COLUMNAS
JANE DE LA SELVAlun 12 oct 2015 10:25
Y las cenizas, ¿de quiénes son?
Esta desaparición forzada de los 43 podría ser gota que derrame el vaso.
Solamente falta conocer la verdad sobre el paradero de los restos de los 43 normalistas para el descanso de sus seres queridos.
Por fin se da crédito al Padre Solalinde quien desde el principio supo se habían deshecho de los muchachos y con dolor en el alma así lo declaró.
La verdad la está develando el Padre Solalinde mediante versiones que seis informantes le confiaron y que estuvieron en el lugar de los hechos. Luego fue atando los cabos que había sueltos con la información que ha ido surgiendo después.
La versión oficial, la cacareada verdad histórica, hoy ya no es. Los restos de Cocula no son.
Lo que debemos preguntarnos--como dice el sacerdote protector de los migrantes—es, ¿de quiénes son las cenizas de cuerpos calcinados que han estado presentando como de los 43?
La DEA ya investiga una ruta de heroína Iguala/Chicago.Zona clave—la sierra guerrerense—para la siembra de la amapola. Se presume que uno de los autobuses ya venía cargado. Los 43 se percataron de la movida por lo que no pudieron permitirles vivir habiendo sido testigos, la deducción de Solalinde.
Esta fue la terrible pasada de su destino. De no haber abordado en ese particular día ese particular convoy, estarían vivos. Los detalles de la masacre tendrán que ir saliendo.
Habrá que buscar a los responsables del valioso cargamento. A los interesados en que llegara a su destino. Alos socios del trasiego de heroína.
Narco empresarios, gobernantes, militares, policías. Que le busquen bien. He ahí la madeja insaciable del negocio de la prohibición. De la guerra narca sin ton ni son, que inició Felipe Calderón nomás para echarle agua al incendio que causó en el país el fraude electoral del 2006.
En su sexenio la mortandad por asesinato fue de más de 150,000 y otros tantos miles—sobre todo migrantes-- que aún permanecen desaparecidos. Mezclados entonces los cadáveres de inocentes y culpables. Jamás se nos dio información de nada. No se averiguaba nada. Amanecían por doquier los cadáveres de hombres jóvenes embolsados, colgados, castrados, decapitados, descuartizados, empozolados, acribillados.
Lo dejamos pasar. No hubo responsables a quien culpar, el gobierno nomás repartió atole.
Esta desaparición forzada de los 43 podría ser gota que derrame el vaso porque ha puesto bajo el lente de aumento la absoluta falta de esclarecimiento—la ausencia del conocimiento de la verdad en la mayoría de los delitos que se cometen en México. La rampante impunidad que se da por medio del tráfico de influencias, lo que impide la posibilidad de hacer justicia.El cobijo de los delitos al margen de la ley. La conspiración de involucrados en las investigaciones para mentir y para falsear los hechos.
Todo esto desde cuándo y seguimos igual. La aparente estabilidad sigue pendiendo de un hilo.

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