
SOBRE EL AUTOR
Martí Batres,
Martí Batres (México DF., 1967) es el presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena. Inició su carrera política a los 14 años. Ha sido dos veces diputado federal y diputado local en un periodo. En la administración pública se ha desempeñado como Subsecretario de Gobierno y Secretario de Desarrollo Social en el Gobierno del Distrito Federal. En el ámbito periodístico ha colaborado en diversas publicaciones como La Jornada, Proceso, El Universal y Milenio, entre otras. Es Premio Nacional de Periodismo 2003. Cuenta con seis libros publicados entre los que destacan "Las Claves de AMLO" y "Los Derechos de las Familias en la Ciudad de México". Actualmente es profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Martí Batres (México DF., 1967) es el presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena. Inició su carrera política a los 14 años. Ha sido dos veces diputado federal y diputado local en un periodo. En la administración pública se ha desempeñado como Subsecretario de Gobierno y Secretario de Desarrollo Social en el Gobierno del Distrito Federal. En el ámbito periodístico ha colaborado en diversas publicaciones como La Jornada, Proceso, El Universal y Milenio, entre otras. Es Premio Nacional de Periodismo 2003. Cuenta con seis libros publicados entre los que destacan "Las Claves de AMLO" y "Los Derechos de las Familias en la Ciudad de México". Actualmente es profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México.
En la presente campaña por la privatización del petróleo, Peña Nieto y el Pacto por México están utilizando su colección completa de mentiras sobre este tipo de saqueo de empresas estatales.
Los hechos han probado que todos los argumentos que esgrimen hoy los partidarios de entregar la renta petrolera a manos privadas extranjeras y nacionales, son embustes que se vierten en los medios de comunicación conforme van perdiendo el debate.
Ante la férrea oposición de la sociedad a entregar la riqueza petrolera a las grandes empresas transnacionales, han deslizado la idea, entre otras, de que los beneficiarios de la "apertura petrolera" serían los propios mexicanos, pues los nuevos inversionistas privados serían nacionales.
Bastan algunos ejemplos para demostrar que estos arranques de nacionalismo por parte de los neoliberales fungen únicamente como estrategia de propaganda ante la reticencia de la sociedad a entregar a extranjeros empresas del Estado y que sólo constituyen un peldaño para lograr el traspaso de los bienes nacionales a empresas transnacionales.
En 1982 la banca era totalmente de la nación. En el sexenio de Miguel de la Madrid, se privatizó el 30%. Con Carlos Salinas se privatizó el 100%, pero en el decreto de privatización se estableció que los bancos sólo podían ser adquiridos por mexicanos. No obstante, en el sexenio de Zedillo pasó a manos de extranjeros el 90% de la banca.
El mismo proceso ocurrió con otras ramas de la economía. La petroquímica secundaria se privatizó primero para nacionales y luego se quitó la restricción. Las telecomunicaciones se fueron privatizando por partes, primero la telefonía, después la televisión, más tarde los satélites, todo para nacionales, y recientemente se hizo la reforma para permitir la inversión extranjera en esta área.
Las privatizaciones de minería, ferrocarriles, siderurgia, terminaron también en un proceso de desnacionalización.
No han sido los empresarios nacionales, y menos aún los medianos empresarios, los beneficiarios privilegiados de las privatizaciones. Sí es cierto que algunos de los hombres más ricos de México lo llegaron a ser por la vía de la adquisición de empresas públicas. Pero también lo es que algunos de ellos terminaron vendiendo dichas empresas o instituciones. Por ejemplo, Roberto Hernández adquirió Banamex y luego vendió dicho banco al norteamericano City-Group.
En manos nacionales o extranjeras, las privatizaciones no han rendido resultados tangibles a la economía de las familias mexicanas. No sólo no han llegado las tarifas, los precios competitivos que abaraten productos y servicios, tampoco se ha dado el boom de la inversión productiva y el empleo, ya que a cada privatización le siguen el alza de precios y el despido de trabajadores. Basta un ejemplo: Ferrocarriles Nacionales despidió a 50 mil empleados y las empresas ferroviarias que se crearon tan sólo recontrataron a 20 mil.
México es el segundo país más privatizador en América Latina. De acuerdo al Banco Mundial, en la década de los 90, México transfirió a manos privadas nacionales y extranjeras el 20.4% de las empresas propiedad del Estado en la región. De 1990 a 1998, las ganancias de lo vendido estuvo apenas por debajo del monto de la deuda externa, sin que eso significara el desarrollo del país.
Tenemos 30 años de fracasos en las privatizaciones. Tres décadas en las que hemos visto cómo cada uno de los argumentos por la privatización del patrimonio nacional han resultado mentiras. Son 30 años en los que la desigualdad social en México se ha disparado de manera dramática. Sin embargo, en el caso del petróleo, apuestan a la desmemoria y vuelven a prometer lo que saben no van a cumplir.
Pero de lo que sí nos acordamos muy bien es que cada privatización termina en una desnacionalización.
Twitter: @martibatres
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