CAPIROTADA FISCAL Y ESTADO DE MALESTAR
Ricardo Monreal Ávila
(Intro: El principal impuesto a eliminar quedó intocado y vigente: el ICA o “Impuesto a la Corrupción Agregada”. Representa el 2% del PIB).
Las primeras impresiones sobre la reforma fiscal podrían generar la falsa percepción que seata de una iniciativa de la izquierda (no aumenta el IVA, no grava los alimentos y las medicinas, incrementa el ISR a los ricos, elimina los regímenes de consolidación fiscal corporativa, deroga el IETU y el IDE, grava las ganancias de la bolsa, impulsa una pensión universal para adultos mayores e instaura un seguro del desempleo).
Se podría hasta malpensar que se están poniendo las bases de un Estado de Bienestar Social al estilo socialdemócrata europeo o específicamente –para seguir la tendencia petrolera de estos días–, al estilo noruego.
Sin embargo, ningún Estado de Bienestar empieza generando tanto malestar como el que está concitando la presunta reforma fiscal-social. Y es menester aclarar desde ahora, a fin de deslindar responsabilidades y responsables, que esa capirotada fiscal (sopa espesa a base de pan tostado, virote salado, trozos de plátano, pasas, nueces, guayabas, cacahuates, con jarabe de piloncillo y queso rallado, deliciosamente dulce pero indigesta), nada tiene que ver con la propuesta fiscal de la coalición de izquierda y de AMLO. O en todo caso, tener muy claro que es una copia pirata.
Ciertamente se propuso la eliminación del IETU, del IDE y no gravar alimentos y medicinas. Pero el principal impuesto a eliminar, mencionado una y otra vez en la propuesta fiscal alternativa, con el que se grava hasta el 18% del ingreso familiar y personal anual, así como hasta el 22% de las finanzas de las pequeñas y medianas empresas y del comercio ambulante, ese quedó intocado y vigente: el ICA o “impuesto a la corrupción agregada”.
Según estimaciones de diversos organismos internacionales, la corrupción en México suele representar el 2% del PIB (la capirotada del domingo aspira a 1.4% del PIB). Únicamente en el rubro de compras gubernamentales, la OCDE ha estimado en 120 mmdp la cifra que se podría ahorrar el gobierno mexicano cada año si implementara mecanismos más eficientes y transparentes de licitaciones, compras y asignaciones. Es decir, la mitad de lo que se espera recaudar con este “reformón”.
Otros dos ejemplos. La ordeña de los ductos de Pemex equivale a 12 mmdp anuales, el 80% de lo que se espera recaudar con el nuevo ISR empresarial. Mientras que el comercio informal del país (especialmente tianguis y ambulantaje), tributa con 25 mmdp anuales en “mordidas” a inspectores de vía pública y en el extendidísimo derecho de piso decretado por ese SAT informal y temido que es el crimen organizado. Es decir, el 43% del nuevo ISR personal.
Otro punto a deslindar es que la izquierda nunca planteó dañar a la clase media cobrando IVA en colegiaturas e hipotecas, ni mucho menos afectar a la población de la franja fronteriza norte con un IVA del 16%, el cual además de ir en contra de la jusrisprudencia de la SCJN dejará en total desventaja a la economía fronteriza norte frente a la economía del sur de EUA. Mucho menos se planteó gravar el alimento de las mascotas (desde Santa Ana no había un impuesto indirecto a los animales domésticos).
Y por último (pero no a lo último), es el “impuesto verde” a los combustibles, precisamente el color que nos sacan de coraje los gasolinazos de cada mes. La propuesta de la izquierda (y si mal no recordamos, la propuesta del entonces candidato del PRI) era todo lo contrario: bajar el precio de las gasolinas y la luz, a fin de incentivar la economía, la competitividad del país y la economía familiar.
Así que nada de creer que esta capirotada fiscal es de la izquierda. El referente no es ni siquiera noruego sino vikingo, muy del populismo del PRI de los setentas (le quito a unos para darle a otros, y al final todos ponen) y con una gran dosis de incremento en la deuda pública.
Si este gobierno pretende realmente copiar a la izquierda y desarmarla, que empiece por modernizar a Pemex sin privatizarlo, y por derogar el ICA.
La reforma fiscal, como la capirotada, es de quien la prepara, la sazona y la receta como postre a más de 100 millones de mexicanos. Tiene nombre y apellido: el Pacto por México. A ellos habrá que facturarles el Estado de Malestar por venir