domingo, 22 de septiembre de 2013

“¿Quieren paro nacional?”, preguntó AMLO | CRÓNICA

FOTO: Jaime Avilés
FOTO: Jaime Avilés
Por: Jaime Avilés, corresponsal (@Desfiladero132)
México, DF, 22 de septiembre–. Con mi tarjetota plastificada colgada del pescuezo –que era un salvoconducto para subir al templete– iba entre la multitud explorando laberintos de sombreros y sombrillas, brazos ajenos pegados codo a codo y hombro con hombro, que tan pronto se apartaban para dejarme pasar como se cerraban al instante siguiente.
--Compermiso, compermiso –iba diciendo, hasta que decidí estacionarme a diez metros de la parte posterior del escenario.
Ya no hay lugar –dijo un señor a mis espaldas.
Era cierto. Yo acababa de ocupar un espacio en el que cabían mis zapatos del número 7, pero cuando giré la cara para ubicar al quejoso, descubrí que era más alto que yo, y le pregunté con sorna:
¿Le tapo la vista?
–No, pero viniste a meter más presión…
A eso vinimos todos, ¿no?
La gente atiborraba la mitad de la glorieta de Colón, desde el monumento en honor al genovés, hasta los vidrios del Starbucks y los muros del hotel Fiesta Palace, por un lado, y por el otro hasta el escaparate del café Cielo y negocios aledaños. Y desde ahí abarrotaba todos los carriles de ida y de vuelta del Paseo de la Reforma, hasta la glorieta de Cuauhtémoc, y aún más allá del cruce de Reforma e Insurgentes.
Miles y miles de pobres entre los pobres, que se habían preparado para venir al DF, tuvieron que quedarse en sus pueblos de Guerrero, Veracruz, Michoacán, Sinaloa, Nayarit y otros estados, a lidiar con las avalanchas de lodo y de agua que provocaron Manuel e Ingrid.
Al menos 15 autobuses que el sábado por la tarde salieron de Zacatecas con unas 500 personas a bordo, fueron detenidos por la Policía Federal. En Guadalajara hubo camioneros que ya habían sido contratados para emprender el viaje y que lo cancelaron de última hora “porque nos lo pidió [la Secretaría de] Gobernación” (sic).
AMLO marcha 13
De cualquier forma, aquello era un gentío que había marchado desde la glorieta del Ángel de la Independencia hasta el pedestal del almirante europeo, y el sol estaba resecando las gargantas y calentando las cabezas, cuando Andrés Manuel pidió un minuto de silencio por las víctimas de las inundaciones.
Ese silencio, entre otras cosas, permitió hacer notorio que no había helicópteros de las televisoras, ni de la Policía Federal, ni de ningún otro poder fáctico. También le permitió al orador tomarle el pulso a sus oyentes y sacó en claro que estaban deseosos –no, ésa no es la palabra, más bien estaban ávidos– de escucharlo y recibir instrucciones para iniciar la lucha de resistencia contra la que se vislumbra como inminente privatización de Pemex.
Antes de que el máximo dirigente opositor del país tomara la palabra, mientras miles y miles aún aguardaban en la glorieta del Ángel a que los de adelante les dejaran espacio para empezar a marchar, el padre Miguel Concha, presentado por Jesusa Rodríguez, habló en nombre de las personalidades que hace unos días hicieron un llamado a la unidad nacional para la defensa de la soberanía nacional y el petróleo.
Vocero de Cuauhtémoc Cárdenas, Pablo González Casanova, don Raúl Vera y del propio Andrés Manuel, el sacerdote dominico se pronunció enérgicamente en contra de la “reforma hacendaria”, a la que definió como “un plan económico de choque” cuyos efectos nos perjudicarán a todos.
Después del padre Concha habló el controvertido Rubén Núñez, líder de la sección 22 de la CNTE, y su presencia despertó manifestaciones de simpatía hacia los maestros que aún acampan en el Monumento a la Revolución, a 500 metros del sitio donde se efectuaba el acto.
Alberto Anaya, líder del PT, y Martí Batres, del Movimiento Regeneración Nacional, complementaron el menú de aperitivos retóricos, de modo que cuando López Obrador entró en escena la impaciencia se mezclaba un poco ya con el cansancio. Y el arranque del discurso no fue muy alentador.
Mucha gente, sobre todo personas jóvenes y señaladamente entre ellas numerosas mujeres, habían hecho pública su insatisfacción por el quietismo de la resistencia pacífica. La noche del sábado, horas antes del mitin, una de esas muchachas escribió en Twitter: “Si mañana AMLO no propone acciones concretas, será el momento de decirle adiós y transformar a México”.
Yo reproduje al instante su comentario porque me pareció representativo de una extendida manera de pensar. Y es que tras el mitin del domingo antepasado en la Alameda, en el que AMLO se limitó a convocar al que se celebró hoy, las críticas en redes sociales se dispararon en contra de su tibieza aparente. Otra tuitera dijo: “A mí esto de la república amorosa ya me empalagó”.
“AMLO necesita reinventarse. Las viejas recetas ya no le funcionan”, tuiteé a mi vez con la intención de alertarlo al respecto. Y las decepciones y las impaciencias reventaron esta mañana, cuando en la parte central de su discurso, después de exigirle a Peña Nieto un plan de austeridad que permita en 2014 un recorte mayor en los salarios y prebendas de la alta burocracia, para evitar el aumento de impuestos que propone la reforma hacendaria, en distintos ámbitos del gentío se empezó a escuchar, más bien quedito: “paro nacional, paro nacional”.
FOTO: Jaime Avilés.
FOTO: Jaime Avilés.
El líder de Morena recordó a continuación que ninguno de los candidatos a los puestos de elección popular, durante la campaña del año pasado, propuso modificar los artículos 27 y 28 de la Constitución para que Pemex “comparta” con inversionistas privados sus ganancias, por lo cual demandó que antes de llevar a cabo la reforma energética se consulte a todos los habitantes del país.
Abajo, entre la gente, volvió a oírse, ahora más fuerte: “paro nacional, paro nacional”. En seguida, Andrés Manuel llamó a una nueva concentración para el 6 de octubre (cuando falten sólo nueve días para la aprobación de la reforma energética), y dijo que si para entonces Peña no contesta a la exigencia de la consulta sobre Pemex…
En ese momento, la gente le arrebató la palabra gritando entre signos de admiración:
“¡Paro nacional! ¡¡Paro nacional!! ¡¡¡Paro nacional!!!”
Creo, sin exagerar, que en la ya larga historia de este movimiento, esta expresión multitudinaria marcará un hito como el que se produjo el 14 de marzo de 2004, en el Zócalo, cuando miles y miles, ante la amenaza del desafuero, por primera vez lo llamaron: “¡presi-dente!, ¡¡presi-dente!!, ¡¡¡presi-dente!!!”.
--¿Puedo seguir? –dijo AMLO hoy, al cabo de casi dos minutos de oír “paro nacional, paro nacional”–. Propongo que de aquí al 6 de octubre cada uno de los presentes consiga la firma de 10 personas que estén a favor de la consulta, y que los que vivimos en el DF traigamos ese día a cinco de esas personas, y los que son del estado de México traigan a tres de esas personas.
Ante esta iniciativa, los gritos se transformaron en aplausos.
–Vamos a colocar urnas en todo el Paseo de la Reforma, para que depositen sus firmas –esto causó un momentáneo desconcierto, pero entonces dijo–: ¿Quieren paro nacional? Pues primero necesitamos ser más, juntar a muchos más, traer a muchos más, para que el 6 de octubre esto se llene desde el Zócalo hasta el Auditorio Nacional.
Y saliéndose del guión, remando contra la corriente, preguntó a sus críticos, en respuesta quizá a la joven que le había puesto un ultimátum tuitero: “¿Hay trabajo o no hay trabajo?”. La gente contestó: “¡Síii!”
Y así quedaron las cosas, como quien dice, en suspenso, porque con su discurso AMLO soltó una bola de nieve que, rodando y rodando, tendrá que crecer de aquí al 6 de octubre, hasta alcanzar proporciones gigantescas. Si esto no ocurre, nada impedirá la privatización de Pemex y el saqueo fiscal. ¿Hay trabajo o no hay trabajo?
FOTO: Radio Amlo.

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