La Semana de Román Revueltas Retes
Román Revueltas Retes Sigo sin entender. En política, las formas son fondo. Bueno, pues si el principal operador político del presidente de la República renuncia públicamente al partido que postuló a su jefe directo —dándonos a entender, con ello, que sus diferencias con la cúpula partidista son tan graves como para no permitirle ya exhibir siquiera su condición de militante— y si, a la vez, nos confiesa que celebró acuerdos a espaldas de ese mismo primer mandatario, entonces yo lo primero que pensaría es que hay preocupantes fisuras en el aparato del PAN-Gobierno.
Digo, es evidente que el señor Gómez Mont no se entiende, por lo pronto, con César Nava. Este último, por si no lo saben, es el mandamás del PAN. El PAN, lo repito, es el partido del presidente de Estados Unidos (Mexicanos). Gómez Mont, luego entonces, no estaría tampoco en entera sintonía con el primer panista de la nación, de nombre Felipe Calderón. O, miren ustedes, a lo mejor son Nava y Calderón los que no congenian. Pero ¿no dicen que fue el mismísimo Calderón quien colocó, de manera un tanto impositiva, a Nava como jefazo del Partido Acción Nacional? Entonces, ¿cómo es que dos personas, el operador político y el dirigente del partido, que deben trabajar en un proyecto común y que, encima, están obligados a ofrecer una imagen de unidad en tanto que sirven, lo suponemos, los mismos intereses, cómo es —repito— que protagonizan un numerito de abierto distanciamiento?
Otra cosa: si Calderón no estaba al tanto del acuerdo al que llegó Gómez Mont con los priistas y ahora resulta que el pacto fue sellado por… ¡el mismísimo presidente del PAN! (quien se dedicó a negar rotundamente la existencia del maridaje con los tricolores hasta que el acuerdo fue publicado y no tuvo más remedio que reconocerlo), si Calderón no sabía nada de la componenda —repito de nuevo— y si Nava participó personalmente en las negociaciones, entonces ¿Nava también le ocultó al presidente de México que había celebrado esos acuerdos?
Aún más: se pensaba que el pacto de no-coalición-con-esos-perredistas-que-ni-siquiera-reconocen-la legitimidad-del-jefe-del-Estado-mexicano era el engendro directo —aparte de ofrenda a los priistas a cambio algunas oscuras contraprestaciones— de un hombre, Gómez Mont, que tiene una gran habilidad para negociar y que sabe concertar provechosas armonías con el adversario. Pues no. César Nava también estuvo en la jugada. Al final, sin embargo, otros presuntos convenios para que el PAN y el PRD no se arrejuntaran contra el PRI no fueron respetados. ¿Fue ahí donde Gómez Mont se sintió traicionado o engañado o ninguneado y, por lo tanto, fue ahí cuando presentó su renuncia al PAN?
Pero, a ver ¿a qué PAN renunció Gómez Mont? ¿Al PAN de Nava-Calderón (supongamos que existe tal binomio), al partido que postula a Yunes en Veracruz y que deja fuera a Buganza (que, por cierto, ya renunció también), al PAN de Manuel Espino (quien acaba de publicar un sorprendente desplegado en los diarios donde arremete ferozmente contra Nava), al PAN de Fox-Creel o al PAN que no respeta la palabra dada y que celebra maridajes antinaturales con una oposición de “izquierda” que, por si fuera poco, nunca le ha dado respiro ni tregua alguna?
Y, siguiendo con la preguntas ¿qué promesa, qué ofrecimiento tan irresistible tuvieron Gómez Mont y Nava (sabemos que Calderón ni enterado estaba ¿o no?) como para abandonar el campo de batalla del estado de México y dejarle el camino libre a Peña Nieto que, si las cosas siguen como van, sería, para los panistas, el adversario a vencer en 2012? Además, suponiendo que la gobernabilidad de la nación depende exclusivamente de la buena voluntad del PRI, un partido sin cuya participación no se lograría siquiera aprobar el presupuesto de egresos (por no hablar de reformas en verdad cataclísmicas como las que ha propuesto Calderón) ¿acaso la única manera de garantizar que el Ejecutivo disponga de ciertos mínimos de acción es a través de tenebrosos contubernios con el antiguo partido oficial?
Por último, y ya que estamos conjeturando sobre disparates y despropósitos, permítanme ustedes aventurar una presunción absolutamente esperpéntica y, por favor, no lo tomen en serio aunque yo en lo personal es la única manera en que medio que entiendo las cosas: Calderón no sabía nada del acuerdo Gómez Mont-Nava-Paredes-Peña Nieto. Fue él, por lo tanto, quien acordó primeramente las alianzas electorales con el PRD, sin preocuparse, en lo absoluto, de la reacción del PRI. Digo, Calderón en lo particular no había celebrado ningún pacto electoral con la Paredes ¿o sí? Ya después, cuando se cabrearon los priistas, Gómez Mont no tuvo más remedio que desembuchar. Así pasa cuando el secretario y al jefe del partido trabajan a espaldas de su jefe. Pues eso.
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