Por más que los medios de comunicación intentan desaparecer a Andrés Manuel López Obrador y ocultar la información de lo que realmente sucede en el país, la gente despierta de manera sorprendente y se suma al Movimiento que encabeza AMLO.
A unas semanas de que Calderón se presentara en Ciudad Juárez, rodeado de un impresionante operativo de seguridad, el jueves pasado llegó a esa entidad Andrés Manuel López Obrador para presentar un Plan de Desarrollo Social con el que puede abatirse el flagelo de la delincuencia que tiene a esa ciudad fronteriza sumergida en un estado de pánico y desesperación. El recibimiento cálido a su persona y a sus propuestas marcó la diferencia con la visita de Calderón, que sólo fue a prometer más mano dura contra la delincuencia.
Comentaristas e intelectuales de la derecha arguyen que las propuestas de López Obrador son inviables y por lo mismo las consideran una locura.
Para la gente que padece y sufre las consecuencias de los desatinos de la derecha, en seguridad, economía, educación, salud y respeto a las garantías individuales, las propuestas de Obrador son todo lo contrario. No se necesita cursar un doctorado en sociología o economía para saber que si el pueblo carece de lo elemental para satisfacer sus necesidades básicas, el deterioro social desencadena en conductas delictivas.
¿Para quién es una locura que el dinero, que pertenece al pueblo, se distribuya de manera equitativa y con él se generen fuentes de empleo, infraestructura, programas de apoyo a jóvenes, adultos mayores, discapacitados, escuelas, centros de salud, investigación científica y tecnológica, arte y cultura?
Obviamente que representan una locura para funcionarios, gobernantes, inversionistas extranjeros y grandes empresarios que se enriquecen a costa del empobrecimiento del pueblo, y no sólo me refiero al empobrecimiento económico sino al empobrecimiento espiritual.
El hecho de que los medios de la derecha no reconozcan que a Andrés Manuel López Obrador lo asiste la razón, no evita que la gente recuerde que AMLO anticipó todo lo que está sucediendo, desde la crisis económica hasta la venta descarada de los bienes de la nación, que ocurre veladamente mientras los medios nos quieren llenar los ojos con chismes del lavadero político.
AMLO dijo hasta el cansancio que PRI y PAN son lo mismo y que representan a la oligarquía que decide el destino del país. Basta ver lo que sucedió esta misma semana para darle la razón. Se descubrió el PACTO DE HONOR que firmaron los prianistas, unos avalando el aumento de impuestos y otros prometiendo proteger a Peña Nieto de la debacle que puede sufrir en las próximas elecciones por su pésimo desempeño como gobernador del Estado de México, donde la gente padece por el desempleo, la inseguridad, las inundaciones y los pésimos servicios educativos y de salud.
Mientras Calderón anuncia, desde un campo de Golf en Bahía de Banderas, que este año habrá un crecimiento económico del 4 o 5 por ciento, el director del Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN), del Tecnológico de Monterrey, José Luis de La Cruz, aseguró que el deterioro en la calidad del empleo y la inflación (provocadas por el aumento en los impuestos y en el costo de los combustibles que aprobaron los del PACTO DE HONOR) provocarán que entre 5 y 6 millones de mexicanos se sumen a las filas de la pobreza este año.
Mientras Calderón atribuye la violación de los derechos humanos al crimen organizado, la CNDH informa al “Ejecutivo” que ha habido un incremento notable en las quejas por la actuación del Ejército en la lucha contra el narcotráfico, al grado de que en 2009 la Secretaría de la Defensa Nacional fue la dependencia gubernamental contra la cual se presentaron más denuncias por presuntas violaciones a los derechos humanos, y la que acumuló, también, más recomendaciones por parte de ese organismo público “autónomo”.
El titular de la dependencia, Raúl Plascencia, le dio la razón a López Obrador al declarar durante la entrega de su informe, a 100 días de ocupar el cargo, que el grado de cumplimiento de los derechos humanos representa un signo característico de la democracia, así como un indicador de la gobernabilidad y el pilar fundamental del estado de derecho.
Por lo tanto, en México no hay democracia, gobernabilidad ni estado de derecho, justo lo que dice López Obrador.
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