martes, 16 de marzo de 2010

Que no se haga tonto Obama --Federico Arreola

El sábado al mediodía fueron asesinadas tres personas que, de un modo u otro, estaban ligadas a un consulado estadounidense. Por tal razón, Mike Hammer, vocero del Consejo de Seguridad Nacional de ese país, dijo: “El presidente Barack Obama siente muchísimo y está indignado ante las noticias de los brutales asesinatos de tres personas vinculadas al consulado general de Estados Unidos en Ciudad Juárez, México”.


Según el analista Jorge Fernández Menéndez, de Excélsior y Grupo Imagen, se trató de una provocación “que recuerda el caso de Enrique Camarena, aquel agente de la DEA, secuestrado y asesinado hace casi exactamente 25 años, en Guadalajara, por Rafael Caro Quintero, cuya muerte desató un conflicto bilateral profundo que duró años. En este caso, a diferencia del de Camarena, no hay acusaciones del gobierno estadunidense contra el mexicano, pero la tentación de aquél y, sobre todo, de varias agencias de seguridad de ese país de intervenir en lugares como Ciudad Juárez debe estar a flor de piel. Y es una tentación justificada”.


Con certeza fue una provocación de las mafias de las drogas que en la actualidad se enfrentan a las fuerzas armadas mexicanas en la absurda, y en mi opinión totalmente perdida, guerra de Felipe Calderón contra el narco. En ese sentido, el ataque a personas del consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez debe ser considerado una simple, aunque brutal y criminal, estrategia bélica.


Al margen de que sobran razones para pensar que Calderón va perdiendo por incompetente su guerra contra el narco, a la que tal vez no se debió haber metido, lo cierto es que el origen del problema, como siempre, se halla en la economía: Algunas personas arriesgan la vida en el proceso de vender drogas ilegales porque muchas otras las pagan carísimas.


A Barack Obama, además de la seguridad de los estadounidenses que residen en territorio mexicano, le debe preocupar la posibilidad de un colapso económico en nuestro país. México es una nación enorme que, si quebrara, provocaría a la economía global males mayores que los causados por la crisis de Grecia, España, Irlanda y Portugal.


Las citadas declaraciones de Obama provocarán, en el corto plazo, problemas en una de las mayores industrias en México, de las pocas que generan divisas: el turismo. Si la violencia crece y el miedo en Estados Unido aumenta, los ciudadanos de ese país dejarán de visitarnos y nosotros, solo por ese hecho, estaremos en una crisis grave.


No podemos pedirle a Obama que deje de alarmarse cada vez que sus compatriotas resulten agredidos en México. Sí podemos pedirle que entienda el problema, ya que parece no comprenderlo.


La oferta crea su propia demanda. Esta es una ley económica. En Estados Unidos ha crecido la demanda de empleos muy específicos y muy bien remunerados: narcotraficantes mexicanos para abastecer a aquel mercado, simplemente porque en México ha aumentado la oferta de jóvenes temerarios y con habilidades para llevar las drogas hasta allá. Son muchachos que no ofrecen su trabajo en el mercado legal simplemente porque este se encuentra deprimido y sin posibilidades de pagar buenos salarios.


¿Por qué la oferta de drogas procedentes de México encuentra rápidamente demanda, a precios muy elevados, en Estados Unidos? Porque han fallado allá los líderes morales. La estadounidense es una sociedad de viciosos que todo lo consumen, como la nuestra sin duda, porque en su sistema ha fallado la educación.


La ley de que la oferta crea su propia demanda opera también de allá para acá. Los fabricantes y vendedores de armas ofrecen sus arsenales a nuestros traficantes y estos, desde luego, los demandan invariablemente dispuestos a pagar cualquier precio.


Que no se haga tonto Obama, pues. Sus compatriotas son viciosos, tienen dinero y pagan lo que sea por los productos ilegales que les ofrecen nuestros narcotraficantes, que en México no encuentran empleos bien remunerados. Y, al mismo tiempo, algunos empresarios de Estados Unidos hacen muy buen negocio vendiendo armas a nuestros narcos que las necesitan para protegerse ya que, por la ilegalidad en la que se mueven, solo a balazos pueden mantener operativos sus procesos comerciales.


Como está visto que los estadounidenses no dejarán de ser viciosos, lo mejor que pueden hacer es aceptar es la legalización de las drogas, al menos de la mariguana. Ya después se legalizaría en México, de tal forma de que El Chapo dejara de ser un delincuente para pasar a las filas del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios. Los Zetas, desde luego, dejaría de ser una organización criminal para competir lealmente con la Cervecería Modelo, el ron Barcardí y las empresas tequileras, cuyos venenos son tan dañinos como la mariguana y la cocaína.

Si Obama no entiende que los grandes males necesitan grandes remedios, el problema del narco en México hará estallar a nuestro país, lo que provocará en Estados Unidos y en el mundo enormes perjuicios económicos y sociales. Es que, en la globalización, lo que mata a uno, mata a los otros.

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