martes, 3 de junio de 2014

@julioastillero y las rémoras del Caudillo

@Anelin00mar 3 jun 2014 05:58
  
 
Julio Hernández López, el Astillero de La Jornada pasó de rémora a Redentor. Un caso muy parecido al de Eva Perón en Argentina
“Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador…
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón”
Cambalache. Enrique Santos Discépolo



“Nadie sabe para quién trabaja” dice el tango. Bueno, no lo dice, pero lo diría Discépolo si viviera, para confirmar sus profecías vueltas coplas.
Él ya sabía que en el mundo “siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, barones y dublés”. Sin embargo, la gente sigue sin aprender a reconocer al fraudulento, que cuando es realmente exitoso, aparece revestido de lealtad, congruencia y sabiduría.
Stalin, Castro y Maduro, son usureros de los verdaderos líderes que, equivocados o no, siguieron honestamente los impulsos de su conciencia y eligieron vivir conforme a sus ideales. Ni Lenin, el Che o Chávez, hubieran imaginado siquiera la cantidad de estropicios que en su nombre harían aquellos que ni prontos ni perezosos se autonombraron “herederos” de sus hazañas.
En Argentina, las cosas fueron al revés. Evita pasó de promotora a promovidade rémora a caudillo, casi como Julio Hernández, el Astillero de La Jornada hace un par de días. Aunque, aclaro, no es el único caso, el de John M. Ackerman también aplica. En sus inicios, ambos necesitaron la luz del líder para "legitimar" sus causas, pero no han dudado en deshacerse de él en cuanto han (según ellos) conseguido sus propósitos.
Ambos, Astillero y Ackerman, difamadores de Javier Sicilia y de todos aquellos que le quitaran reflectores a Andrés Manuel López Obrador, el maestro del sospechosismo y periodista, ha llevado su propia agenda desde que renunció a las filas del PRI, hace algún tiempo. El modus operandi tiene sentido si tomamos en cuenta que la misma luz los alumbraba a los dos, al caudillo y a la rémora, al mismo tiempo
Confieso que me cuesta trabajo creer que el sospechosismo que tanto han aplaudido los fans de Astillero, no sean capaces de aplicárselo a él mismo y nadie se atreva a cuestionar los fines y motivaciones del lastre del caudillo ni por un segundo. 
Montado en la ola del desafuero y de las elecciones de 2006, Hernández consiguió devotos y lectores, acríticos seguidores que aplauden hasta la fecha cualquier cosa que se le ocurra al tecleador de La Jornada…y él lo sabe.
Habiendo “medido el agua a los camotes”la coyuntura con el líder era solamente cuestión de tiempo, porque en realidad nunca estuvo de acuerdo con él, sino que se aprovechó de la posición del caudillo para consolidarse como “uno de los periodistas más serios y profesionales” de México.
En realidad, él ya se la creyó desde hace tiempo, porque a diferencia de lo que denunciaban sus detractores, nunca fue fanático de AMLO, sino de sí mismo.
No hay tal “crítica” en Astillero. Hay un golpe mediático muy bien calculado para consolidar su posición de “periodista objetivo e imparcial”, al tiempo que marca una distancia que ya era necesaria del muy cansado líder de Morena.
¿Habemus Evita? Pienso que sí, pero este moderno Perón no correrá con tanta suerte. Eso es evidente
Andrés Manuel López Obrador hizo bien en tuitear el mensaje: "Julio Hernández López siempre ha sido opositor a nosotros y partidario del "todos son iguales", promovido por los conservadores de ahora", pero como todos los caudillos, es incapaz de reconocer que guardó silencio cuando Astillero golpeaba a sus adversarios un día si y otro también con descalificaciones y francas mentiras.
¿Por qué le extraña que ahora la rémora sea el caudillo? Si no fue capaz de ver la agenda de Julio Hernández o no le importó mientras así convenía a sus planes, el mensaje entonces llega un poquito tarde.
Mientras tanto, cantemos…
“Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé,
en el quinientos seis
y en el dos mil, también
(…)
¡Dale, nomás…!
¡Dale, que va…!”
¿Usted qué opina, estimado lector?

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