jueves, 19 de marzo de 2015

COLUMNAS

Vicente Fox Quesada, el "prietito en el arroz" que emblanqueció o se pudrió

@NietzscheAristomié 18 mar 2015 11:16
 
En un país gobernado durante noventa años por militares y dedeados, al fin llegaba el “prietito en el arroz” 

Yo no voté por Vicente Fox en 2000. Éste ganó la elección a un parsimonioso Cuauhtémoc Cárdenas con marrullerías y un estilo vaquero taimado, abusivo, dicharachero y populista: Auténtico populismo de derecha.
Sin embargo, ganó. Y muchos de los que votaron por él sinceramente o por la conveniencia y el convencimiento del “voto útil”, pensaron que al fin llegaba la acrisolada democracia al país, la cacaraqueada y falsa alternancia. Un presidente, desde Francisco I. Madero, ganaba la elección que siempre fue impuesta a plomazos o dedazos. El dedazo que le dieron a Fox, en todo caso, fue el del respaldo internacional y el del hartazgo nacional. La izquierda no pudo contra el aplastamiento que de ella había hecho Carlos Salinas ni contra la corriente derechista internacional.
Así, en un país gobernado durante noventa años por militares y dedeados, al fin llegaba el “prietito en el arroz” (un “asno con botas”, una “chachalaca dicharachera”, lector de los Borgia, se diría después; citas vernáculas que no tienen que ver sino con el estilo campirano de Fox y del país).
Y ese oscuro arroz mostró bien pronto que no se trataba de un prietito demócrata como excepción dentro del blanco mar de balas y de dedos. Sus credenciales: corrupción familiar, personal y de aliados, imprudencia e ignorancia… (ignorancia, no obstante, elogiada por intelectuales como Roger Bartra y Enrique Krauze, autor éste, entre otros textos, de El águila ensillada o La silla aguileña o Aguilera, el de la silla; no recuerdo bien). Y sobre todo, exhibición de su falta de talento o de su exceso de compromisos con el poder que le apoyó: complicidad con la corrupción, estilo priista de gobernar, furor de lanzarse contra López Obrador al querer desaforarlo y despojarlo de sus derechos políticos interviniendo nocivamente para materializar el fraude electoral de 2006 (y con él, volverse cómplice de la guerra de las decenas de miles de muertos de Calderón) y, por si faltara, su colaboración para el regreso del PRI al poder en 2012. Y así, la vuelta al arroz con el rostro de siempre.
La presidencia del 2000-2006, la única hasta ahora ganada democráticamente en más de un siglo (a pesar de las marrullerías del candidato derechoso), fue tirada a la basura en términos de la sociedad. Por eso estamos de vuelta al pasado, como si el tránsito de Fox por el poder hubiera sido un error, un fracaso; confirmando el pronóstico del médico Daniel Cosío Villegas en 1947: la mediocridad y el fracaso del PAN.
Y fue así como el orgulloso y ranchero prietito con botas, a pulso, se pudrió. O en otra versión: el prietito emblanqueció. En una más: en realidad, la marrullería le hizo pasar por prieto, cuando siempre fue blanco. El problema de Fox es que se ha tomado demasiado en serio. Pero parece que cambia a pocos. Hoy es académico de su centro de investigaciones, escritor, conferencista internacional y continúa el viaje a lomo de caballo hasta Venezuela para desfazer entuertos (tal vez en aquella ínsula prometida se reúna con los compañeros de causa, Calderón y Krauze); que por algo se llama Quijada, digo, Quezada. (Bueno, resulta que es QueSada, de queso y no QueZada, de quijada, como El Ingenioso). Tantán.
P.d. Sólo desde superbos niveles de estulticia se puede acusar a un periodista crítico de “buscar prietitos en el arroz” para ganar audiencia y pedir a los padres de la tragedia de Ayotzinapa que se resignen y olviden. Porque ambos casos y las “peleas entre perros y gatos” de la oposición son “piedritas en el camino” que estorban la marcha de la “alternancia” que él comenzó. Más hubiera valido…

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