miércoles, 3 de diciembre de 2014

Preguntas para un tipo comprometido que cree en la violencia

Por Témoris Grecko (en Facebook y en Twitter)
Eres un tipo comprometido. Crees en la libertad y en la justicia. Te indignan los abusos que este sistema político-económico tolera y promueve, la desigualdad, la explotación del ser humano y de la naturaleza. Estás cansado de la impunidad, de los jueces injustos, de la criminalización de la protesta, de la brutalidad de los cuerpos policiacos. Quieres impulsar esta movilización de los mexicanos hartos y dispuestos a actuar, deseas que crezca hasta llenar de energía la nación entera para sacudirle a los corruptos y los explotadores.
En el contexto del México del 2 de diciembre de 2014, te pregunto:
¿Crees que quemar unidades de servicio público como el Metrobús y afectar a la ciudadanía pone de rodillas al Estado? ¿Que romper vitrinas de tiendas e inutilizar cajeros automáticos pone en jaque el capitalismo global? ¿Que encapucharte y amedrentar a los ciudadanos y periodistas que toman fotos eleva tu estatura de revolucionario?
A principios de los 80, algunos jóvenes urbanos se metieron a vivir en la selva y los bosques de Chiapas para trabajar con comunidades indígenas. Realizaron un esfuerzo admirable de concientización y de organización, discutiendo con comunidades indígenas, educando, explicando, escuchando, entendiendo, aprendiendo, mezclándose, obedeciendo… preparándose. Y todo en secreto, porque un error exhibiría su proyecto y lo destruiría. Por un lado, desarrollaron estructuras civiles para darle viabilidad a un nuevo modelo de pacto social, lo que en sí ya fue una tarea enorme. Por el otro, crearon un ejército, entrenando combatientes, disciplinándolos, dotándolos de armas de fuego.
Más de una década después, lanzaron una ofensiva que debía culminar en la toma de Ciudad de México y del poder. Y veinte años más tarde, el sistema sigue en pie. Es cierto que ahora enfrenta un temible reto armado. Pero no de los encapuchados con resorteras y molotovs. Es el del crimen organizado que es capaz de corroerlo desde adentro mientras lo enfrenta con armamento de alto poder.
¿Crees que lanzarse al ataque contra los granaderos consigue vengar las afrentas, castigar a los abusadores?
Nadie ha sabido hasta ahora que Peña Nieto, Mancera o Rodríguez Almeida (el secretario de Seguridad Pública del DF que felicitó a sus policías por su “gran valor, gallardía y responsabilidad” cuando en el Zócalo, el 20 de noviembre, “reestablecieron el orden público le guste a quien le guste”) hayan sido al menos despeinados por las acciones directas.
Las agresiones contra los agentes sirven para una sola cosa, y no más que una: regalar las justificaciones para que sus jefes ordenen la represión.
Y la gente se pregunta: ¿por qué brutalizan y arrestan a personas que no han cometido ningún acto violento? ¿Por qué se lanzan a limpiar plazas enteras en lugar de contener a quienes los están atacando? ¿Por qué barrieron, ayer por la noche, el Paseo de la Reforma cuando –mira qué tal— los encapuchados que vandalizaron varios comercios ya se habían retirado? ¿Por qué el criterio para practicar arrestos no es detener a quienes han actuado con violencia sino “agarrar a quienes vienen corriendo”?
¿Por qué las víctimas suelen ser señoras con sus hijas, estudiantes que caminaban con el rostro descubierto, hombres mayores que iban de paso, y los encapuchados parecen salir siempre a tiempo?
¿Crees que la violencia permite que el movimiento se enfoque en sus objetivos fundamentales?
Si esta ola de indignación se levantó a partir de la exigencia de la presentación con vida de los 43, las consecuencias de la violencia son un gran distractor: cada vez que algunas personas (que casi nunca han estado vinculadas a ella) son detenidas, “el presos políticos libertad” se convierte en objetivo de las marchas y el movimiento tiene que detenerse a ver cómo los saca.
Y lo consigue sólo a medias: los encarcelados el 1 de diciembre de 2012 se han convertido en rehenes del gobierno. Están en libertad condicional, bajo fianza y sujetos a un proceso, siempre bajo el temor de ser reaprehendidos con cualquier pretexto, real o inventado. Tienen que esconderse y se convierten en una herramienta para chantajear al movimiento.
¿Crees que la violencia sirve para generar conciencia en el pueblo? ¿Que magnifica o le da potencia al mensaje del movimiento?
Todo lo contrario. Estas semanas han visto manifestaciones inmensas en Ciudad de México, en muchas ciudades del país, en muchos lugares del mundo. Es probable que no haya existido un movimiento popular mexicano con tal resonancia nacional y global. Y estas manifestaciones han sido coloridas, esforzadas, ejemplares: una humillación para el gobierno, las evidencias fehacientes de su pérdida de legitimidad. A sus múltiples medios afines se les dificulta contener la información del alzamiento pacífico.
Pero tienen a mano la violencia: impulsada por tipos comprometidos como tú o inducida por infiltrados al servicio de la policía, o ambas cosas, es igual: las imágenes de las inmensas columnas de manifestantes y de los padres de los 43 desaparecidos son oportunamente reemplazadas por las de encapuchados lanzando bombas molotov, de paradas de Metrobús en llamas y de vidrieras de tiendas estallando.
En las pantallas de tele y las portadas de los diarios, esas gráficas llegan a millones de personas que entonces sienten miedo de manifestarse, o que piensan que la protesta sólo es pretexto del vandalismo, o que sospechan que ellas serán también víctimas de la furia sin control, que es mejor el mal de este sistema corrupto que el caos de los encapuchados.
De manera que en lugar de hacer evidente la pérdida de legitimidad del gobierno, se deslegitima la protesta: la represión generalizada sólo será posible si la opinión pública la consiente.
El ejemplo inmediato es el de la huelga de la UNAM 99-2000: tipos que se creían comprometidos y muchos infiltrados de la policía radicalizaron el movimiento hasta una postura de intransigencia absoluta que cerró cualquier vía pacífica de solución. Eso hizo polvo toda su legitimidad. Y ocurrió lo impensado: la sociedad que antes defendía convencida la autonomía de la UNAM –la autonomía que la protegía de las incursiones represivas— demandó y aplaudió la toma de la Universidad por la Policía Federal Preventiva. Las víctimas de corto y largo plazo de estos autodenominados revolucionarios fueron tres: la UNAM, el movimiento estudiantil y los movimientos progresistas y de izquierdas, que en conjunto fueron acusados de haber sido tan irresponsables que destruyeron la Universidad.
¿Crees que encapucharte para actuar con violencia es una útil medida de seguridad?
Cuando uno ve a una persona que oculta parcialmente el rostro sin cuidar rasgos externos que lo hace fácilmente reconocible, se pregunta cuál es el verdadero objetivo de encapucharse. ¿Lo hace sentir bien, le da personalidad?
Tal vez tú tienes más éxito al cubrirte: te mueves por la ciudad como persona corriente para no llamar la atención hasta que, ya cerca de la marcha, te tapas. ¿Escapaste al ojo de las cámaras? ¿Te cuidaste de que no hubiera manera de que el monitoreo del gobierno siguiera todo tu trayecto? Te encapuchas pero no te cambias de ropa. Quedas registrado.
Como les ocurre también a los infiltrados. Pero a ellos no les importa porque no es del gobierno de quien se esconden, sino de los manifestantes: aprovechan la cobertura que les dan los tipos comprometidos encapuchados para confundirse entre ustedes, gritar muera Peña y provocar la represión. Ustedes son la cobertura idónea: eso no es una medida de seguridad sino abrir un flanco débil innecesariamente.
¿Qué los profesores de la Ceteg de Guerrero se encapuchan? También Marcos y los zapatistas. Pero hay que entender que todos ellos están en juegos de adultos.
Uno puede estar o no de acuerdo con sus métodos de lucha, pero tiene que admitir que se toman las cosas en serio porque lo que tienen en riesgo allá es mucho más que una golpiza de los granaderos.
Ustedes no tienen idea de con quién están luchando, quién es el tipo de al lado que grita las consignas más duras y se la rifa bien cabrón. No saben a sueldo de qué dependencia está.
En cambio, los encapuchados de la Ceteg están bien organizados. No lo prepararon de un día para otro, es un trabajo de muchos años. Y se conocen perfectamente: no se les cuela nadie. Si alguien lo intenta, lo paga. No improvisan acciones, no se dejan llevar por acelerados, tienen estructuras de mando, mantienen la disciplina. Y si hay represión, no son los primeros que corren como liebres: se quedan allí protegiendo la retirada del contingente. A sus compañeras maestras, a los profes de edad, a los chicos inexpertos.
No son los cobardes que provocan la carga de granaderos y escapan mientras los brutos de uniforme patean en el suelo a ancianas, barren familias y arrestan inocentes.
¿Crees que la situación en todas partes es igual, que la violencia civil tiene sentido en México como la tiene en Egipto?
En los 18 días que transcurrieron entre el 25 de enero y el 11 de febrero de 2011, la policía y los matones al servicio de la dictadura egipcia mataron a más de 800 personas desarmadas. La plaza Tahrir era defendida con palos, piedras y bombas molotov contra los fusiles y los transportes blindados que se lanzaban a toda velocidad contra la multitud. El 14 de agosto de 2013, el ejército lanzó tanques de guerra contra un plantón pacífico. Mataron a dos mil personas (ver foto abajo).
En otros países, desde Tailandia hasta Libia, el derecho de los ciudadanos a manifestarse pacíficamente es negado por la vía de las balas. Quienes afirman que estamos como en esos lugares no tienen idea de lo que dicen. Y la gente defiende su derecho exponiendo sus vidas.
En México, las vidas las pusieron nuestros mayores en 1968 y 1971. La consecuencia de esas luchas fue una importante ampliación de nuestros derechos reconocidos, entre ellos manifestarnos pacíficamente.
En los círculos del poder, hay muchos a disgusto con esta situación y buscan maneras de revertirla, tanto en la ley como en la calle: la violencia es el pretexto útil. Cuando ven molotovs volar, se soban las manos porque ya tienen motivo para intervenir.
¿Te crees muy valiente peleando con granaderos?
Párate frente a los tanques con tu bandera roja. Arrójales molotovs a soldados que te están apuntando. Por ejemplo, como estos tipos comprometidos que retraté abajo (Palestina, 2011), peleando con piedras y protegiéndose con planchas de madera frente a pelotones de uno de los ejércitos de ocupación más temibles del mundo, el israelí.
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¿Crees que criticar la presencia y la cobertura de los infiltrados “conllevará una fractura del movimiento y una guerra sucia, y desviará la atención del terrorismo de Estado (como se afirma en esta defensa de la violencia)”?
La violencia y la cobertura que les dan a los infiltrados son un peligro para este movimiento. Son precisamente un riesgo de fractura, facilitadores de la guerra sucia, y graves distractores: generan esa cauda de presos políticos a los que hay que liberar con urgencia mientras lo importante queda para después.
El movimiento no se fractura porque la mayoría se dé cuenta del daño que ustedes le causan y lo señale, se fractura porque ustedes le causan daño.
Y la gente se da cuenta muy bien: por eso está rechazando a quienes promueven la violencia y exige que participen con el rostro descubierto. Ya está cansada de que unos avienten la molotov y otros lo paguen. De que ustedes peguen y corran.
La señora Rosalinda Rosas sabe que los granaderos le abrieron la cabeza el día de ayer, pero también sabe quién lo provocó y se salió con la suya: “Unos de negro estaban quemando cosas, unos con las caras tapadas. Y los granaderos no les hicieron nada, pero a nosotros sí nos pegaron”. ¿Te sientes más héroe ahora?
Tal vez lo peor es que, según parece, a algunos de ustedes les da igual. Mantienen la postura de que las personas afectadas por sus acciones son meros daños colaterales. Lo que publican en ciertas webs proclives a la violencia deja claro su desprecio a quienes favorecen las vías pacíficas y su convicción de que “estos enfrentamientos, en este tipo de condiciones, son totalmente útiles para incrementar las tensiones que derivan en el debilitamiento de las esferas del poder”, sostuvo el grupo Reacción Salvaje, tras el ataque en la puerta de Palacio Nacional, en la página ContraInfo.
Estos activistas presumen de que “irrumpir y romper con la marcada línea de paz y buenos modelos impuesta por los líderes y participantes de los movimientos sociales durante sus marchas”, con el fin de “provocar tensiones violentas para que los granaderos carguen en contra de la ciudadanía y que a su vez, ésta decida defenderse en el momento para hacer más grande el conflicto, es uno de nuestros objetivos, en el camino de la desestabilización”.
Incrementar las tensiones y llevar a la desestabilización… ¿para que pase más o menos qué? ¿Cuál es la inteligentísima estrategia que tienen más allá de provocar caos, heridos y justificaciones para más violencia? Si se incrementan las tensiones, ¿iremos hacia un golpe de Estado, una invasión extranjera, una dictadura civil, una revolución de corte liberal, o fascista, o estalinista, o maoísta, o anarquista? ¿Cualquier cosa les parece bien? ¿Su estrategia es provocar no saben qué?
Con ustedes, no se puede estar seguro de lo que piensan. Este texto tan burdo y tan presuntuoso (dice que “El acto puso a temblar al gobierno federal”) pudo haber sido escrito por torpes fanáticos de pocas ideas tanto como por los infiltrados cuya misión es colocarse al frente de este tipo de grupos. Muchos estarán de acuerdo con esas posturas, muchos no.
Lo que los une, en todo caso, es que ustedes intentan imponerle su agenda al movimiento social, que tratan de montarse sobre él provocando la violencia para objetivos que ustedes mismos no tienen claros porque más allá de desahogar su ira, sus explosiones hormonales y sus ansias de reconocimiento, esto no sirve para nada. De nuevo, ¿van a conseguir con esas acciones cobardes –porque aventar la molotov y correr dejando atrás a la gente no es valentía– doblegar el poder del Estado?
¿Crees de verdad que el movimiento tiene que cobijar a los violentos y seguir pagando la factura por ello, que la policía tenga pretexto para reprimir mientras los violentos corren, que arresten a inocentes en lugar de a los violentos, que se presente al movimiento como un caos de violencia y se le arrebate la legitimidad, que se justifique de esta forma la represión generalizada, se aplaste al movimiento y se condene al pueblo de México a seguir atrapado en este círculo de corrupción e impunidad?
Piénsalo. No te apresures. Respóndete a ti mismo.

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