jueves, 10 de abril de 2014

María Félix, una mujer con huevos

@NietzscheAristojue 10 abr 2014 10:00
  
 
Actriz y persona son una sola. Tiene razón Octavio Paz, primero es engendrada y después se inventa ella misma; así, nace dos veces. Persona-histrión y personaje devienen uno mismo, cambie o no de nombre de acuerdo al trabajo. Como Tin Tan, Clavillazo, Resortes, Cantinflas, La india María…
Y en la pantalla y en la calle, no hay distinción, persona y personaje se han imbricado y viven una realidad particular, única, en la que se crea una atmósfera unidimensional que se transfiere a las distintos escenarios. María Félix, siempre es María Félix, una mujer con huevos, en la pantalla y fuera de ella. Siempre que haya un público que lo atestigüe. La intimidad frente al espejo, la ignoramos.
Con huevos, es decir, con carácter o temperamento reservado como prototipo a los hombres (y tan admirado en México: un hombre o mujer con muchos huevos). Ella encarna una masculinidad dentro de la femenina belleza de que la naturaleza le ha prodigado. Y es consciente de ello y lo explota, lo vive, vive de ello y por ello.
Cuando es “descubierta” y debuta en El peñón de las ánimas, queda de una vez y para siempre registrada y explicitada la mujer y el personaje que se irá construyendo y solidificando como una sola entidad. María Félix será una mujer con huevos en una tierra de machos.
Mujer fuerte, doña, mandona, estrella, devoradora, diabla, generala,… ¿Dónde se fragua la fortaleza que vive en aparente contradicción con la belleza, contradicción que exalta el deseo “prohibido” y reservado para algunos cuantos, los elegidos por la belleza maldita?
Y es natural que Félix (“María bonita”, idealizado objeto de inspiración y amor cantado por “El flaco de oro”, deseado por “El charro cantor”), como personaje público preconcebido (de nuevo, desconocemos la intimidad frente al espejo), desprecie un rasgo de vulnerabilidad. Si siempre ha sido una actriz acartonada que sólo recrea de manera disciplinada su recio personaje, se comprende que rechace un carácter y una película donde se exhiben filos fuera de lo usual. Una mujer sometida por consideración, por ternura, a un hombre. Y peor todavía, a un hombre que es indio.
Claro, en México es impensable que una mujer criolla, de alcurnia, refinada, urbana, se conmueva y se someta al amor y a la voluntad de un indio oaxaqueño (salvo quizá en el conocido caso de Benito y Margarita). Pero estamos ante la ficción.
Tizoc tal vez sea la película en que la vulnerabilidad y el sentido humano de Félix estén más presentes, más expuestos que en ningún otro trabajo de su filmografía. Y es el filme, por lo humano, porque no se ve a María Félix recreando a María Félix, que en lo personal más le desagrada de su repertorio; reniega de su probable mejor interpretación desde la perspectiva de la vulnerabilidad humana.
Mas hay que considerar que el indio se llamaba Pedro Infante.
En el centenario de su  nacimiento, se celebra su figura, su carácter irrenunciable, su modelo: María Félix es y será María Félix, por siempre. 

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