“Vagoneros”, fuera del metro
El metro es un sistema de transporte público, no un mercado. Si no se puede caminar holgadamente los pasillos o viajar cómodo por la saturación, cuando menos hacerlo con tranquilidad y relativo silencio.
Muchos de los “vagoneros” y ambulantes que venden en los pasillos del metro, son violentos. Particularmente quienes ofrecen discos y videos que anuncian con altavoces intolerables. Violentan con los aparatos, el ruido y, si se les llama la atención o se les mira “feo”, agreden verbal y aun físicamente.
Pero en realidad, todos los vendedores, aun los “cieguitos”, molestan al agobiado pasajero de la ciudad que se ha tragado en silencio el alza a la tarifa impuesta por Mancera a través de una consulta simulada y antidemocrática.
La obviedad dicta: el metro es un sistema de transporte público, no un mercado. Si no se puede caminar holgadamente los pasillos o viajar cómodo por la saturación, cuando menos hacerlo con tranquilidad y relativo silencio; los ambulantes no lo permiten. Hace pocos años se turnaban de un vendedor por vagón, ahora han llegado al cinismo de 2 o 3 al mismo tiempo y a la desfachatez de ocupar carriles completos que estorban y atoran el paso.
Hay quienes argumentan a favor de ellos que tienen que trabajar, llevar el sustento a sus familias, sobrevivir. Sí, pero deben buscarse otras alternativas, no en el metro. Otros dicen que si tienen éxito es porque son demandados (el pasajero, cautivo, compra objetos innecesarios y golosinas dudosas, “cosas baratas”, también por una condición precaria; y termina siendo peor: engorda chatarra y productos inservibles). Pero ya se sabe que no necesaria o solamente se trata de “pobres” desempleados. Se ha documentado que existen mafias detrás de ellos.
Un reportaje de El Universal (“Vagoneros, los amos del metro”; 19-07-09) describe la intrincada red de complicidades (entre el grupo y con autoridades administrativas, policiacas y sindicales), su lenguaje de comunicación, las cuotas, la violencia con la que defienden “su” espacio incluso ante vendedores que no pertenecen a la red. Añade que el 60% de los “vagoneros” (en 2009) viven y vienen desde el Estado de México, rondan los 3 mil (aunque cifras extraoficiales triplican el número) y su germen está en las concesiones que dio el PRI a inicios de los setenta para la venta al interior del sistema metro. Ahora parece que nadie puede detenerlos y los ciudadanos, pasivos o temerosos, están prácticamente indefensos ante esa violencia y la negligencia o complicidad policiaca.
Tras la imposición de los cinco pesos como nueva tarifa, el gobierno del Distrito Federal ha anunciado que firmará un acuerdo con 21 organizaciones para que los ambulantes del metro se incorporen al comercio formal. Y para que no argumenten que ahora tendrán que ser rateros (“Autoridades nos orillan a robar: ‘vagoneros’”; Milenio, 07-01-14), mientras toman cursos serán apoyados económicamente hasta por seis meses con base en el sueldo mínimo (Excélsior, 03-02-14).
Los “vagoneros” saldrían del metro el próximo 10 de febrero. Es lo menos que debe esperarse. Los viajeros, víctimas de este fenómeno que ha crecido en exceso e irresponsablemente, lo exigen, en silencio, pero lo exigen.

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