Boato y desvergüenza en la política mexicana
Despilfarro y boato indican que se vive en México una época de decadencia.
El Universal informa lo que ha gastado Rosario Robles en un evento del Auditorio Nacional como parte de su “cruzada” contra el hambre de los mexicanos; o de cómo se combate el hambre con derroches:
“La Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) pagó 10 millones 461 mil 482.7 pesos por el concierto ‘Compartamos la música, erradiquemos el hambre’ organizado dentro de la Cruzada Nacional contra el Hambre (CNCH) el 30 abril de 2013.
“La dependencia -que encabeza Rosario Robles Berlanga- dijo que por la renta del Auditorio Nacional, sede del concierto, erogó un millón 263 mil pesos; cinco millones 588 pesos por el pago de artistas como Ely Guerra, La Gusana Ciega, entre otros; 471 mil pesos por el pago a personal de producción entre otros gastos.” (09-012-14).
Las preguntas mínimas:
1. ¿Cuánto se recaudó por las entradas? Para sólo recuperar la inversión tuvieron que haber vendido el 100% de los boletos a $150.00 c/u. Cero “cortesías” y burócratas colados.
2. El elenco mencionado, ¿vale lo que enuncia la cifra millonaria? ¿Nadie ofreció sus servicios desinteresados a causa tan noble? ¿No había “famosos” más baratos?
3. ¿Quién fue el encargado de la producción?
4. ¿De qué se trata la CNCH, de acciones auténticas o de relumbrón para una causa que pareciera más bien electoral? (por eso no extrañen al público los candigatos y los candiburros, etc.).
El Universal informa también el fin de semana (08-012-14), sobre las diversiones de los senadores y diputados a raíz de una “pachanga” panista en las insignes instalaciones del Cenado. Naturalmente, el acto no es exclusivo del panismo, perredistas, priistas y demás no lo hacen peor, o mejor.
Los onerosos, insultantes e indignantes salarios que paga el erario público a los legisladores federales y estatales en medio de un país que vive entre la miseria y la deglución chatarra (país de obesos, gordos y muertos de hambre), debieran de proporcionar a estos individuos tan convencidos de sus méritos de levanta-dedos, cierta mesura. Pero no, como en las peores épocas de Roma imperial, los interfectos se dan la gran vida: pachangas, mariachis, parrilladas, taquizas, moladas, boato, sensualidad, panzas, barrigas, botellas, borracheras, aniversarios, despedidas, bienvenidas, etc., nada se los impide. Sus elocuentes ingresos hablan por sus talentos.
Las exorbitantes ganancias y los comportamientos de magistrados y funcionarios del IFE son ya también del dominio público.
Despilfarro y boato indican que se vive en México una época de decadencia. Vidas opulentas de burócratas y empresarios (traficantes de influencias, muchos de ellos), en oposición a la miseria no sólo en las calles, también entre la clase media y los jodidos. Decisiones trascendentes y contrarias al interés ciudadano tomadas en la cúpula de pactos, reuniones secretas y comilonas.
Da lo mismo Chayo que Preciado o cualquier magistrado: todos cortados por la misma medida que se toma de la mano con la corrupción de México, el país decadente del siglo XXI.
P.d. Y las excepciones, que hablen por sí mismas.

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