Petróleo: Las falacias del tornillo, la deidad, el riesgo y la reforma “a la L. Cárdenas”
En el camino hacia la privatización del petróleo mexicano, ha habido una serie de falacias, de embustes, disfraces o incluso aparentes verdades, utilizadas a conciencia con toda la intención de engañar a la sociedad.
1. Peña y su corte, priista o no, cuando comenzó a hablarse de los asomos de la privatización, se envalentonaron y, desde discursos ante sindicalistas petroleros hasta innumerables columnas a modo o “favorables”, aseguraron con firme certeza que Pemex no se privatizaría, que no se vendería ni un solo tornillo. Y por supuesto que hablaban con la verdad, pero como argucia. Pues pronto fueron desmentidos: No se vendería Pemex y ninguna de sus tuercas, no, y ni quien quiera comprarlo, lo que se pretende privatizar es el recurso natural, el petróleo, la industria petrolera (habría que revisar incluso este aserto del tornillo a la luz de lo que sucede en “Pajaritos”, Veracruz).
2. Simultáneamente, con otra acción falaz, se arreció el ataque contra el supuesto sentido dogmático, religioso, ideológico y nacionalista trasnochado de quienes defienden la propiedad de la nación sobre los recursos naturales. También fueron refutados: El asunto del petróleo no tiene radicalmente nada que ver con deidades ni posturas ideológicas, sino con estratosféricas cifras económicas; grandes negocios, ganancias e intereses. (Se aclaró, de paso, que Pemex no está quebrado, sino sobreexplotado).
3. Juan Pablo Castañón, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), encabezando otra línea de “ataque”, acude ahora a otra mentira, la del riesgo: “…esencial dotar de un vehículo contractual para privatizar el riesgo financiero y operativo, que implica la exploración de hidrocarburos y aclaró que ‘si hay algo que privatizar es el riesgo, no las reservas ni Pemex’.” (El Financiero, 07-08-13). Se sabe bien y se desmiente así por anticipado este argumento, que el único riesgo al cual irían las compañías trasnacionales es a no encontrar producto o muy poco (pozos secos) en una exploración (con la tecnología existente, difícilmente harían tontas exploraciones a ciegas); es decir, estarían en “riesgo” de “perder” el porcentaje de la renta petrolera que se hubiere acordado, porque de todas maneras, los servicios de tecnología y exploración, “la mano de obra”, les sería cubierto independientemente del asunto de la renta. Entonces, ¿cuál riesgo?
4. Ahora que se había amagado con presentar la reforma PRI-peñista para el 7 de agosto y que su posposición “de último minuto”, por al menos una semana, más que a una afinación de su contenido pareciera obedecer a la estrategia de ir sondeando la reacción pública, además de lo filtrado de que se buscará reformar la Constitución en sus artículos 25, 26 y 27 (lo cual negó muchas veces Peña, excepto en Londres), se publicitó también otro argumento que se exhibe como la nueva falacia del gobierno y sus asociados, el nuevo embuste del proceso: ¡que la reforma privatizadora será “a la Lázaro Cárdenas”! Carcajada nacional. (Que Cuauhtémoc Cárdenas diga a Federico Arreola que no recuerda a su padre decir algo en contra de las reformas en 30 años, se debe, como todo mediano lector de la política mexicana sabe, a la discreción que Lázaro siempre quiso guardar como característica post-presidencial fundamental, pero, como Lorenzo Meyer argumenta, siempre buscó mecanismos para hacer saber su posición; como lo muestra el caso citado pero rechazado por Arreola, el de Natalio Vázquez en el Congreso. Cárdenas sólo participó como moderadamente activo patrocinando públicamente al Movimiento de Liberación Nacional en 1961, que en principio se enfocó en mostrar solidaridad con la revolución cubana).
Como bien ha dicho el gringo Joseph M. Dukert, estratega y consultor del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), cómplice o aliado de Juan Pardinas, director del Instituto Mexicano para la Competitividad, en la promoción y consecución de la privatización, el gobierno mexicano ha tenido y deberá tener la astucia, la habilidad, para interpretar y cambiar palabras. Ofrece como ejemplo la ocasión en que ciertos productos estratégicos de Pemex fueron restringidos a la iniciativa privada, pero ante la “presión”, lo que hizo el gobierno fue redefinir el concepto “estratégico”. Y asunto arreglado.
Y esto es lo que están haciendo, entre otras cosas, con ese otro disfraz ya explicado por los expertos, el que trasviste la “privatización” como “modernización”.
Es clara, pues, en el proceso privatizador, la estrategia de manipulación y engaño contra la sociedad mexicana.
P.D. Aquí, un video revelador, “Reforma Energética Engaño y Manipulación”: http://www.youtube.com/watch?v=XIh1-r8ZZX0&feature=youtu.be

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