lunes, 15 de febrero de 2016


El primer Papa latinoamericano, jesuita por añadidura y opuesto a los vicios del clericalismo, que pregona una "iglesia pobre y para los pobres" y anuncia el fin del "invierno eclesial", caracterizado por una jerarquía ostentosa y dañada por la corrupción y la pederastia; viene a reanimar a la feligresía mexicana -al amparo del culto guadalupano- consciente de que en tres decenios el catolicismo ha disminuido del 95% al 69% en este país. Llega con una agenda progresista para la jerarquía mexicana, preeminentemente conservadora. Su visita a San Cristóbal de las Casas y el recuerdo de Samuel Ruiz parecen ser un claro anuncio en ese sentido.

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