jueves, 9 de marzo de 2017

La historia más triste jamás cantada.
Algo así:
Nace de noche en la Butte,
y crece sabrá Dios cómo,
Y tras volteretas y maromas
cae en los brazos de un amante:
un jovencillo feliz de Montmartre,
por una bolsa de papas fritas
un buen día la inicia en las cosas del amor,
en la Place du Tertre.
Como no se puede vivir sin comer,
Un día que no tienen que levarse a la boca,
Vamos a vender violetas
a las terrazas de los grandes cafés.
La carita no está nada mal
Y modela para un pintor cualquiera,
así posa como "Diana en el baño"
en la Place Pigalle.
La pintura es hermosa pero triste,
Carece de algo esencial:
no se puede contar con un artista
Para comprar muebles en Dufayel.
Pero tiene pecho y caderas
se sabe bien formada y que gusta,
Así que se va a trabajar la medianoche
en la Place Blanche.
Luego cambia por un apellido compuesto
el suyo, demasiado plebeyo,
le pone una capitular a su escudo bicéfalo
y ya se llama Gisele de Brantôme
O Sophie de Pont à Mousson.
Y se va a presumir su heráldica
a la Place Vendôme.
Pero eso sólo dura lo que un capricho;
París, inconstante, se cansa
y pasa a otros pasatiempos,
abandonando el juguete roto.
Entonces un burgués la aloja,
regateando siempre por los costos,
en un viejo hotel en el Marais
Place des Vosges.
Pero el burgués es un hombre de principios
y la abandona por razones de salud.
Todos sus muebles y sus trapos
terminan en el Monte de Piedad.
Entonces se vuelve "el hada del vestido amarillo"
que admiran en el escenario
Los artilleros del fuerte cercano
a la Place du Trone.
Luego llegan el desenfreno y el lodo,
El amor, ¡ah, qué trabajo infernal!
Y el acto final se desarrolla
de noche en una acera desierta.
En la niebla del amanecer helado,
como quien recoge un perro muerto,
la encuentran sobre el pavimento
de la Place Maube.
Letra: Lucien BOYER
Música: Adolphe-Stanislas ZMIGRYDEN
Chansons français au restaurant Vieux Belleville, Paris XX, octobre 2007
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