Padrotea el New York Times a Carlos Slim (o "El baisano Jalil" reloaded)
Por Federico Arreola
18 de Enero, 2009 - 09:14
No conozco a la familia que controla el New York Times, la Sulzberger, pero sus integrantes, además de exitosos y poderosos, deben ser judíos gringos muy petulantes. Venidos a menos, desde luego, pero tan arrogantes como en los mejores tiempos de ese diario, sin duda el más importante del mundo. Así que, con toda probabilidad, a pesar de la crisis por la que pasa su legendario negocio y que los tiene en algún sentido empobrecidos, miran hacia abajo a un ricote del tercer mundo como nuestro querido Carlos Slim Helú.
Hace tiempo vi en la televisión una película de Joaquín Pardavé. En el filme, "El baisano Jalil", éste era un acaudalado libanés más bien naco cuyo dinero era muy apreciado por una encopetada familia del Distrito Federal en quiebra. Conste, en la cinta los aristócratas arruinados aceptaban el dinero del libanés, pero a él y a su familia los despreciaban por corrientes.
Creo que en el New York Times así deben estar viendo a Slim, por cierto de origen libanés como el baisano Jalil. Como ese rotativo ya no es negocio (y no lo será nunca más, desde luego), la familia que lo dirige pretende hacer un último esfuerzo para salvarlo, pero consciente de que eso es un sueño imposible no está dispuesta a invertir su propio dinero en el proyecto. Y dado que no hay en el primer mundo nadie capaz de arriesgar su patrimonio en una industria, la del papel impreso, condenada a desaparecer, pues entonces se buscaron, y tal vez se encontraron, a un multimillonario con liquidez excesiva absolutamente interesado en comprarse prestigio al precio que sea.
Aunque no me lo ha pedido, le voy a dar un consejo al señor Slim: que mande al carajo a los Sulzberger, no tanto porque lo vean como a un baisano Jalil cualquiera, sino porque está a punto de desaparecer no sólo la versión impresa del New York Times, sino toda la industria del papel impreso con noticias.
Resulta difícil creerlo, pero así es: los periódicos de papel que nos han informado durante tanto tiempo están dejando de existir. No sólo por la crisis financiera que agobia al capitalismo, sino también (y sobre todo) por la competencia de internet, donde la información es gratis y se accede a ella de manera instantánea.
La última vez que hablé con Carmen Aristegui, por teléfono, días antes de su regreso a la radio, le dijo eso y no me creyó. Hasta hicimos una apuesta.
Los diarios venden cada día menos ejemplares en los quioscos y tienen cada día menos suscripciones, lo que se traduce necesariamente en menores ventas de publicidad. Pero eso no reduce significativamente sus costos, sobre todo los de distribución, que son altísimos.
Cada día más gente se informa en internet. Me contaba López Obrador, a mediados del año pasado, que él se levanta muy temprano y que le desesperaba bajar de su departamento al puesto de periódicos que no abría antes de las siete de la mañana. Decidió, así, buscar los diarios en internet. Como, por sus ocupaciones, no se había metido antes a la red, pidió asesoría, se la dieron en cinco minutos, aprendió rápidamente a navegar en internet, buscó los periódicos, encontró sus páginas web y las lee ahora todos los días muy temprano, antes desde luego de que los impresos lleguen a los quioscos. Y además, ya no paga por ellos. Cuando quiere, lee diarios de otros lugares del planeta.
Como es posible que el negocio principal del señor Slim, la telefonía, esté también amenazado por el internet (ya mucha gente habla y ve a sus amigos y parientes en la web sin pagarle ni un solo centavo a Telmex o a Telcel), entonces lo más razonable que puede hacer es no gastar su dinero en una industria que, de plano, ya se murió.
Pero, aclaremos las cosas, lo que está muerto es el papel impreso con noticias, no el negocio de la información periodística que ya se está desarrollando en internet con una lógica distinta a la del pasado, tal vez con rentabilidades mucho menores, con mucha más competencia, más abierto y sobre todo más plural.
No hay comentarios:
Publicar un comentario