Cuando la ignorancia habla sobre los “genios”o Memito, chíflame otra por favor
Murió Ernesto de la Peña, hombre culto que algunos consideraron sabio. Otro hombre culto murió recientemente, Guillermo Tovar y de Teresa
1. Murió Ernesto de la Peña, hombre culto que algunos consideraron sabio, y se desataron los comentarios elogiosos y merecidos, pero también las leyendas y fantasías. Y todos los periódicos y analistas repitieron lo mismo. Que como parte de su sabiduría, el hombre “conocía”, “hablaba”, “dominaba” más de treinta idiomas; 33, 35.
Antes de morir, de la Peña aclaró en una entrevista que en realidad sólo dominaba 7 lenguas y de las 28 restantes sabía algo. Sin embargo todos, incluida la famosa Cristina Pacheco, repiten todavía la tontería con ignorancia o credulidad.
2. Otro hombre culto murió recientemente, Guillermo Tovar y de Teresa. Y de nuevo, la ignorancia y la credulidad empezaron a hablar del niño prodigio, de sus genialidades. Como prueba se ha aportado un dato interesante, que el personaje referido fue nombrado asesor de la presidencia de la república a los escasos 12 años. Que aconsejaba a Díaz Ordaz en asuntos sobre la Colonia. Esta precocidad es posible y seguramente hay indicios de su trabajo entonces.
Sin embargo, quien atrajo mi atención en la revista Proceso fue una ciudadana que desde Dinamarca aporta una prueba contundente sobre el prodigio de Guillermito. Aparte de que “fue un niño genio que a los 3 años ya leía y a los 5 se iba a comprar libros antiguos a La Lagunilla y librerías de viejo” (no aclara si iba solo o acompañado), “a los 7 años silbaba completa la obra de Mozart (junto con su hermano Rafael)” (Proceso, 10-11-13). Es el comentario con más “likes” y, bueno, francamente me pareció un exceso.
El mérito de silbar la obra completa del genio Mozart muerto a los 35 años con 10 meses; nada menos. No dice la ciudadana si se la echaba de corrido o en partes o si descansaba un poco en el maratón que significarían las 626 obras mozartianas del catálogo Köchel. Si por ejemplo, en una sinfonía Guillermo se alternaba los movimientos con Rafael. ¿Qué voz silbaba en una ópera, acaso todas? ¿Qué melodía en un coral? ¿Cómo le hacía para chiflar la amplísima tesitura utilizada por el compositor?
Lo bueno es que Rafael –repitiendo ahora como presidente de CONACULTA- aún está vivo y bien podría dar testimonio del aserto ciudadano. Y si como muestra acaso pudiera silbar un poco, se agradecería.
En todo caso, si el dato fuera asombrosamente correcto, aparte del debido reconocimiento a la memoria y al afanoso trabajo del aprendizaje, el silbido tendría prácticamente el mismo valor que los crótalos de Sonia Amelio (quien poniendo las grabaciones podría, ella sí, interpretar no sólo todo Mozart sino la obra universal existente de aquí hasta que muera), es decir, ninguno.
Más valor habría en quien, aventuremos, con refinadas y aun exquisitas flatulencias pudiera interpretarno ya la obra completa, tan sólo la última ópera del compositor, La flauta mágica. Aunque es probable que tal arrojo acabara por llevarle al hospital.
Afirmar que haya sido asesor presidencial a los doce años puede pasar, pero que se chiflara completo a Mozart parece un exceso. Sin negar el valor de cultos y aun eruditos como de la Peña y Tovar y de Teresa, este tipo de afirmaciones difunden ignorancia, son temerarias, basadas en bromas, leyendas, rumores. En otros términos, la ignorancia habla y la credulidad repite y reproduce.
¡Y qué buena broma se traía Memito desde los siete años como para que la gente la reiterara nada más porque tiene manera!

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