotrado en la cúspide del “capitalismo salvaje” que ha llevado al país a los mayores niveles de corrupción, miseria, injusticia, impunidad, violencia y muerte. Este es el saldo vigente del “liberalismo social” basado en privatizaciones y populismo priista; un “neoliberalismo populista”, retórico, demagógico, egoísta, perverso. ¿De qué paz social habla, cuál fortalecimiento de las bases democráticas refiere? Otra vez: vacío, demagogia.
Salinas es un buen actor de esos descritos como “mecánicos”, de los que cumplen con rigor el tráfico escénico y la gestualidad del “éxito” y el “liderazgo”, por ejemplo (¿de allí aprendió Peña). Sin embargo, para el ojo agudo y como el personaje de Julio Torri, es un mal actor de sus propias emociones: mirada, gestualidad, énfasis vocal, retórica decadente, la arrogancia y su “humanismo-liberalismo social” denuncian a cabalidad al cínico que quizá cumpla con la frase atribuida a Oscar Wilde: “Un hombre que conoce el precio de todo y no da valor a nada”; o tal vez pueda invertirse el aforismo sin ningún problema.
En las calles, para los niños que a ella pertenecen, para los automovilistas, para los cómicos y los vendedores de máscaras en México, Carlos Salinas de Gortari está asociado con la idea del chupador, el saqueador y despojador de las riquezas del país: El Chupacabras.
Me permito compartir, de mi libro Animales y otros bichos raros (Editorial Praxis, 2014; p.34), una interpretación siempre en tránsito de ser decantada en una mejor o superior versión del arquetipo:
Chupacabras
Anómala entidad. Calva (¿calvo?), orejas grandes, ojillos-saltones-mirada-torva, mostacho casi permanente, pequeños brazos que semejan alas truncas preparándose al improbable despegue, cuerpo de murciélago, voz unisexual, descarnado labio superior que al sonreír arroja la impresión de ser chimuelo. ¿Niño, niña, enano, hermafrodita, ángel-demonio?
Como el nahual prehispánico, es un cruce de humano y animal; como el sátiro griego, recorre campos y ciudades (aunque en vez de ninfas y jóvenes hermosas, se especialice en chupar la yugular de becerrillos y cabras, para subsistir). Sin embargo, luce demasiado cómico para ser nahual y demasiado afeminado para alcanzar la virilidad salvaje del sátiro. De allí que se devane el cerebro de los mexicanos: ¿qué es, quién es El Chupacabras?



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