lunes, 14 de abril de 2014

Bill de Blasio y los mexicanos inmigrantes en Nueva York; 100 días

@NietzscheAristolun 14 abr 2014 08:46
  
 
Es claro que tampoco con el encargado del ejecutivo actual habrá un cambio en beneficio de los inmigrantes mexicanos. ¡Si no lo hay para los que viven en el país!
Ha cumplido Bill de Blasio cien días como alcalde de la ciudad de Nueva York. Una de las primeras líneas del balance dice que, si bien al ser elegido los neoyorquinos conocían  su discurso liberal y sabían que en esa vertiente no fallaría (y no ha fallado, pues ha sostenido todas sus frases tratando de avanzar en la acción y en el cumplimiento de ellas), será a partir del nuevo trecho hacia el día 200 (qué necedad esa de medir los tiempos de gobierno, como si los resultados de esa periodicidad arrojara algo más que pasto para los columnistas; en México, con el abuso del poder, esa medición sirve para poco más que nada), cuando se comprobará si la propuesta del discurso liberal en campaña se verá reflejado en la acción, cuando tenga que realmente ejecutar en la práctica los distintos programas ofrecidos.
Dentro de los programas, hay dos que tocan directamente a los miles de mexicanos que trabajan en la ciudad, quienes representan una exhibición clara del fracaso de decenios de gobiernos priistas y panistas que no han podido ni querido ofrecer una oportunidad vital a los ciudadanos en su propio país y que aun han llegado al extremo de estimular la salida de éstos hacia Estados Unidos como en el caso de Vicente Fox, con tal de aumentar la fuentes de ingresos por envíos de dinero, o de forzar su salida a causa del crimen y la violencia, como en el caso de Felipe Calderón o simplemente movidos por la miseria a que la corrupción de gobiernos priistas (y también perredistas a niveles locales) ha conducido a la nación. Y es claro que tampoco con el encargado del ejecutivo actual habrá un cambio en beneficio de los inmigrantes mexicanos. ¡Si no lo hay para los que viven en el país!
Los programas de Bill de Blasio que atañen directamente a los inmigrantes son el de pre-kínder universal (guarderías) y el de la tarjeta de identificación de la ciudad de Nueva York. Ambos son incluyentes, sin condicionamiento del estatus migratorio. El beneficio  de ambos sería considerable en términos prácticos. Hasta ahora, por ejemplo, la mayoría de los miles de trabajadores mexicanos han carecido de una identificación que es requisito obligado para ciertos procedimientos como los servicios bancarios, médicos, de educación (acceso a escuelas para recoger a los niños y bibliotecas), permisos, etc. Así, a pesar de su actividad fundamental en la ciudad, viven casi en una vergonzosa condición de clandestinidad.
Se trata de dos programas que plantean una ciudad incluyente y más humana. Y aunque hay grupos de conservadores que se oponen, con su desarrollo, de Blasio tendrá la oportunidad de aplicar su discurso a la realidad. Aunque cuente incluso con la oposición del mismo gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, quien se ha manifestado contra el plan de cobrar más impuesto a los multimillonarios neoyorquinos. Para evitar que éstos sean tocados por las políticas del nuevo alcalde, ha decidido que sea el Estado quien pague por el programa de pre-kínder de la ciudad en vez de sostenerlo con el ingreso de impuestos más justos.
Con ello, un mexicano de distinta condición a la de los miles de inmigrantes como Carlos Slim, junto con otros multimillonarios del mundo, obtienen una condición de intocables que pareciera les es consustancial. 
La concepción de una ciudad incluyente, humana y universal va más de acuerdo con la multiculturalidad y las necesidades de Nueva York. No se le debe concebir como una ciudad de multimillonarios con millones de gente a su servicio y entre ésta a miles en condición de esclavitud moderna, sin beneficio mínimo alguno como resultado de su arduo trabajo, como en el caso de los inmigrantes. En este concepto está el futuro de Bill de Blasio y el de la ciudad

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