El éxito de la Reforma Energética
Se trata entonces de creer que al final todo esto se reflejará en mi bolsillo o en el suyo...
He leído con atención la columna de hoy[1] del señor Federico Arreola respecto a la información que de manera privilegiada, comparte el día de hoy el diario Reforma con sus lectores: “La Reforma Energética será constitucional y buscará abrir la industria energética a los contratos con la iniciativa privada”
Tal como aparece en el citado artículo, esta iniciativa tiene muchas posibilidades de ser exitosa.
Desde mi óptica, sin embargo, “el éxito” de la reforma no está en el usufructo del legado de Cárdenas, ni en el cuestionado liderazgo del Presidente Enrique Peña Nieto. Tampoco depende de las habilidades tecnócratas del Secretario Videgaray.
El éxito de la reforma energética está supeditado a un ciudadano desinformado, mal educado y enfocado en sobrevivir en un país donde 53 millones de pobres padecen el síndrome de Estocolmo a la mexicana, vendiendo o transando el voto por una despensa a favor de quienes después trabajan para hundirlo más en la miseria[2]. Así cada seis años se reproduce esta perversa espiral que a nadie conviene, excepto a los que esta estrategia coloca en la cúspide del poder.
“No sé y no me importa” es una frase que revela ignorancia e indiferencia, dos de los males endémicos de estos tiempos, más allá de la crisis económica, política o social, pero seamos claros ¿A qué hora, la madre de dos niños que trabaja como mesera en Sanborns[3] 6 de 7 días a la semana, puede informarse acerca de la Reforma Energética si su atención está centrada en poner comida caliente sobre la mesa familiar y enviar a sus hijos a la escuela “para darles un mejor futuro”?
Como ella, otros millones de personas ven pasar los días trabajando de sol a sol, añorando llegar a descansar a la casa que rentan con mucho esfuerzo, para prender el televisor e “informarse” a través de un “interlocutor” que no admite derecho de réplica.
Un ciudadano medianamente informado al respecto de la Reforma Energética, contrastaría la información que presenta el Estado con la de expertos como Jiménez Espriú y se daría cuenta de que a pesar de experiencias como la de Noruega, México tiene todo que perder y muy poco que ganar.
¿Dónde y con quién la mesera de Sanborns, doña Güicha la de los tacos de guisado o don Pepe el panadero de la colonia, pueden conocer, enterarse, dialogar, debatir y discutir todas estas iniciativas de gobierno?
En la plaza pública.
Decía Savater, a propósito de los indignados españoles, que esta protesta se dio en España a partir de que los jóvenes comenzaron a recuperar la plaza pública y a hablar de otras cosas que no tenían nada que ver con el mundial de fútbol.
Para muchos analistas, la protesta contra esta Reforma tiene nombre y apellido: Andrés Manuel López Obrador, olvidando que este es un asunto que a todos concierne.
El líder, está bien, pero no es eterno ni perfecto. Es el abuelo jubilado que cree que “su ciclo ha terminado”, la propietaria de la lonchería que hace malabares para llegar a fin de mes, el joven desempleado a quien le hicieron creer que un título le garantizaría un trabajo digno para mantener una familia, somos usted y yo, quienes hacemos el éxito o no de esta Reforma.
Mientras el Estado guarda un escrupuloso silencio que “no ve ni oye” a quien piensa diferente, múltiples voces, no sólo la de AMLO, se han levantado en contra de esta iniciativa privatizadora que aterriza en el México de Raúl Salinas y Romero Deschamps.
Y todavía hay quien dice que “esto no se trata de creer o no, sino de datos y cifras, objetivos medibles y cuantificables”.
Pienso que están equivocados, porque aunque tuvieran razón, se trata de creer que al final todo esto se reflejará en mi bolsillo o en el suyo, estimado lector, y hasta ahora, los únicos bolsillos que hemos visto beneficiados de estas formas de hacer y pensar la política, han sido los de los políticos que han jurado, en su momento, velar por nuestros intereses antes que los propios.
Al final, sí es una cuestión de creer
¿Usted les cree, estimado lector?
Se trata entonces de creer que al final todo esto se reflejará en mi bolsillo o en el suyo...
He leído con atención la columna de hoy[1] del señor Federico Arreola respecto a la información que de manera privilegiada, comparte el día de hoy el diario Reforma con sus lectores: “La Reforma Energética será constitucional y buscará abrir la industria energética a los contratos con la iniciativa privada”
Tal como aparece en el citado artículo, esta iniciativa tiene muchas posibilidades de ser exitosa.
Desde mi óptica, sin embargo, “el éxito” de la reforma no está en el usufructo del legado de Cárdenas, ni en el cuestionado liderazgo del Presidente Enrique Peña Nieto. Tampoco depende de las habilidades tecnócratas del Secretario Videgaray.
El éxito de la reforma energética está supeditado a un ciudadano desinformado, mal educado y enfocado en sobrevivir en un país donde 53 millones de pobres padecen el síndrome de Estocolmo a la mexicana, vendiendo o transando el voto por una despensa a favor de quienes después trabajan para hundirlo más en la miseria[2]. Así cada seis años se reproduce esta perversa espiral que a nadie conviene, excepto a los que esta estrategia coloca en la cúspide del poder.
“No sé y no me importa” es una frase que revela ignorancia e indiferencia, dos de los males endémicos de estos tiempos, más allá de la crisis económica, política o social, pero seamos claros ¿A qué hora, la madre de dos niños que trabaja como mesera en Sanborns[3] 6 de 7 días a la semana, puede informarse acerca de la Reforma Energética si su atención está centrada en poner comida caliente sobre la mesa familiar y enviar a sus hijos a la escuela “para darles un mejor futuro”?
Como ella, otros millones de personas ven pasar los días trabajando de sol a sol, añorando llegar a descansar a la casa que rentan con mucho esfuerzo, para prender el televisor e “informarse” a través de un “interlocutor” que no admite derecho de réplica.
Un ciudadano medianamente informado al respecto de la Reforma Energética, contrastaría la información que presenta el Estado con la de expertos como Jiménez Espriú y se daría cuenta de que a pesar de experiencias como la de Noruega, México tiene todo que perder y muy poco que ganar.
¿Dónde y con quién la mesera de Sanborns, doña Güicha la de los tacos de guisado o don Pepe el panadero de la colonia, pueden conocer, enterarse, dialogar, debatir y discutir todas estas iniciativas de gobierno?
En la plaza pública.
Decía Savater, a propósito de los indignados españoles, que esta protesta se dio en España a partir de que los jóvenes comenzaron a recuperar la plaza pública y a hablar de otras cosas que no tenían nada que ver con el mundial de fútbol.
Para muchos analistas, la protesta contra esta Reforma tiene nombre y apellido: Andrés Manuel López Obrador, olvidando que este es un asunto que a todos concierne.
El líder, está bien, pero no es eterno ni perfecto. Es el abuelo jubilado que cree que “su ciclo ha terminado”, la propietaria de la lonchería que hace malabares para llegar a fin de mes, el joven desempleado a quien le hicieron creer que un título le garantizaría un trabajo digno para mantener una familia, somos usted y yo, quienes hacemos el éxito o no de esta Reforma.
Mientras el Estado guarda un escrupuloso silencio que “no ve ni oye” a quien piensa diferente, múltiples voces, no sólo la de AMLO, se han levantado en contra de esta iniciativa privatizadora que aterriza en el México de Raúl Salinas y Romero Deschamps.
Y todavía hay quien dice que “esto no se trata de creer o no, sino de datos y cifras, objetivos medibles y cuantificables”.
Pienso que están equivocados, porque aunque tuvieran razón, se trata de creer que al final todo esto se reflejará en mi bolsillo o en el suyo, estimado lector, y hasta ahora, los únicos bolsillos que hemos visto beneficiados de estas formas de hacer y pensar la política, han sido los de los políticos que han jurado, en su momento, velar por nuestros intereses antes que los propios.
Al final, sí es una cuestión de creer
¿Usted les cree, estimado lector?
No hay comentarios:
Publicar un comentario