domingo, 8 de marzo de 2015

COLUMNAS

Londres, Peña, Barbosa y la política exterior mexicana

@NietzscheAristosáb 07 mar 2015 16:45
 
La “reina” y la prole monárquica no iba a recibir a la prole de Atlacomulco nada más por que sí. Todo se reduce al interés por el petróleo y a la urgencia de rescatar a Peña de la crisis causada por Ayotzinapa y los blancos “conflictos de interés”.
Leer un lastimoso texto del perredista Miguel Barbosa que acaba de acompañar a Peña Nieto al paseo y agasajo por Gran Bretaña en “carácter de presidente de la Mesa Directiva del Senado”, “Desde Londres” (Milenio, 06-03-15), me condujo a las páginas del ensayo monográfico que actualmente escribo sobre Jaime Torres Bodet y la política exterior mexicana. Cito:
“De acuerdo con el investigador e internacionalista Mario Ojeda, (1) en el México posrevolucionario se dieron dos períodos diferenciados y uno de transición en su política exterior en general y en el área diplomática en particular. El primero de ellos, la llamada ‘diplomacia tradicional’, va desde los gobiernos surgidos de la Revolución hasta el sexenio de López Mateos, durante el cual, junto con el de Díaz Ordaz, se da un proceso de transición al segundo período. Este se inicia con Echeverría y se caracteriza por una actividad constante y, en gran medida, independiente de la diplomacia de otros países y de los Estados Unidos en particular. Una cuarta etapa podría identificare cuando la política exterior comenzó a cambiar esta tendencia independentista. Desde el sexenio de Miguel de la Madrid y acentuadamente durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, se inició una postura conciliadora y de constante negociación con el gobierno estadounidense. Fenómeno manifestado en la renegociación de la de deuda externa mexicana y en la concreción del Tratado de Libre Comercio. Pese a todo, la doctrina mexicana tradicional de ‘respeto a la soberanía’ y la ‘autodeterminación de los pueblos’ se mantuvo cuando menos en el plano del discurso internacional. Con el arribo del Partido Acción Nacional al poder (cuyo fracaso inevitable advirtió Daniel Cosío Villegas desde 1947) y el posterior regreso del PRI, se puede distinguir una quinta etapa en la que la integración de México al interés norteamericano es total (y en simultáneo, se registra un distanciamiento de Latinoamérica y las causas históricas compartidas; es decir, una claudicación del pasado y del futuro), cuando se les ha concedido una por una sus exigencias, muy especialmente la reforma constitucional para permitir procesos de privatización de los energéticos, y al país se le ve ya no sólo como zona de seguridad estratégica, sino prácticamente como el ‘patio trasero’ de Norteamérica (el famoso e indispensable backyard de las casas gringas, o sea, el culo de los gringos), cual estableciera el brillante internacionalista Adolfo Aguilar Zínzer; lo que habría de costarle, exigida por Vicente Fox, la renuncia al cargo de embajador mexicano ante la ONU.”.
Lo que en México se ha visto como gran dispendio a cargo -de quién más- del erario, como lujo innecesario y humillante para un país en crisis (léase a los comentaristas sobre el vestuario de “la primera dama” y la prole conjunta con Peña así como la lista de invitados), para Barbosa se ha tratado de “días de intenso trabajo” en los que “se reafirmó el carácter estratégico de las relaciones de nuestro país con esa nación europea”. ¡Cómo si de veras! Y “También, la necesidad de que en las relaciones exteriores mexicanas participen de una manera más activa los tres poderes de la Unión”, ya le gustó que lo saquen a pasear;  “así como la pertinencia de desarrollar una estrategia conjunta para la promoción de nuestro país en Europa y otras regiones del mundo”, ¡pues no han venido haciendo eso por decenios! Y apuntala: “La diplomacia constituye un poderoso instrumento que el Estado mexicano debe utilizar en todas sus dimensiones para potenciar los intereses nacionales”, afirmación que no por perogrullada deja de ser pendejada. Sin embargo, Barbosa no pierde ocasión para el guiño a la reforma energética que atraviesa por la crisis de la sombra de los derechos humanos incumplidos; lo cual no obsta para que la izquierda reconozca y celebre: “El Presidente de la República es el jefe de Estado y, como tal, fijó nuestra posición en todas las reuniones oficiales.”.
En fin, Barbosa, de la izquierda del “Pacto por México” que participa de la debacle oficialista que se quiere eludir con la entrega apresurada del petróleo (a lo cual supuestamente se oponen Los Chuchos), se alarga en un triste y burocrático bla, bla, bla.
Siendo serios, la “reina” y la prole monárquica no iba a recibir a la prole de Atlacomulco nada más por que sí. Todo se reduce al interés por el petróleo y a la urgencia de rescatar a Peña de la crisis causada por Ayotzinapa y los blancos “conflictos de interés”.
Después de leer el regocijo de Barbosa, se entrevé una nueva era para la política exterior mexicana validada por la “izquierda”, en la cual, se trate de gringos o ingleses, México, como “patio trasero” que es, se convierte en el receptáculo y ducto de salida de los desperdicios y desechos del imperio amigo una vez que éste se encuentre satisfecho.

1. Mario Ojeda. México el surgimiento de una política exterior activa. SEP-Cultura-FORO 2000, México, 1986.

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